Otros estilos artísticos

Imagen de Garcés Romeo, José

Durante la baja edad media la construcción de iglesias y ermitas casi se paraliza; por el contrario se levantan algunos edificios de carácter civil.

Destaca el único castillo que se ha conservado en la comarca, el de Larrés, un castillo que perteneció a los Urriés hasta que fue comprado a finales del siglo XIX por el larresano Sixto Belío; los descendientes de éste, los hermanos Castejón Royo, lo donaron a “Amigos de Serrablo” en 1983. Este castillo se asentó jurídicamente en la tenencia del sigloXI, época en la que se debió construir un torreón defensivo; posteriormente, sobre ese primitivo torreón se construyó el castillo a finales del siglo XIV y comienzos del XV, siendo ampliado en la primera mitad del XVI. Sus dimensiones no son excesivas, presentando planta rectangular con dos torreones situados en ángulos opuestos; las estancias se distribuyen en torno a un patio central descubierto con airosas arcadas apuntadas propias del estilo gótico; la puerta de acceso es de medio punto, sobre la que se sitúa un escudo con las barras de Aragón; en sus salas son abundantes las ventanas-mirador. Por testimonios de los más ancianos del pueblo se sabe que en sus muros interiores había pinturas, probablemente de la época. Este castillo fue restaurado por “Amigos de Serrablo” entre 1983 y 1986 para convertirlo en Museo de Dibujo.

Torres con finalidad defensiva de cierta prestancia son las de Lárrede, conocida como la Torraza, y la de Escuer. La primera está enclavada sobre un promontorio sobre el Gállego en las cercanías de Lárrede, lugar desde el que se divisa una grandiosa y bella panorámica de la zona septentrional de la comarca; data de finales del siglo XV o comienzos del XVI (probablemente construida por los Abarca, señores de la baronía de Gavín que poseían Lárrede, entre otras poblaciones de la comarca), aunque en la parte baja de sus muros puede adivinarse que debió existir otra anteriormente a finales del XI o comienzos del XII; recientemente ha sido restauarada por la Asociación y puede accederse hasta el piso más alto que conserva sus almenas.

El torreón de Escuer, situado junto al viejo núcleo, es un edificio de gran solidez rodeado por un pequeño recinto amurallado. Presenta dos puertas de acceso, una apuntada y otra adintelada, y varias aspilleras (una de ellas cruciforme), además de una ventana geminada con arcos lobulados. Este torreón fue levantado por los Lanuza en el siglo XIV.

Aparte de las magníficas tablas góticas de Sorripas y Otal que se conservan en el Museo Diocesano de Jaca, cabe destacar el retablo de Osán, del siglo XV. Responde al modelo clásico con su banco y tres calles, la central más ancha y alta rematada con su ático, y con el consabido guardapolvo. De la centuria anterior puede mencionarse una notable talla de Santa Elena.

Entrando ya en el renacimiento, durante el siglo XVI fueron numerosas las ampliaciones de iglesias o la construcción de capillas (en San Salvador de Biescas con bóveda estrellada) así como algunas ermitas (caso de la Virgen de los Canales de Oliván) pero, sin duda, es la iglesia de San Lorenzo de Yebra la construcción religiosa más sobresaliente de la comarca. Presenta la típica planta de salón con tres naves cubiertas con bóvedas estrelladas y destaca en ella su retablo mayor dedicado a San Martín y San Lorenzo, compuesto por dos cuerpos superpuestos y de época diferente. El de San Martín, de la primera mitad del XVI, está compuesto por ocho escenas centrales obra del pintor Esteban Solórzano, discípulo de Damian Forment; son bellísimas las escenas de San Martín, la Anunciación y la Presentación en el Templo. De época posterior, tal vez de comienzos del XVII, es el otro cuerpo superpuesto dedicado a San Lorenzo, menos meritorio y ya de un estilo manierista pero con un colorido finísimo. Sin duda, es un retablo de gran interés y que merece ser visitado.

Del mismo siglo XVI data el retablo mayor de Larrés, en estilo plateresco, dedicado a Santa María y en el que se representan a los doce apóstoles. Cabe señalar también el retablo de la ermita de la Virgen del Collado de Senegüé y sendas tallas de la Virgen con Niño conservadas en las parroquiales de Sardas y Aquilué (ésta, recuperada al redactar estas líneas tras su robo en 1993).

Durante el barroco, siglos XVII y XVIII, se levantan en la comarca muchas iglesias. Después de la época del mozárabe y románico (siglos X, XI y XII) es este el segundo periodo de mayor actividad constructora de edificios religiosos. O bien se levantan de nueva planta, o se derriban los antiguos templos medievales para hacerlos nuevos. En esta época las iglesias presentan una tipología que se repite constantemente: una nave cubierta con bóveda de cañón reforzada por arcos fajones y en la que se intercalan los clásicos lunetos; es habitual la presencia de capillas laterales no demasiado profundas y un coro a sus pies. Asimismo, casi todas tienen una pequeña lonja o porche en su entrada que puede coincidir con la planta baja de la torre o simplemente está adosada a la fachada meridional del edificio.

El listado de iglesias barrocas en la comarca es amplio. Destacamos solamente las más significativas: San Salvador de Biescas, Nª Srª de la Asunción de Senegüé, San Hipólito de Sabiñánigo y la Adoración de los Santos Reyes de Javierrelatre (las dos últimas con cúpula sobre cimborrio y la última además con planta de cruz latina).

En cuanto a las obras de arte que albergan estas iglesias barrocas hay ejemplares a destacar. Así, merecen mención especial las cruces procesionales de Senegüé y Osan y la corona de la testa de Santa Orosia de Yebra, obras de mediados del XVII realizadas por el orfebre jacetano Lorenzo Panzano. Dos pasos procesionales de la misma época y de bella factura son el de San Miguel de Senegüé y el de la Virgen de Sabiñánigo. Los retablos barrocos que se conservan son numerosos, destacando los retablos mayores de las iglesias de Senegüé, Sabiñánigo (además de un precioso lienzo de San Juan Bautista), Sardas y Javierrelatre.

Especial mención debe hacerse precisamente de la iglesia de Javierrelatre que fue ampliada en la primera mitad del siglo XVIII.Tras
una lonja adosada al muro meridional se ingresa en la iglesia a través de una bellísima puerta de similar factura a la de la catedral de Jaca. La planta es de cruz latina con una cúpula sobre cimborrio, situándose el ábside románico a los pies al trasladarse la cabecera al hastial oeste en esta época. Todo su interior conserva varios retablos barrocos, sobresaliendo el retablo mayor dedicado a la Adoración de los Reyes obra de comienzos del siglo XVIII y cuyo lienzo central es obra de las hermanas Quintana de Zaragoza. La gran riqueza de esta parroquia permitió acumular gran cantidad de piezas de orfebrería, algunas de singular belleza, que se custodian muy dignamente en un pequeño Museo de Arte Sacro ubicado en la antigua sacristía, gracias a los desvelos del Ayto. de Caldearenas con el visto bueno del Obispado.

Pero en estos tiempos también se levantarán edificios de carácter civil que merecen ser tenidos en cuenta. Así, durante los siglos XVI-XVII se construyen abundantes casas fuertes a modo de torres defensivas.

En Biescas sobresale La Torraza, mandada construir por Juan de Acín en 1580, situada en pleno casco urbano. De cuatro plantas, su fachada principal presenta una portada adovelada de medio punto y en los pisos superiores ventanas rectangulares con parteluz, varias aspilleras, así como un escudo con las barras de Aragón y la fecha de construcción con su dueño. Todos los pisos están cubiertos con bóveda de cañón y sus suelos son de canto rodado con dibujos de gran belleza. Sin duda, un edificio de gran interés y que últimamente ha sido restaurado por el Ayto. de Biescas, siendo inaugurado en octubre de 2002 como un centro de interpretación sobre el siglo XVI en la zona.

Todos estos torreones responden a un esquema muy similar: tres o cuatro plantas con abundantes aspilleras, ventanas con asientos laterales y planta baja con bóveda de cañón. El nombre de algunas de ellas (Casa Torre o Casa el Señor) ya nos pone en situación sobre su origen y funcionalidad.

En Senegüé, rodeada por edificios anteriores, se mantiene en pie la torre de los Baguer, recientemente restaurada en parte por la Asociación de Vecinos. En Latas existe otra construida por los Lanuza-Oliván y en Javierre del Obispo la de los Oliván.

En el valle de Basa es notoria Casa Torre de Sobás, Casa Torre de San Julián y Casa Villacampa de Osán, aunque esta última fue desfigurada en su parte superior con una reforma.

En la zona meridional de Serrablo se conservan varias. En el Castillo de Lerés la de los Garasa y ya en plena Guarguera tenemos en Ordovés (Casa El Señor), Castiello de Guarga (Casa el Señor, de los López), y en Yéspola, Gillué y Laguarta. Estas tres últimas pertenecen a la misma familia, los Villacampa. Sin duda, destaca la casa-palacio de esta familia en Laguarta construida en tres escalones y con abundantes aspilleras, amén de numerosas inscripciones en puertas y ventanas y escudos heráldicos. Esta casa pasó a propiedad del Ayuntamiento de Sabiñánigo a comienzos de los noventa y la ha restaurado en parte.

La función defensiva en algunas poblaciones la cumplían las torres de iglesias, como ocurre con las de Sabiñánigo, Yebra de Basa, Orna de Gállego y Abenilla.

En las primeras décadas del siglo XX se construyen en Sabiñánigo algunos edificios de interés que, por desgracia, no se han conservado. Serían hoy claro testimonio de una época en la que este núcleo industrial comenzaba su despegue. Fue importante el trabajo desarrollado, en la década de los veinte, por el arquitecto catalán Rafael Jutglar que dejó su impronta en la construcción de la iglesia de Cristo Rey, en estilo neogótico, y en casas como las de Arrudi y Laguarta de estilo modernista.