Estructuración del Serrablo en torno a las romerías

Macrorromerías.

De las tres macrorromerías de Serrablo, dos de ellas estaban bajo la advocación de sendos titulares a los que popularmente se les otorgaba el rango de patronos de la montaña-San Úrbez, y especialmente Santa Orosia-. La tercera, más septentrional y de menor ámbito, era Santa Elena.

Algunos pueblos de la margen derecha del Gállego -Canal intermedia o Val Ancha- gravitaban hacia la macrorromería de Santa Orosia de Jaca, ya que, curiosamente, el reparto de reliquias entre esta población y Yebra supuso la creación de dos ámbitos romeros separados por la línea del rio Gállego; división que sena respetada por pueblos, cofradías, cuestadores, etc.

A grandes rasgos, estas tres áreas de influencia romera se superponía a unidades geográficas más o menos homogéneas; no ocurría así en el caso de Santa Elena, donde el santuario, ubicado en el congosto que separaba el Serrablo septentrional (Tierra de Biescas) del Valle de Tena, aglutinaba en tomo a él a estas dos áreas de tradicionales vínculos socio-económicos; tampoco era así en el sector noreste de la zona de Santa Orosia, donde ésta superaba ligeramente la cuenca hidrográfica del Gállego para adentrarse en la del Ara (Ribera de Fiscal), ya en los límites con el obispado de Barbastro.

En definitiva, el Serrablo romero aparecía compartimentado en tres bandas longitudinales, presididas por sendos macrosantuarios que catalizaban y dinamizaban comunidades de estructura socioeconómica similar o con muchos puntos de contacto.

El que las tres áreas no fuesen estancas, sino que la central, o de Santa Orosia, más extensa, fagocitase o crease intersección con sendas zonas de influencia de loS macrosantuarios de Santa Elena y de San Úrbez, refleja la supremacía de esa devoción sobre las otras dos, pues no en vano correspondía a la patrona de la montaña y del obispado, y por lo tanto se veía favorecida por todo tipo de estructuras de éste.

Esta compartimentación del territorio solamente era válida para el ejercicio romero normal, incrustado en el ciclo festivo y económico cotidiano, y no bajo situaciones anómalas -rogativas para pedir agua o para salir de pestes y plagas, etc.-; casos en los que los límites de las macrorromerías ordinarias eran superados con creces, saltando las barreras oficiales, geográficas y a veces étnicas.

Lógicamente, los santuarios del primer nivel romero eran los templos que mayor número de veces acogían romerías a lo largo del ciclo anual, generalmente desde mayo a septiembre siguiendo la tónica general del ciclo festivo de Serrablo. En la actualidad son estos santuarios los que han retenido trascendencia general, aunque el número de veces en que se acude a ellos se ha reducido globalmente en un 60%, y teniendo solamente una de estas ocasiones alcance comarcal. Por otra parte, la aculturación y la sociedad industrial con sus medios de comunicación han incluido a las romerías en el terreno del ocio; el coche ha hecho desaparecer las distancias y se han borrado los niveles romeros en que se compartimentaban el territorio y las gentes de la sociedad tradicional.

Santa Elena de Biescas.

Este macrosantuario se ubica en el límite septentrional de Serrablo, o congosto de Santa Elena, abierto por el río Gallego en las sierras interiores de Tena y Tendeñera. Tras de él se abre la cabecera del río formando el valle de Tena, fronterizo con Francia. El santuario aglutina a la Tierra de Biescas -núcleo en cuya jurisdicción se halla- con dicho valle, es decir aúna a dos territorios geográficamente distintos Esta diferencia llama poderosamente la atención, pues en sólo 2 km., lo que supone atravesar el congosto de Santa Elena, que secciona la barrera orográfica divisoria, el clima mediterráneo continental se apropia de una fuerte componente atlántica reverdeciendo el paisaje; evidentemente, las masas nubosas que penetran en la cabecera del valle producen por efecto foëhn al cruzar las sierras de Tendeñera y Telera un papel desecante en la Tierra de Biescas. Geológicamente son también dos mundos distintos a pesar de su vecindad inmediata, pues el congosto de Santa Elena lleva bruscamente del ámbito calcáreo a los terrenos paleozoicos y graníticos del Pirineo axial. , con abundantes conflictos vecinales, aunque condenados a entenderse. Sin lugar a dudas, el santuario y sus implicaciones sociorreligiosas limaron y canalizaron estas asperezas que se hacían visibles incluso en el trato despectivo con que los habitantes del valle de Tena denominaban a los de la zona de Biescas -guirrios- o incluso en los conflictos por poseer territorialmente a la ermita y que llegaron a generar leyendas, pues no en vano, como dice Maldonado MALDONADO, Luis Introducción a la religiosidad popular. Santander 1985
, las romerías suponen la reavivación de un mito de limites que sanciona los derechos de los vecinos de un pueblo, en este caso Biescas, sobre otro territorio, en este caso el valle de Tena.

Efectivamente, el congosto de Santa Elena tenía una doble estrategia: como centro religioso y como punto clave del eje comunicativo, siendo en ambos niveles donde entraban en confrontación los intereses de la Tierra de Biescas y los del Valle de Tena.

La dificultad del paso de caminos por el citado congosto, por otra parte de vital importancia para dicho valle, pues constituía su único nexo con el resto de Aragón y paso obligado de sus ganados trashumantes Según la reseña estadística de la provincia de Huesca de 1955 pp. 314 y SS. la cabaña lanar del valle de Tena era de 25.923 cabezas 13.000 menos que una década antes . En 1981 la regresión ha llevado a 5.000. La cabaña descendía a Tierra Baja por el eje del Gállego, puerto de Monrepós, Hoya de Huesca e invernaba en los Monegros desde Lanaja a Sástago (E. SATUÉ, «Hacia Tierra Baja» , Revista Serrablo, núm. 42, Sabiñánigo, diciembre 1981). , generó en el siglo XVI numerosos pactos y normativas entre ambas partes -Archivo Ayuntamiento de Panticosa- tendentes a consolidar el puente del paso y a regular el pontazgo que los de Biescas cobraban en su localidad a las personas y ganados del valle de Tena.

Por otra parte, la importancia religiosa del congosto parece tener una tradición remotísima como lo demuestra la superposición en tan reducido accidente geográfico de dólmenes, despoblados y ermitas En la margen derecha del congosto: enterramientos y tradición de poblamiento (San Martín). En la margen izquierda y sobre el santuario de Santa Elena: ruinas y tradición popular de poblamiento con leyendas de su herrero (San Felices). En la misma orilla del Gállego, y bajo el santuario citado: dólmenes, ruinas de ermitas y tradición de poblamiento (Santa Engracia). . Esta gran densidad cultural encaja con la teoría que plantean los lingüistas de que el poblamiento hasta la romanización no superaba el estrecho de Santa Elena, ya que en el Valle de Tena la toponimia señala un índice bajo de huella prerromana, por lo que hasta aquella época la cabecera del Gállego sólo sería poblada ocasionalmente por pastores GUILLÉN CALVO, Juan José Toponimia del valle de Tena. (tesis doctoral) Zaragoza 1981 pp. 27 y ss.
. Parece reforzar esta teoría el hecho de que en dicho valle se produjese tardíamente la renovación arquitectónica generalizada -siglo XIX-, frente a la iniciada en el siglo XVI entre los vecinos mendionales de Serrablo GARCÉS, JoséGAVÍN, JulioSATUÉ, Enrique Arquitectura popular de Serrablo. I.E.A. 1988
.

La originalidad étnica de los habitantes del valle de Tena respecto a sus vecinos guirrios de la Tierra de Biescas estribaba en su carácter cerrado, con gran peso de lo pastoril y con una reglamentación que desde la Baja Edad Media dividía a sus doce núcleos en tres quiñones que debían contribuir a partes iguales al bien común de aquél. Dichas circunstancias creaban un perfil de superioridad frente al vecino sureño de Biescas, más diversificado en sus influencias y en sus actividades económicas, con gran peso de la actividad artesanal y de la textil en particular. Será precisamente esta fuerte confrontación étnica y económica, canalizada en un santuario, lo que daba especial carácter a las romerías de éste.

De las siete ocasiones en que se concurría al santuario a lo largo del año, en la actualidad solamente perviven tres, habiéndolo hecho aquellas mantenidas simultáneamente por Biescas y por el valle de Tena, y desapareciendo las que eran promovidas desde zonas lejanas u hoy despobladas -Baronía de Larrés, Sobremonte, valle de Espierre, etc.-. Así pues, como en los otros dos macrosantuarios de Serrablo, acudían romerías generales de toda la zona de influencia, de pequeñas áreas físicas o jurídicas, y de núcleos concretos -dos de Biescas, una de ellas conmemorativa de la invasión luterana del siglo XVI-, produciéndose la mayor concentración de romerías al santuario durante los meses de mayo y junio. Así como en los casos de San Úrbez y Santa Orosia la ampliación de la zona normal de influencia se procedía en 105 casos de desgracias colectivas y de enfermedades psíquicas, hasta el siglo XIX el área de Santa Elena se agrandaba superando los Pirineos hacia el Bearu, buscando los romeros una amplia gama de favores personales, pues el ambiente hidrófilo de la zona pocas veces carecía de agua.

San Úrbez y Santa Orosia, complejos romeros multiespaciales.

Los otros dos macrosantuarios de Serrablo generaban sendas zonas de influencia ordinaria muy distintas cualitativamente a la de Santa Elena, tanto en lo religioso como en lo sociológico. Así, mientras que en este último caso el santuario tenía que canalizar y superar problemas de rivalidad étnica -de allí el simbolismo de su ubicación en el estrangulamiento orográfico o «tierra de nadie»-, en las áreas de San Úrbez y de Santa Orosia ese tipo de problemas no se daban, por lo que el santuario matriz se complementaba con una serie de ermitas del mismo titular que creaban una estela a lo largo del territorio romero procuradoras de la socialización de la intersección canalizada por dicho templo. De cualquier forma, afirmar excluyentemente que lo socioeconómico ha modelado el comportamiento romero de estas dos zonas, parece exagerado; más bien habría que decir que tuvo mucha importancia para permitir el desarrollo de una tradición hagiográfica itinerante; la dualidad Jaca-Yebra, depositarias de las reliquias de Santa Orosia; el itinerario que hizo el pastor con éstas desde los puertos de Yebra y que se vería jalonado de ermitas SATUÉ, E. Las romerías de Santa Orosia. DGA Zaragoza 1988 IV.3.l.
; el interés local por monopolizar el «favor de la patrona» con la creación de un santuario local dedicado a ella, como ocurría en Betés; y el peregrinar que la hagiograifa señala para San Urbez desde el valle de Vio (Sobrarbe, obispado de Barbastro) hasta Nocito, jalonado de santuarios conmemorativo Ermita rupestre de San Úrbez, en el valle de Vió (entrada al cañón de Añisclo). Ermita de San Úrbez de Albella (Ribera del Ara). Cueva de San Úrbez en la Pardina de Saliellas (Cerésola, en la Guarguera). Santuario de San Úrbez (en Nocito). , hace que se califique a estas dos áreas como complejos romeros multiespaciales, superadores del santuario puntual, promotores de la socialización del hecho religioso, y consolidadores de instituciones itinerantes -Hermandad de romeros del Campo de Jaca y Romeros del Guarga, en el caso de Santa Orosia; Romeros de Albella, en el de San Urbez-.

La homogeneidad socioeconómica de los dos complejos romeros multiespaciales, en el caso del área de Santa Orosia no quedaba clara en su zona más septentrional o Sobrepuerto, pues a su peculiaridad geográfica La peculiaridad geográfica de Sobrepuerto noreste de Serrablo le venía dada respecto a éste último por la altitud de sus núcleos, todos ellos por encima de la hisoipsa de los 1.200 m.; sus rasgos físicos de cierto componente alpino; su funcionalismo económico en dura lucha con el medio, y su carácter ganadero trashumante transpirenaico y hacia Tierra baja (vid. E. SATUÉ, «Sobrepuerto: techo de Serrablo» , Revista Argensola núm. 88, Huesca, 1977, PP. 327-379). hay que añadir una vez más la ubicación del santuario de Yebra y dicha zona, lo que generalizaba tensiones que se evidenciaban en las romerías. En el resto de la zona de influencia de Santa Orosia la homogeneidad era más evidente: agricultura mixta con ganadería no trashumante, al igual que en la de San Úrbez, donde a ello había que añadir el factor pobreza del hostil Serrablo meridional Un magnífico estudio sobre el Serrablo meridional, y que analiza su proceso socio-económico de abandono, lo constituye la tesis doctoral de José Mª GARCÍA RUIZ, Modos de vida y niveles de renta en el prepirineo del Alto Aragón occidental , Jaca, 1976. .

En la sociedad tradicional se acudía a Santa Orosia a lo largo del año ocho veces, concentradas mayoritariamente según la tónica general entre mayo y junio. En la actualidad el número se ha reducido a cuatro: la general del 25 de Junio sustentada esencialmente por el Sabiñánigo industrial y que es la mayor concurrencia de la comarca, así como otras tres que son sendos votos mantenidos por la población rural envejecida de aldeas que circundan el piedemonte del Puerto de Santa Orosia. A este respecto cabe señalar que las tres cuartas partes de las romerías que acudían a este santuario tenían el origen en votos locales -de un pueblo o dos-, lo que demuestra de nuevo la pujanza de su titular durante un siglo XVII generador por antonomasia de lo romero.

La expansión del área ordinaria del santuario se producía, según tónica general, en casos excepcionales de sequías, pestes y plagas; siendo hacia el oeste y captando parte de la zona de macrosantuario de la misma titular en Jaca, es decir: el sector que catalizaba la Hermandad de romeros del Campo de Jaca; vínculo humano e institucional entre el culto bipartito de Santa Orosia. Finalmente, el alcance geográfico que tenía el santuario para los endemoniados era más impreciso, aunque absorbiendo claramente el sector próximo sector oriental: Sobrarbe, sierras exteriores depauperadas, y quedando las zonas más alejadas bajo la influencia del macrosantuario de Jaca, más famoso -Navarra, Cataluña, Francia, etc.-, sin descartar, como hay constancia en el siglo XVIII, de que acudiesen del Sur de esta ultima nación.

Al macrosantuario de San Úrbez se acudía cinco veces al año, mayoritariamente, según tónica general, entre mayo y junio y haciendolo por agrupaciones de parroquias. Por ser su ámbito de influencia el más castigado de todo Serrablo por la despoblación, sólo ha pervivido la romería general, dinamizada desde un sector de emigración residente en Huesca. Al igual que en la zona de Santa Orosia, se está ante un complejo romero multiespacial, pues la zona de influencia ordinaria se veía rebasada implicando a tres obispados -Jaca, Huesca y Barbastro- a consecuencia de las rogativas de agua institucionalizadas que realizaban los pueblos del piedemonte meridional de la Sierra de Guara, y de la hagiografía tradicional del santo, que ponía en relación el santuario de Nocito con el valle de Vió a través de prácticas romera institucionalizadas.