Toma de posesión de don Lorenzo Abarca de sus lugares del Valle de Aquilué.

Uno de los actos que tenían lugar en los lugares de señorío durante le Edad media y también en la Edad Moderna, cuando éstos cambiaban de señor, eran las tomas de posesión por parte del nuevo Señor ante sus vasallos y términos para poner de manifiesto ante ellos el dominio que él ejercía.

En el año 1605 era Señor de los lugares de Serué, San Vicente y Labes en el Valle de Aquilué, D. Lorenzo Abarca, caballero, residente en la ciudad de Huesca.

Estos actos tenían dos partes: una la toma de posesión de los términos y otra espiritual con el homenaje de sus vasallos.

Así, llegado el día 28 del mes de Julio del año 1605, D. Lorenzo Abarca acudió al Valle de Aquilué acompañado por un notario y dos testigos y comenzó a tomar posesión por el lugar de San Vicente que confronta con el término de Serué, Aquilué, Lasieso y del lugar de Estallo y las pardinas de Gurru, Arimistué y Bones. Este acto se llevó a cabo en presencia del Concejo, Justicia, Jurados, Universidad, vecinos y habitadores de dicho lugar.

El Señor se dirigió a todos ellos en la plaza del lugar donde habían sido convocados y dijo tener la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio, suprema y absoluta potestad con sus vasallos, montes, prados, sotos, derechos universos con dominio y dominicatura de dicho lugar a 61 pertenecientes. A continuación, según mandaba el fuero de Aragón, preguntó a los vasallos si le reconocían como tal Señor y hubo consentimiento de todos los vecinos, ya que nadie se atrevió a expresar lo contrario.

El Señor siguió diciéndoles: "Que por justos títulos a él pertenecientes tenía el dominio de dicho lugar y les mandó le prestasen los homenajes de fidelidad y naturaleza que los buenos y leales vasallos del Reino de Aragón suelen y acostumbran prestar en los nuevos ingresos de sus lugares a sus señores naturales y que le tuviesen y obedeciesen por señor natural de dicho lugar y términos le respondiesen de todos los frutos, rentas y otros derechos como a los anteriores señores de dicho lugar han acostumbrado responder y pagar". A lo que el Concejo respondió que le reconocían y aceptaban como Señor legítimo de dicho lugar y términos.

Seguidamente le rindieron homenaje de manos y boca en la forma acostumbrada que era la siguiente: Teniendo las manos cogidas y poniéndolas entre las del dicho Señor haciendo cruces en los pulgares y de rodillas en tierra, juraron a Dios y sobre los cuatro Evangelios prometieron en señal de dicho homenaje respetar a su Señor y no a otro y serle fieles y leales vasallos y pagarle derechos y rentas y emolumentos que le pertenecieran.

Seguidamente el Señor paseó y anduvo por las calles de dicho lugar, abrió y cerró puertas, hizo plantar una horca en la plaza de dicho lugar y en ella mandó colgar un arto, se sentó en dicha plaza y tuvo corte, oyó, decidió y pronunció causas civiles y criminales.

Después quitó el poder al Justicia, Jurados y Alcalde de tener y observar los fueros, usos y costumbres del reino de Aragón y revocó como jurados del dicho lugar de San Vicente a Martín de Latre mayor y Martín de Latre menor, quitándoles todo el poder anterior y nombrándolos de nuevo. Lo mismo hizo con el alcalde Domingo Lasaosa. También hizo lo propio con el anterior Justicia, Lorenzo Lloro, a quien de nuevo volvió a nombrar Justicia y Juez ordinario de dicho lugar. Juró sobre los cuatro Evangelios ante su Señor de hacer lealmente su oficio como manda el fuero.

Posteriormente, salió a los términos de dicho lugar y en una horca que estaba plantada en un cabezo, en el camino del lugar de Aquilué, en señal de jurisdicción criminal mandó se colgase un arto.

Siguió paseando por sus términos, cortó y arrancó ramas e hizo otros actos y ejercicios en dicho lugar, en señal de pacífica posesión sin contradicción de persona alguna.

Los testigos de dicho acto fueron: Mosen Gregorio Beltrán, rector de dicho lugar de Serué y Domingo Lasaosa, Justicia del lugar de Escusaguast, hallados en dicho lugar para ese cometido.

Tras este acto se dirigió a los otros lugares de su señorío para tomar posesión de sus dominios.