El devenir histórico

Imagen de Garcés Romeo, José

Que este territorio ya estaba habitado en tiempos prehistóricos lo demuestran los restos megalíticos conservados. Al sur de la comarca, en las sierras prepirenaicas exteriores, se conserva un dolmen en Ibirque, conocido por los de la zona como “caseta de las brujas”; otro dolmen, algo más pequeño y trastocado, puede contemplarse en Santa Elena, justo a la entrada del valle de Lasieso. Indicios de otros asentamientos dispersos parece que los hubo en Latas y Barbenuta, lugares en los que se adivinan algunos túmulos.

De la época prerromana se conoce muy poco sobre el poblamiento en esta comarca. No obstante, dos yacimientos situados en las proximidades de Latre y Lasieso evidencian la presencia de unos poblados ibero-romanos, entre el siglo II a. C. y comienzos del I a. C..

Los restos de la civilización romana que han perdurado tampoco es que sean abundantes. Los inicios de la romanización del territorio hay que situarlos en el siglo I a. C. Sabemos que por este territorio discurría una calzada secundaria que procedía de Osca, pasando por Monrepós, y continuaba hasta las aguas termales de Panticosa. Junto a esta calzada se situaría la villa o mansión de Sabiniacum (en un cerro amesetado conocido como la Corona de San Salvador, muy próximo a Sabiñánigo y junto a la carretera general). Para unos sería punto de etapa para las legiones romanas, que procedentes de las Galias venían por esta calzada hacia el valle del Ebro, atribuyendo su origen al general romano Calvisio Sabino, quien en la segunda mitad del siglo I a C. estaría pacificando estas tierras del Pirineo. Para otros esta fundación sería más tardía y tomaría el nombre de un terrateniente que estableció en el lugar una explotación agrícola, Sabinianus. La datación de esta villa en ningún caso sería anterior al siglo II después de C., como así lo atestigua la inscripción de una lápida aparecida en 1981. En el verano de 1989 se llevaron a cabo unas excavaciones, dirigidas por el arqueólogo Javier Rey, que dieron unos buenos resultados y es de esperar que en un futuro próximo pueda excavarse todo el yacimiento.
En la zona sur de la comarca hay localizados otros yacimientos de época similar en Latrás, Javierrelatre, Latre y en las proximidades del monasterio de San Úrbez de Nocito.


Del periodo de dominación visigoda sólo puede aventurarse que tal vez sean de esa época algunos sillares labrados en el exterior de la iglesia de Susín y parte de la iglesia del monasterio de San Pelay de Gavín.

Con la dominación musulmana, a partir de comienzos del siglo VIII, va a comenzar una época en la que se asientan las bases de un territorio que va a adquirir a partir de ahora una personalidad propia. Los ejércitos del Islam llegaron a someter las tierras que van desde Gavín a Nocito, aceptando su escasa población la dependencia del gobernador musulmán del waliato de Huesca; aquí se establecerá el distrito rural de “Yilliq” (Gállego). Durante el siglo IX existieron algunas torres musulmanas (en Senegüé y Castiello de Guarga), de planta circular y de reducidas dimensiones, que recordaban a la población indígena esa dependencia y la obligación de pagar impuestos.

Una primera fase de repoblación cristiana se realizará en los años 918-920, cuando el conde Galindo Aznarez II de Aragón conquistó el valle de Acumuer y llegó hasta la ribera del Gállego a la altura de Senegüé, fundando en ese momento el monasterio de San Martín de Cercito. Es también el momento del asentamiento en Lasieso de gentes navarras como lo demuestra la conservación de una interesante necrópolis de la época, excavada y estudiada en 1975 por Alberto del Castillo y Asunción Bielsa. En torno al año 950 se llevará a efecto una segunda repoblación, esta vez con mozárabes emigrados de la “cora” de Huesca que se establecerán en la ribera del Gállego y Sobrepuerto, fundando varios monasterios (San Pelay de Gavín, San Úrbez de Basarán, San Andrés de Fanlo, San Pedro de Rava, San Úrbez de Nocito,...) en los que se observará el rito mozárabe hasta 1071, en que el rey Sancho Ramírez impuso la liturgia romana. Estos monasterios serán los encargados de la cristianización de la zona.

Como se ha señalado anteriormente la primera mención documental del topónimo Serrablo se fecha en el año 1054. Pues bien, en el primer cuarto de ese siglo XI el rey navarro Sancho Garcés III, el Mayor, había incorporado este territorio al condado de Aragón. Tras la muerte de éste, en 1035, el condado se convierte en reino con su hijo Ramiro I, estableciéndose algunas “tenencias” en la zona: Senegüé, Larrés, Sabiñánigo, Secorún y Javierrelatre.

En la medida que avance el proceso reconquistador hacia el sur, se consolidan en la comarca algunas familias infanzonas que sobresalen algo sobre aquella sociedad de pastores y campesinos. En la baja edad media se levantarán los castillos de Escuer, la Torraza de Lárrede y el castillo de Larrés; el señorío de este último pasó, a comienzos del siglo XV, a manos de los Urriés.

En la segunda mitad del siglo XVI el bandolerismo provocará una gran inseguridad. En Sabiñánigo se establecerá un cuartel de la “Guarda del Reino”, pequeño destacamento que vigilaba los caminos de la zona. Eran los tiempos de las correrías del famoso bandolero Lupercio de Latrás. A la vez, el Pirineo estaba siendo objeto por parte de la monarquía de Felipe II de una política impermeabilizadora que impidiese la entrada en España del movimiento luterano. Fruto de esto fue la construcción del fuerte de Santa Elena, en la divisoria del valle de Tena y la Tierra de Biescas.

En efecto, el castillete de Santa Elena y Biescas serán el escenario de los acontecimientos acaecidos en febrero de 1592. El detonante había sido la huída de Antonio Pérez de Zaragoza y su posterior refugio en el sur de Francia, desde donde planeará invadir Aragón. Tras tomar la villa de Biescas don Martín de Lanuza, al frente de 1500 hombres, pretendía dirigirse hacia Jaca. Ello no fue posible porque las tropas de don Alonso de Vargas que estaban concentradas en Senegüé no se lo permitieron. Entre la gente de estas tierras que colaboraron con el ejército real estaban don Miguel de Baguer, señor de Senegüé, don Martín Iñíguez, señor de Fanlo y Espín, y don Juan Grasa al frente de los voluntarios del Serrablo. No obstante, en la retirada de las tropas invasoras el saqueo y el pillaje fue lo que dejaron tras de sí los bearneses calvinistas en Biescas y todo el valle de Tena.

En el siglo XVII, ni la expulsión de los moriscos ni la guerra con Cataluña afectaron a la comarca. Por el contrario, si tuvo incidencia la guerra con Francia al tener que soportar la presencia del ejército regular. Desórdenes, saqueos y bandolerismo hicieron que la vida por estas montañas resultara poco reconfortante. Por otra parte, los lugares de señorío sufrirán un gran recrudecimiento en sus condiciones de vida. Paralelamente aumentan las manifestaciones religiosas y destacan presbíteros de la talla de Orencio Bergua en Yebra de Basa o Domingo Samitier en Sabiñánigo. En la misma centuria, los infanzones mantienen su viejo estatus, e incluso lo elevan, como se demuestra en la ampliación de sus casas palaciegas (los Isábal de Lárrede o los Villacampa de Laguarta, por ejemplo).

Los conflictos bélicos que afectan a España en el inicio y final del siglo XVIII se dejaron notar también en estas tierras. Así, durante la Guerra de Sucesión cuadrillas armadas de salteadores atemorizaron a los lugareños, a la sombra de las tropas del archiduque. Biescas será una de las poblaciones más afectadas, debido precisamente a su situación estratégica. Si hacía doscientos años se sufrió por estas latitudes el “peligro hugonote”, ahora será el miedo a la revolución francesa lo que ocasionó la Guerra contra la Convención a finales de siglo; ello provocará efectos negativos para las gentes de la comarca que se verán obligadas a movilizarse y a sostener dicha guerra con continuos requerimientos de sus rentas.

Ya comenzado el siglo XIX es la Guerra de la Independencia la que dejó sentir sus efectos negativos. Y, como siempre, el pillaje y el saqueo son los tributos que tienen que soportar las pobres gentes de estas tierras, amén de los impuestos extraordinarios reclamados por la autoridad. Lugares como Javierrelatre, Sabiñánigo y El Puente son ejemplos de pueblos que fueron objeto del saqueo. Avanzada la centuria, desertores y huídos de las tropas carlistas formarán cuadrillas de salteadores que incordiarán sobre todo a los pueblos de la zona meridional de la comarca (un episodio ilustrativo es el asalto al cura de Ipiés).

Durante este siglo sobresalen personajes nacidos aquí y que desarrollan sus actividades en otros lugares. Así, merecen destacarse los casos de don Pedro Villacampa, capitán general del ejército, nacido en Laguarta; don Alejandro Oliván, que llegó a ser ministro de Marina, nacido en Aso de Sobremonte; y los Ramón y Cajal, médicos eminentes, originarios de Larrés.

Un hito de gran importancia fue la llegada del ferrocarril a Sabiñánigo en 1893. Esto supuso el arranque del nuevo núcleo de población de Sabiñánigo-estación, que en adelante actuará de receptor de gran parte de la población de su entorno. Los años 1918, 1924 y 1927 marcan también la historia del nuevo Sabiñánigo al instalarse las empresas Energía e Industrias Aragonesas, Explosivos y Aluminio Español, respectivamente.

Desde julio de 1936 a la primavera de 1938 la comarca se vio afectada por la Guerra Civil al establecerse la línea del frente de guerra en el río Gállego. Bombardeos sobre Sabiñánigo, encarnizados combates en la zona de Biescas y Gavín, en las proximidades de Güé, en la sierra de San Pedro y en Santa Orosia-Oturia,... son algunos de los episodios que se sucedieron por entonces.

En las décadas siguientes Sabiñánigo seguirá creciendo al amparo de su desarrollo industrial y un urbanismo algo anárquico, acelerándose paralelamente un proceso migratorio en su entorno dirigido en buena parte en su propio beneficio. La vieja sociedad tradicional comienza a tambalearse y a ceder ante los nuevos modos de vida. Este proceso se estabiliza a mediados de la década de los setenta cuando Sabiñánigo sufre una fuerte crisis industrial que provoca su estancamiento económico y demográfico.

En la actualidad, se ha recuperado la industria al reconvertirse las ya existentes e instalarse nuevas empresas, como Bieffe Medital. El sector servicios cada vez adquiere más protagonismo y especialmente el turismo debido a la creación del Parque temático “Pirenarium” y el complejo de golf de “Las Margas” en el municipio de Sabiñánigo, así como el empuje de Biescas, sin olvidar el propiamente cultural que bascula en torno a los museos y la ruta de Serrablo. La actividad agroganadera simplemente sobrevive en la comarca.