Leyendas sobre santuarios y sus titulares.

Cuando se estudian las leyendas que conciernen a los santuarios y a sus titulares en la zona, y se comparan con otras que se producen fuera del ámbito geográfico de Serrablo, lo primero que salta a la vista es la repetición de modelos, algunos de ellos auténticas copias. La explicación de este proceso, repetitivo que los escritores eclesiásticos y la tradición popular han conservado se basa en la gran influencia que para todo el Occidente europeo tuvo a partir de finales del siglo XIII la Leyenda Aurea de Vorágine. En ocasiones, a esta influencia universal se le añade la tendencia popular a transferir modelos de un santo a otro; de la Virgen a un santo o al revés, etc. En Serrablo -por citar un ejemplo- este proceso se evidencia clarísimamente entre Santa Elena y Santa Orosia, siendo la tradición de la primera -de implantación muy artificial- quien absorbe de la segunda -de bases históricas- la vinculación con los moros y la peripecias del martirio a manos de estos; fenómeno que también queda muy patente en el cambio de ubicación de imágenes de la Virgen, que así muestra su voluntad; o con el «baile de reliquias» en los templos, que de esa forma quieren mostrar su deseo de recibir un culto preferente -Santa Orosia-.

Por otra parte, si se aceptan las teorías de Van Gennep sobre la formación de leyendas y la importancia que en ésta tuvo el subconsciente popular Van GENNEP, Arnold La formación de las leyendas. Facsímil de la edición de 1914 Barcelona 1982
, a muchas leyendas se les podrá encontrar una lectura sociológica perfectamente encajable en la sociedad que las generó. A grandes rasgos, los móviles que en la zona se ve que han incidido en su génesis son: los problemas de vecindad entre pueblos, con la afirmación del sentimiento posesivo En este apartado entrarían a formar parte leyendas de como un cura juró que la ermita de Santa Elena pertenecía al territorio de Biescas. El que en tiempos de Carlos IV parte de los vecinos de esta localidad decidieron consolidar la casa de romeros anexa al santuario de Santa Elena, oponiéndose la parroquia de San Pedro, por lo que a raíz de esa negativa el mismo rey dice la tradición que decidió que en adelante los vecinos de dicha parroquia no hiciesen uso de la casa de romeros y que fuesen apodados -argelinos- pues no merecían la categoría de españoles. Otra leyenda de trasfondo similar a la anterior sería la de que al arzobispo de Zaragoza, a instancias del cardenal Cisneros, encargo a siete hermanos bandoleros vecinos de Used -aldea vecina al santuario de San Urbez de Nocito- el que profanasen las reliquias de los santos Justo y Pastor, sacándolas de dicho santuario para llevarlas a la iglesia magistral de Alcalá de Henares; sin embargo, un vendaval y el toque de campanas que tañían por sí solas hicieron que las reliquias no pudiesen ser llevadas más allá de Huesca, donde fueron depositadas en la iglesia de San Pedro el Viejo (J.A. CARRERA RAMÍREZ Y ORTA, Vida del Sol de la montaña San Urbicio , Zaragoza, 1701, p. 112); probablemente, el asignar un papel tan nefasto a la aldea de Used, tan vinculada por su proximidad al culto a San Úrbez partiría como en el caso de la parroquia de San Pedro de Biescas del incumplimiento en algún momento histórico de obligaciones en el culto y romerías al santuario. Como se ve, las leyendas han sido utilizadas como mecanismo punitivo en las relaciones de la vecindad concernientes a santuarios. , así como el que se constituyeran como mecanismos sancionadores del orden establecido -de allí el papel relevante que ocupa el pastor en ellas como símbolo de los valores medulares de la sociedad montañesa-.

Este mecanismo de proyección del subconsciente colectivo sobre un personaje divino se producirá más que con la Virgen con los santos -más accesibles e históricamente de culto más arcaico-.

La transmisión de estas leyendas, que progresivamente se van deformando, tuvieron en los gozos, himnos y dichos de los dances, un vehículo perfecto dentro de la sociedad montañesa tradicional.

Referentes a la Virgen.

En general, las leyendas que circulan en torno a la Virgen se ciñen a los momentos de la implantación de su culto, es decir: a su aparición o hallazgo y traslado.

Respecto a la aparición, sólo se puede hablar de la Virgen de las Nieves de Yésero, donde se registra una leyenda copia de la aparición de la Virgen en Roma en medio de una nevada especial.

El tema de los hallazgos, que en general los autores tienden a vincular con la ocultación de imágenes ante la invasión musulmana BELTRAN MARTÍNEZ, Antonio Enciclopedia temática de Aragón. Zaragoza 1986 Tomo I p. 144.
. En Serrablo se acomodo al patrón general que se observa en Occidente y del que Rafael Leante recoge en el siglo XIX abundantes ejemplos a lo largo de la diócesis de Jaca LEANTE, Rafael Culto de María en la diócesis de Jaca. Imprenta Mariana Lérida 1889 Virgen de la Cueva, en Jaca (una cabra muestra el hallazgo al pastor). Virgen de Valentuñana, en Sos (aparece sobre un roble). Virgen de Miramonte, en Ardisa (igual que en la Virgen de la Cueva).
, es decir: el pastor que gracias a un animal al que cuida -toro, cabra- descubre la imagen y corre a comunicarlo al vecindario; este modelo aparece en la Virgen de los Ríos y en la de los Palacios -Serrablo meridional-. La figura pastoril descubridora se ve utilizada para perpetuar el estatus de una casa pudiente, y, al igual que indica el citado autor en la Virgen de Iguácel, el apellidos del pastor se perpetúa en el nombre del santuario; así sería un pastor de casa Palacios de Matidero quién hallaría a la Virgen de este nombre.

El siguiente eslabón de estas leyendas es el que se ciñe al problema de encontrar un lugar adecuado al que trasladar la imagen hallada, generalmente imbricado en problemas de relaciones de vecindad entre pueblos limítrofes, para que finalmente, ante la falta de acuerdo humano, sea la divinidad -Iglesia o cuerpo social dominante- quien sacrilice y sancione una ubicación que evidentemente favorece más a un grupo humano que a otro. En líneas generales la imagen «utiliza» dos métodos para señalar el emplazamiento del deseado: el jugar con su peso y con la fuerza del grupo humano que la traslada Un ejemplo atípico de mostrar su voluntad la imagen lo recoge R. LEANTE, op. cit., p. 386, en Murillo (Nuestra Señora de Concilio), imagen que a través de una nube de moscas buscó la ubicación deseada. ,y el trasladarse por sí sola desde el lugar en que ha sido colocada hacia el que ella -grupo dominante- desea.

Entre la casuística localizada en Serrablo, la imagen hallada sanciona con su decisión: un conflicto de vecindad, como en la Virgen de los Ríos, entre Aquilué y Javierrelatre, que perdurará hasta este siglo en las distintas manifestaciones de la romería y que otorgará a los segundos el apodo de furtasantos; una cuestión de relaciones de clase, que siempre favorece a los grupos dominantes -casa de infanzones-, aunque curiosamente en la virgen del Solano no es así, pues decidió «favorecer» a los vecinos de Layés ante las apetencias del Señor del Castillo de Lerés; finalmente, en Serrablo, la imagen sanciona con su decisión reiterativa de cambio de ubicación el consolidar un traslado que muchas veces -como en Layés, con la Virgen del Solano; o en Larrés, con la de Senés- supone la rúbrica a absorciones territoriales del núcleo acogedor Entre los antiguos vecinos de Layés, existe la tradición de que antaño la imagen de la Virgen del Solano estaba en una ermita camino de San Vicente, pero que ella sola bajaba al pueblo apareciéndose en la pared del cementerio a una mujer de casa Lloro casa predilecta . Tras este fenómeno el pueblo la volvía a subir, aunque de nuevo ella iniciaba el retorno. Por fin probablemente a partir de la plaga de la langosta que en el siglo XVII originó el llamado Voto de Layés a la Virgen de Solano la imagen pasó a la parroquial del pueblo. .

Respecto a Santa Elena, Santa Orosia y San Urbez.

Las leyendas generadas en torno a los titulares de los tres macrosantuarios de Serrablo tienen en común el adaptarse didácticamente a la esencia montañesa: el mítico mundo del moro o el gentil une a Santa Elena y a Santa Orosia, y el protagonismo pastoril asocia a esta última con San Urbez -en un caso el pastor traslada y reparte las reliquias de la santa y en otro funde un rol con el mismo santo-.

En el caso de Santa Elena -advocación impuesta para cubrir un culto pagano clarísimo- las leyendas se tienen que apropiar de los modelos que proporciona la cercana Santa Orosia -de tradición histórica-: ambas son perseguidas por el caudillo moro y son ocultadas por una tela de araña en una cueva, e incluso en época contemporánea la primera copia el himno de la segunda. El método didáctico de dicha apropiación alcanza dos niveles: el elaborado por los clérigos cultos entre los siglos XVII y XVIII MARTÓN, L.B. Sumaria investigación de las plausibles antigüedades del célebre santuario de Santa Elena (...) Facsímil: Ateneo de Zaragoza 1983. Zaragoza 1749
, que indica que la santa vino de Oriente para construir el castillo del congosto -construido ante el peligro luterano en el siglo XVI por Felipe II-, y que más tarde su nieto vendría a morir a dicha fortaleza desde Oriente; y el nivel tejido en el ámbito popular, más difícil de precisar temporalmente, pero, en todo caso, posterior a la desaparición tras las pestes medievales de los núcleos que rodeaban al santuario -San Felices y Santa Engracia- y que hable de cómo la santa se dedica a hilar calladamente en uno de estos pueblos al tiempo que mantenía su castidad matrimonial, hecho que refleja una vez más la utilización de leyendas para consolidar valores deseados.

Santa Orosia SATUÉ, E. Las romerías de Santa Orosia. DGA Zaragoza 1988
acelera el ciclo biológico de los cereales, hace brotar manantiales, y por lo tanto entronca con el mundo de la fertilidad al tiempo que hace trasladar sus reliquias por el pastor -símbolo de los valores imperecederos que necesita la montaña-.

De los tres titulares, San Úrbez es el personaje que mejor ha absorbido la proyección del subconsciente montañés, del mundo mítico de éste; influirá en ese aspecto el que él mismo encarne la figura del pastor y que por su oficio y sexo encaja mejor en el modelo jerárquico de la zona. Lo primero que salta a la vista cuando se estudió el cuerpo de leyendas que envuelve la tradición del santo es su perfecto dominio y control sobre la Naturaleza, fenómeno del que tanto esperaba el hombre de la montaña, acomplejado por la grandiosidad del medio geográfico. Estas leyendas, recogidas sucesivamente por los principales hagiógrafos del santo J. A. CARRERA RAMÍREZ Y ORTA, 1701. Andrés DEZA, 1885. , se podrían agrupar en dos niveles: un primero, muy popular, coincidente con la juventud del santo, a través de la alta montaña oscense y tras su llegada desde Francia Valle de Vió (Sercué) y ribera de Fiscal (Albella). , en el que hace entre otras cosas que el rebaño de su dueño sólo coma hierbas dañinas y que las abejas penetren por su nariz mientras duerme, al tiempo que proporciona una autoafirmación histórica a las casas en las que sirve Según los hagiógrafos citados de San Úrbez, éste sirvió en casa Lardiés de Vió y en casa Aineto de Albella. , pues en Albella deja dicho tras hacer de pastor en casa Aineto que esta casa no conocería la pobreza y que tendría siempre descendencia masculina si a ésta le ponían el nombre de Úrbez Esta tradición se conserva todavía viva en esta vieja familia de Albella emigrada en los años 60 al pueblo de colonización de San Lorenzo de Flumen. , el segundo nivel lo constituirían las leyendas nacidas de su periodo eremítico de Nocito: dominio de la nieve, del agua y de las fieras que le acompañaban siempre -especialmente la osa, animal de clara simbología en la mítica pirenaica y vinculada a los procesos de regeneración estacional ROMA, Josefina Aragón y el Carnaval. Zaragoza 1980
pp. 63 y SS.
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