Recuperación de dos Ermitas: Ntra. Sra. de Palarriecho en Espierre y San Ramón de Belarra

Imagen de Garcés Romeo, José

Tras la restauración de la Torraza de Lárrede y los trabajos en las cubiertas del castillo de Larrés, ha llegado el turno recientemente a dos pequeñas ermitas situadas en las proximidades de Espierre y Belarra. La primera tiene gran interés por ser una pieza del primer mozárabe serrablés y la segunda, de un románico tardío y a pesar de su sencillez, merecía la pena ser restaurada.

ESPIERRE

A una altitud de 1242 m. y en las faldas del monte Erata (2009 m.) se sitúa este pueblo, junto con Barbenuta, en un enclave paisajístico precioso. Como en muchos lugares de la comarca aquí tampoco se libraron de la despoblación, aguantando hasta el final de sus días dos personas solteras y mayores, Elena y Andrés. No obstante, el pueblo no ha quedado abandonado, ni mucho menos. Desde hace unos pocos años se ha emprendido un proceso de rehabilitación de varias casas y bordas para su utilización como segunda residencia. De tal suerte, la estampa actual de Espierre desborda vida. La mejora de su acceso, al haber sido asfaltado el camino hasta Barbenuta, constituye una mejora de primer orden.

El pueblo se configura longitudinalmente en tomo al camino que asciende al puerto de Erata. En primer lugar se halla su iglesia parroquial de estilo románico y restaurada también por nuestra asociación en los años 1986 y 1992. En las casas son frecuentes las puertas decoradas en sus dinteles o claves, no faltando la indicación de su fecha (la más antigua señala 1578); entre todas ellas destaca casa Lacasa, una casa-patio con edificios anexos, muy propia de las casas más pudientes de los pueblos. En los tejados de algunas viviendas todavía sobrevive alguna chimenea tradicional.

La ermita de Santa María.
Esta ermita responde al mismo esquema y estilo de la de San Juan, muy próxima. Su estado era de ruina total, habiéndose apoderado la maleza de los restos mantenidos en pie, circunstancia que la hacían pasar desapercibida a cualquier viandante. Debe ser inc1uída dentro del modelo más primitivo del mozárabe serrablés del siglo X. Presenta pequeñas dimensiones con una nave rectangular, con testero recto y puerta de ingreso con arco de herradura. La festividad' de la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto, acudían a esta ermita los de Espierre y Barbenuta.

Los restos que se mantenían en pie eran parte de sus muros con la puerta de herradura. Ante tales circunstancias se resolvió que lo más prudente era consolidar esos restos y dejados como testimonio de lo que fue esta ermita. Rehacerla totalmente con su techumbre, además de ser muy costoso, no parecía aconsejable. Una vez concluidos los trabajos de limpieza de la maleza en el interior y exterior y consolidados convenientemente sus muros y portada, hemos de reconocer que visitar hoy estos restos tiene su interés. Además, nos encontramos con una agradable sorpresa: al sacar los escombros apareció en su interior un precioso suelo de canto rodado.

Detalle de los trabajos realizados.
Limpieza total de plantas y árboles en el interior de la Ermita y también los árboles del exterior, cuyas raíces perjudicaban el mantenimiento de los muros.
Consolidación de la parte superior de los muros y reconstrucción de parte de los mismos para una mejor conservación del conjunto.
Limpieza del interior de la Ermita donde se almacenaban todos los escombros de la cubierta derrumbada, junto a parte de los muros, ocurrido a lo largo de muchos años de abandono. Al realizar estos trabajos nos encontramos con un interesante suelo de canto rodado, corno todo el conjunto en mal estado de conservación, que se restauró seguidamente. Colocación de la puerta de la Ermita, etc.

BELARRA

En la margen izquierda del Guarga, a 840 m. de altitud, se sitúa este pueblo que, al igual que Espierre, sufrió los embates de la des población hasta dejarlo totalmente deshabitado. Eso sí, no abandonado, pues sus antiguos moradores mantuvieron un contacto que ha permitido que el caserío se haya mantenido en pie y, en muchos casos, gratamente rehabilitado. Tanto es así que ahora dispone de luz eléctrica y de agua corriente y es un placer pasear por sus calles bien cuidadas. En suma, un pueblo recuperado por el empeño e ilusión de sus vecinos.

Sus casas presentan en las portadas, adinteladas o de medio punto, fechas del siglo XIX, aunque en algunas ventanas se observan fechas del XVIII. Se mantienen en pie algunas bordas y son abundantes en su término las casetas de campo y los arnales.

La ermita de San Ramón Nonato.
Junto al cementerio del pueblo se halla esta ermita del románico tardío. De gran sencillez, su cabecera semicircular se cubre con bóveda de horno cubierta por pinturas populares de no mala traza. Su puerta de acceso presenta arco de medio punto dovelado con un medallón grabado a su izquierda y la fecha de 1635, tal vez correspondiente a la última remodelación de la ermita y casi con toda seguridad el momento en el que se hizo el precioso suelo de canto rodado del interior.
Entre otras fechas, se acudía a esta ermita el día de san Ramón, 31 de agosto, fiesta del pueblo. A partir de ahora, se recuperará esa cita.

Detalle de los trabajos realizados.
Limpieza completa del interior y exterior de la Ermita realizada por los vecinos de Belarra.
Nivelar la coronación de los muros y construcción de un zuncho de hormigón en todo su perímetro, que permite una perfecta consolidación de los mismos y el asentamiento de la cubierta de madera.
Construcción de la cubierta, impermeabilizándola con el material correspondiente y con el acabado de losa asentada sobre barro.
Limpieza interior de los muros y posterior revocado, conservando los restos de pintura que habían resistido a las inclemencias del tiempo a lo largo de muchos años.
Recuperación del suelo de canto rodado y de la cubierta del ábside.
Rejuntado parcial del exterior de los muros y ábside.
Reconstrucción de parte de los muros que rodean la Ermita y colocación de las puertas en la portalada y Ermita.