Por qué nace "Amigos de Serrablo"

Imagen de Garcés Romeo, José

La década de los sesenta, en el pasado siglo, es un tiempo en el que suceden muchas cosas a todos los niveles en el territorio español. Aquí, en estas tierras, también. Sabiñánigo está creciendo demográfica y económicamente y, por el contrario, en su entorno se produce un éxodo rural imparable. De esa dualidad va a surgir un sentimiento de búsqueda de una identidad, una búsqueda que va a cristalizar en la valoración que se le va a dar a un conjunto arquitectónico prácticamente inédito hasta entonces. En efecto, este es un territorio que escondía una riqueza casi desconocida: un grupo de iglesias medievales que no había sido objeto de gran atención y que, por supuesto, no se incluían en las rutas turísticas al uso.

Esas iglesias habían sido descubiertas en los años veinte y se había actuado en la de Lárrede en la década siguiente, pero a partir de entonces son ignoradas por un tiempo. Desde 1952 a 1958 estuvo destinado en este pueblo un cura joven y emprendedor, originario del País Vasco, don Jesús Auricenea. Este sacerdote, consciente de la importancia artística de estos templos, realiza algunas mejoras en Lárrede, Isún, Satué,... Mosén Jesús viene a ser como un precursor de nuestra Asociación. No obstante, la coyuntura no era todavía favorable para que naciera una asociación cultural que velara por la conservación y divulgación de estas joyas arquitectónicas. No corrían buenos tiempos para el arte y habría que esperar unos años más.

A finales de los sesenta y comienzos de los setenta se aglutina en Sabiñánigo, ciudad rodeada de un territorio arrasado demográficamente, un grupo de gente que adquiere conciencia de que debe recuperarse una tradición cultural que se perdía con ese éxodo rural tan acusado en la comarca. A esas gentes les preocupaba, sobre todo, el estado ruinoso de varias iglesias del entorno. La ermita de San Juan de Busa, con su techumbre caída y la maleza rodeándola, hizo de revulsivo para crear una asociación cultural. Eran tiempos de los movimientos de “misión rescate” en toda España, un país en el que las inquietudes culturales, afortunadamente, emergían en el tardofranquismo, eso sí, con más ilusión que posibilidades reales de salir hacia adelante. En este contexto nació “Amigos de Serrablo”.

Y su nacimiento viene amparado moral e intelectualmente por el canónigo archivero de la catedral de Huesca don Antonio Durán Gudiol, que por aquellos años estaba estudiando esas iglesias de la zona y que él calificó como mozárabes. En esto tuvo mucho que ver la primera entrevista que mantuvieron en Huesca, en el verano de 1969, don Antonio y el vicepresidente de la Comisión de Fiestas del Ayto. de Sabiñánigo, Julio Gavín, quien había ido a solicitarle un artículo sobre dichas iglesias para el programa de fiestas. Allí está el germen del nacimiento de nuestra Asociación, debido a la idea que plantea don Antonio sobre la necesidad de crear una asociación cultural que salvase de la ruina a ese conjunto. Tres años después, en mayo de 1971, se crea formalmente “Amigos de Serrablo” formando parte de una sección más del Centro Instructivo de Sabiñánigo. El logotipo no podía ser otro que una ventana de la ermita de San Juan de Busa.

Los comienzos no fueron fáciles. Había mucha ilusión y voluntarismo pero muy poco dinero. Y lo que es peor, la incomprensión e indiferencia de instituciones y personas que, o bien deberían haber prestado su apoyo siquiera moral, o bien haber guardado un prudente silencio. En fin, el tiempo ha demostrado que la Asociación no nació por casualidad.

“Amigos de Serrablo” se rige por sus Estatutos y se gobierna a través de una Junta Directiva encabezada por su Presidente (los cinco primeros años estuvo presidida por Carlos Laguarta, desde marzo de 1976 a 2006 por Julio Gavín, duante el siguiente año el vicepresidente jose Garces romeo hizo las veces de presidente y desde 2007 a 2015 ha estado Jesus Montuenga. en la actualidad la preside Pilara Piedrafita ). El número de asociados está en torno a los ochocientos, siendo un pequeño grupo el que mantienen el pulso de la Asociación colaborando en las múltiples tareas que se ocasionan. Y lo hacen en sus ratos libres, después de su jornada laboral, durante los fines de semana o en periodos vacacionales, en un trabajo totalmente desinteresado en el que se vuelcan por entero. Y así es y ha sido desde hace treinta y nueve años. En todo este tiempo han colaborado muchos asociados, unos siguen y otros, por diversas circunstancias, han dejado de hacerlo. Pero siempre con la misma filosofía.