Las iglesias del sur de la comarca

Imagen de Garcés Romeo, José

Ligeramente apartadas del núcleo más representativo de todo el grupo del mozárbe serrablés existen tres ejemplares interesantes aguas abajo del Gállego y en su confluencia con el Guarga. Son las iglesias de Arto, Lasieso y Ordovés.

En lo más alto del pueblo de Arto, muy próximo al Hostal de Ipiés, se conserva una pequeña parte del templo original mozárbe : dos arcadas murales de su antiguo ábside. El resto es de época posterior. Esta iglesia fue restaurada por la Asociación en 1984-1985.

Siguiendo el curso del Gállego enseguida se llega a Lasieso. Aquí nos encontramos un templo compuesto por dos iglesias yuxtapuestas, una algo más grande que la otra, de una nave cada una y terminadas en ábside semicircular. Sobre la nave de la iglesia pequeña descansa una torre-campanario de gran belleza, cubierta con bóveda esquifada, que en la parte superior presenta un friso de baquetones y en los pisos ventanas de tres y dos arquitos semicirculares. En el exterior del ábside se repite el friso de baquetones, pero ya no aparecen las típicas arcuaciones murales ciegas. La iglesia más grande se construyó con motivo de la fundación allí del monasterio de San Pedro por parte del conde Sancho Ramírez, entre 1070 y 1080. Esta iglesia responde ya al estilo románico. Este templo fue restaurado por “Amigos de Serrablo” en los años 1972 y 1974, aunque varios años más tarde se completó esta restauración con la intervención directa del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (Dirección General de Arquitectura), adecentando también todo su entorno.

Por último, nos queda la pequeña y coqueta iglesia de San Martín de Ordovés, a la entrada del valle del Guarga. Última en este recorrido por las iglesias mozárabes serrablesas pero que tiene un gran simbolismo en la Asociación toda vez que fue la primera que se restauró de todo el conjunto en 1971, en unos comienzos muy ilusionantes pero en los que la carencia de medios era absoluta. Es un ejemplar extremadamente sobrio en el que se repite el consabido ábside semicircular pero sólo con el friso de baquetones, y con una factura algo tosca. La pequeña torre es un añadido posterior y como curiosidad cabe reseñar que la puerta de ingreso se halla en su cara norte, cosa lógica cuando observamos su emplazamiento. En su interior puede contemplarse una reproducción fotográfica de las pinturas góticas que se conservan en el Museo Diocesano de Jaca, gracias al patrocinio del Ayto. de Sabiñánigo e Ibercaja.