Las obras de restauración y montaje de piezas museísticas

Imagen de Garcés Romeo, José

La casa la había comprado Ángel Orensanz pero su restauración, que supuso muchísimo más dinero que la compra, y adecuación para museo corrió a cargo de “Amigos de Serrablo”. Hubo que solicitar ayudas a entidades públicas y privadas, ayudas que en algunos momentos resultaron insuficientes; en esas circunstancias tuvo que salir al paso de las dificultades el mismo Julio Gavín poniendo como aval sus propios bienes (en ese momento crucial debe resaltarse, como en San Juan de Busa, el buen hacer de Sebastián Martín-Retortillo que echó una mano desde sus puestos en la administración).

Las obras de restauración se llevaron a cabo entre el otoño de 1977 y el de 1978. Fue una restauración respetuosa con la arquitectura tradicional, rehaciéndose todas las cubiertas con la típica losa y manteniendo todos los elementos propios de la casa: chimenea, balconadas, ventanas, cocina-hogar, horno de pan, bodega,... Sólo se suprimieron algunos tabiques en el interior para adecuar el espacio a las necesidades museísticas.

Paralelamente se estaba produciendo la recogida del material que iba a estar en el futuro museo y se comenzaban a realizar unas encuestas antropológicas exhaustivas, tarea esta última en la que puso muchísimo tesón Javier Arnal. Todo este trabajo, dirigido y alentado por Julio Gavín, se había iniciado ya en el verano de 1975. Como hecho simbólico puede señalarse que la primera pieza, un demoré, fue recogida en el pueblo de Azpe, en una expedición compuesta por varios miembros de la Junta Directiva de “Amigos de Serrablo” acompañados por un antiguo habitante de la zona. La recogida de material fue sistemática, se pretendía salvar todo lo que se pudiese de entre las ruinas con la dificultad añadida de tener que recorrer caminos y senderos en malas condiciones. Eso sí, siempre con el máximo respeto hacia la propiedad privada pues jamás se violentó una puerta cerrada; más bien, al contrario, se corrieron serios peligros de accidente al acceder a casas en estado ruinoso (ejemplos no faltan: rescatar un espantabrujas en lo alto de la chimenea de Casa Ferrer de Escartín, sacar un arcón en Used apuntalando parte del tejado que se estaba hundiendo, hacer equilibrio en el alerao de una borda en Abenilla para salvar un bonito ventanal de madera o rescatar un calderizo en un hogar de Fablo). A la vez que se recogían estos materiales, no fueron pocas las personas que se animaron a donar piezas que ellos conservaban (Casa Inazio de Sabiñánigo, Casa Lasaosa de El Puente, Mariano Lacasta de Larrés, Eleuterio Pardo de Escuer, Casa Juan Domingo de Cerésola, Casa Castro de Cartirana, etc, etc.). En algunos momentos hubo que recurrir a la compra de alguna pieza concreta a los anticuarios o se tuvo la suerte de contar con la colaboración de viejos artesanos.

Si nos atenemos a los lugares de procedencia de las piezas, debe resaltarse que la mayor parte son de la Guarguera y después del valle del Gállego y Sobrepuerto, siendo los años 1977 y 1978 en los que la recogida fue más intensa.

Durante año y medio hubo que proceder a la limpieza, clasificación y montaje del material a exponer. Este trabajo fue llevado a cabo en sus ratos libres por un grupo de asociados con total entrega. Por otra parte, no sería justo silenciar la ayuda prestada en varias ocasiones por el propio Ayuntamiento de Sabiñánigo y en especial por sus jardineros, Nazario y Luciano, que llevaron a cabo las tareas más “gruesas”.

Mediada la década de los noventa se produjo otro momento de recogida de materiales, y adecuación de otros ya almacenados en su tiempo, con motivo de la ampliación del museo; esta labor se llevó a efecto por algunos de los colaboradores “de siempre” y por un grupo de jóvenes entusiastas incorporados años atrás al Museo.