Cofradías específicas o clasistas

Componían estas cofradías los grupos humanos aglutinados por un vínculo común: su oficio o su estatus social, estando fundadas en santuarios a los que peregrinaban.

Al primer grupo pertenecía la cofradía de Santa Elena, de la que el Padre Martón -siglo XVIII- al hablar en su obra sobre Santa Elena de la religiosidad en la villa de Biescas dice que en la parroquia de El Salvador -orilla izquierda del Gállego- existían dos congregaciones, hermandades o cofradías bajo la advocación de Santa Elena Emperatriz; una de ellas estaba constituida por el «gremio de Maestros Pelayres, Texedores y Fabricantes de lana» y rendían culto a su patrona el día siete de febrero con vísperas, procesión general y misa solemne, haciéndolo en dicha fecha porque conmemoraban la incursión y derrota de los luteranos en 1592. En la actualidad Biescas mantiene la romería ese día y todavía hay reparto de caridad, aunque ha perdido el sentido social que tuvo Biescas hasta comienzos del siglo XX fue un núcleo artesano muy importante, destacando en él la artesanía textil, siendo rara la casa en la que no había un telar; de allí el apodo todavía vigente en la actualidad de llamar a sus habitantes pelaires. El mismo MARTÓN, lo constata: «Eligieron los de esta villa el Arte de fabricar Lanas, Texedores y urdidores, precediendo el hilarlas empleo honesto de mujeres, hasta comerciar, ó hacerse mercaderes de sus telas»..

Rafael Leante, en Culto a María en la diócesis de Jaca, da noticias de numerosas cofradías de clérigos o nobles fundadas en ermitas apartadas Es el caso de Nuestra Señora de la Esperanza (Villarreal), donde se fundó en el siglo IX -según tradición- una cofradía de párrocos de los pueblos limítrofes, o de Nuestra Señora de Miramonte (en Ardisa), donde en 1084 Sancho Ramírez al ganar una batalla fundó una cofradía de hidalgos como acción de gracias. .También García Ciprés aporta algunos datos sobre este particular, destacando el de una cofradía mixta en Broto, fundada en la ermita de Nuestra Señora de la Piedad en 1503 y compuesta por siete sacerdotes y 24 infanzones -cofradía híbrida similar a la de la Virgen Blanca. Cofradías similares existieron en el resto del Altoaragón; así por ejemplo, en Santa Mª de Bigüerri (Montanuy) se fundó en 1683 una cofradía compuesta por 60 sacerdotes y las casas de mayor linaje de Ribagorza Feo. CASTILLÓN CORTADA, «Etnología Religiosa Altoaragonesa», Nueva España, Huesca, 25 octubre de 1981..

Cofradía de Nuestra Señora Blanca Origen, ámbito y periodos de la cofradía

En el archivo parroquial de Javierrelatre existe un libro de la Cofradía de Nuestra Señora llamada Blanca instituyda en las valles de Serrablo y Bassa y valle de Nocito, que comprende los datos esenciales de la institución durante el periodo 1602-1733. Se deduce que su origen y desaparición no se alejan demasiado de las fechas extremas indicadas, siendo la de 1530 la más antigua a que indirectamente se hace alusión.

Se trata de una institución mixta de clérigos -rectores- y señores que cada año celebran el día de la cofradía en un lugar distinto de las tres zonas geográficas señaladas, siendo Javierre del Obispo -al norte-, Torrolluala del Obispo -al este-, Nocito -obispado de Huesca, al sur- y San Vicente -al oeste-, los límites extremos de la institución en dicho periodo. A mediados del siglo XVIII se concreta más el territorio de su influencia: «las valles de Serrablo y Bassa y ribera del Guarga y Junta del Puente de Fanlo» Según el documento Super Officiis Aragonum del siglo XIV, la lugar tenencia de sobrejunteros de Serrablo estaba comprendida por las siguientes juntas: Serrablo, Guarga, Basa, Honor de Lerés o Layés, Honor de Cortillas y Honor el puente de Fanlo (vid. FEDERICO BALAGUER, «Serrablo, un topónimo en expansión», Revista Argensola, 1968-1970, pp. 113-129). El topónimo Serrablo se utilizaba en el siglo XVII de forma simultánea al de Sarrablo -versión más popular-; así, mientras en 1647 se utiliza la primera acepción, en 1648 se habla de «Sarrablo Vassa Junta lo Puente de Fanlo y valle de Nocito»..

A grandes rasgos, la cofradía presenta tres periodos divididos más por el lugar de su celebración que por razones económicas, pues este modelo de institución quedaba más protegida de los avatares socioeconómicos que otras, como la de Yebra, de extracción social amplia y generalmente humilde. De 1602 a 1663 aproximadamente, se abre una fase en la que tienen mucho peso específico los Villacampa, implicados en la fundación de la cofradía, y rama de infanzones repartida esencialmente por el valle del Guarga; ricos y distinguidos propietarios de Laguarta, Escusaguat, Cerésola, Sandiás, A venilla, y Palacio de Fanlo, acogerán durante esos años a los cofrades en el día de la hermandad En Laguarta se celebró 6 años la cofradía, 8 en Escusaguat, 9 en Cerésola, 7 en Sandiás, 5 en Avenilla y 4 en el palacio de Fanlo (esta rica hacienda era una pardina heredera del viejo monasterio medieval de Fanlo, hoja núm. 210, mapa 1/50.000,3° 20' - 42° 28').. La segunda etapa va aproximadamente desde 1664 a 1703 y en ella se observa un vuelco de la institución hacia el norte, al valle de Basa, donde los famosos y dinámicos rectores de Yebra, Miguel Tolosana y Orencio Bergua, la capitalizarán de alguna manera Miguel Tholosana fue rector de Yebra durante el período de 1659-1676 (APY), en el que realizó la fábrica actual del santuario de Santa Orosia. Le sucedió Orencio Bergua; nacido en la actual casa Capellán de Yebra, consideradísimo clérigo del obispado de Jaca y autor de un didáctico novenario a Santa Orosia, Orencio Bergua tomó posesión de la rectoría de Yebra en 1677 y falleció en 1709; curiosamente el libro de la cofradía añade un nuevo dato a la biografía de este ilustre montañés: desde 1674 a 1676 aparece entre los asistentes a cofradía como rector de Latas.. Finalmente, en el último periodo, parejo al desmantelamiento de la cofradía, vuelve el protagonismo a la Guarguera y al valle de Nocito, donde el prior de San Úrbez se ocupa a menudo de reunir a los cofrades.

La normativa

No se guardan los estatutos fundacionales aunque sí la legislación menor que la cofradía va creando a la par que se enfrenta a nuevas situaciones. Las normas más interesantes son las que reafirman o velan por la esencia de la institución; en este sentido destaca la emitida por los clérigos asistentes el 31 de agosto de 1632 a la celebración de la cofradía en el Palacio de Fanlo en la que reafirman, «siguiendo la costumbre y orden de nos antepasados hermanos coffadres», en no acoger en la cofradía nada más que «coffadres laicos de calidad de caballeros infanzones e hijodalgo», para lo cual estipulan que el cofrade entrante realizará «la prueba de su limpieza mediante juramento delante del prior». En el mismo sentido, de 1629 es la norma emitida el día de la cofradía en el lugar de Laguarta para que de ese día en adelante los criados no se sienten en la misma mesa que sus amos cofrades.

Algunos años fueron especialmente prolíficos en normativas; es el caso de 1615, en que se celebra la cofradía de Torrolluala del Obico y se reglamenta que los cofrades religiosos tienen la obligación de decir cuatro misas por los hermanos difuntos, mientras que los laicos deben encargar dos; así mismo, se sanciona con veinte sueldos jaqueses a cada uno de los cofrades ausentes y se fija que en ese año los cofrades entrantes paguen ocho sueldos.

El culto origina abundantes normas, como la que fija el tipo de misa que se ha de decir en el día del sitio o de la cofradía: «el martes del sitio en cada un año la misa conbentual sea de decir de la asunción de Nuestra Señora»; o las que fijan a quiénes se han de hacer aniversario de defunción, destacando los ofrecidos a uno de los fundadores de esta costumbre: Ramón Villacampa, que en el año 1578 dejó depositados 100 escudos para este menester con la obligación de que sus herederos acudiesen a besar las manos de los sacerdotes celebrantes de la misa por su alma.

Capítulo esencial a la hora de emitir reglas es el vinculado a las comidas; así, en 1635, desde el lugar de Laguarta, y ante el descontrol de gastos en este capítulo, se fija la alimentación básica que de allí en adelante se daría el día de la cofradía; comida que a pesar de la delimitación es exquisita «Es la orden y modo del gasto que en los sitios benideros se ade tener yn perpetuum sin exceder con cossa alguna exceptando de las cosas menudas como son especies frutas y niebe so pena que el que las excdiera será castigado a voluntad de capitulo y confadres y para ynteligencia de lo que a de aparejar es lo siguiente: trigo, 10 anegas; carneros, 5; borregas, 3; obejas, 3; vino tinto, 25 cántaros; vino blanco, 3 cántaros; confitura, 3 libras; arroz, 12 libras; azucar, 2 libras; tocino, 6 libras carniceras».
El refinamiento del banquete viene expresado entre otras cosas por el ejemplo de nieve para refrescar los alimentos, artículo de lujo del que los pueblos de las proximidades de la Sierra de Guara obtenían un buen complemento a su economía (vid. Regina VIDAL, «La nieve de Guara comercializada en la villa de Casbas», Diario del Altoaragón, 26-11-1986).
, máxime si se compara con la rusticidad de la ofrecida como norma común en las cofradías ordinarias como era el caso de la de Santa Orosia, en Yebra.

La sanción más fuerte impuesta fue la que se señaló en 1628 en Laguarta para los cofrades que de allí en adelante perdiesen bienes o documentos de la cofradía, viéndose obligados a pagar la carne, el pan y el vino del día del sitio. Evidentemente, el motivo de las multas refleja el carácter de las cofradías; recuérdese que en las cofradías ordinarias, de convergencia social, eran las faltas a lo gastronómico lo más penado.

Las irregulares visitas del obispado a la institución reflejan un intento de someterla a la normativa vigente; así, en 1735, bajo pena de excomunión mayor, el visitador ordena que no sea nombrado prior ningún rector que ejerza fuera del obispado de Jaca, a cuyo distrito pertenece la cofradía Lúsera, Nocito, Santuario de San Úrbez, Torrolluela del Obico, eran lugares usuales fuera del obispado de Jaca en lo que se reunía la cofradía y en alguna ocasión conllevó a que sus respectivos rectores ocupasen el cargo de prior.. En cambio, en 1763, la decadencia y agotamiento de la cofradía hace que el visitador exhorte el cobro de los bienes de la hermandad, que por desidia y mala organización ya no se controlan El visitador realiza su visita a la cofradía en el día del sitio, a 28 de septiembre de 1763, en el lugar de Ipiés y hace notar que puesto que hace muchos años que no se nombra prior para cobrar los treudos, delega esa función en el rector de Cerésola para que la cumpla en 15 días..

Los cofrades

Los miembros de la cofradía eran clérigos o infanzones de la zona señala. La entrada en la cofradía suponía distinta cuota, siendo más reducida en el caso de los clérigos; a los segundos se les daba la oportunidad de que lo hiciesen en tres o cuatro tandas anuales, al tiempo que se les obligaba a aparejar u organizar el sitio o día de la cofradía cuando fuese preciso hacerlo y en calidad de mayordomos Como ejemplo, en 1616, celebrándose la cofradía en Fablo ingresó en la hermandad el cura de Avenilla pagando 8 sueldos y 6 dineros, más 7 sueldos por el palio. Dos años más tarde, en Laguarta, ingresan el señor de Artosilla y vecino de Laguarta Pedro Villacampa, con la obligación de pagar 80 sueldos jaqueses en tres anualidades; Martín López Menor, señor del palacio de Fanlo, quien debe pagar 76 sueldos jaqueses en cuatro plazos anuales; y Juan Ximénez, vecino de Lierta, que paga por su entrada 80 sueldos, pagaderos en tres anualidades, con la obligación «de tener y aparejar el sitlio de la cofradia dentro del Rolde o districtu y para siempre y quando y todas las veces que al capitulo de dicha cofradia parescera para todo lo cual da por fianza al dicho Martín López Menor»..

Anecdóticamente aparecen cofrades de fuera de la zona de la cofradía aunque con algún tipo de vínculo a ella; entre aquéllos destacan los del Somontano de Huesca (Lierta, Apiés, la propia Huesca, etc.), hecho que también se daba en la cofradía de Yebra Así, por ejemplo, en 1628 ingresa Juan Ximénez, vecino del lugar de Lierta; en 1633 lo hace Francisco Azlor\:y Gascón, señor de Panzano y Fabana y domiciliado en Húesca, y en 1622 entra el licenciado Cosme ViHacampa, sacristán mayor de la Seo de Huesca..

El sector Clerical dominaba la institución, siendo en ocasiones los infanzones meros mecenas materiales. Al día de la cofradía sólo acudían los cofrades religiosos; los laicos sólo estaban presentes si ese año les correspondía la función organizativa de mayordomos o la de contadores.

El prior, que siempre era un rector; se encargaba de hacer cumplir los estatutos y de cobrar los treudos y censales auxiliado por los contadores. Estos eran cuatro -dos laicos y otros dos religiosos- que se ocupaban, además de la custodia de los documentos y arquilla para los censales, de fiscalizar el pase de cuentas En el año 1615, celebrada la cofradía en Torro-Huala del Obico, y «rematadas las cuentas y cotejado el gasto con el provecho y pagadas las obligaciones de la cofradia queda en poder del S.rtor de TorreHola Prior del año sobredicho 1615 ciento y tres sueldos; 731 sueldos en 1626, 974 en 1628; 73 escudos 15 sueldos en 1629; 209 escudos 14 sueldos en 1630 (...»>.. Los mayordomos, generalmente, eran infanzones encargados de organizar en su casa la fiesta al año siguiente de haber ingresado en la cofradía, corriendo los gastos de su cuenta.

El día de la cofradía

La celebración se efectuaba el martes de la primera semana de septiembre, vinculada al culto a la Virgen.

Las largas distancias recorridas, en ocasiones más de 40 km., harían que los cofrades invirtiesen en acudir a la fiesta como mínimo tres días.

En el día del sitio, además de la celebración litúrgica y de la comida, se efectuaba la junta de la cofradía, que esquemáticamente consistía en la determinación del núcleo en el que se iba a celebrar al año siguiente el encuentro así como quiénes serían el mayordomo y el prior; seguidamente se efectuaba el recuento de clérigos asistentes -de 8 a 13 generalmente- y se distribuía en partes iguales el dinero correspondiente a las misas celebradas durante el año por los cofrades difuntos; a continuación se realizaba la ceremonia de dar el visto bueno a los cofrades entrantes y se hacía el balance económico de la institución.

Las finanzas

El carácter elitista de esta cofradía hacía que su economía se viese poco resentida por coyunturas económicas generales. Las fuentes por las que se nutrían los ingresos de esta institución eran: los treudos y censales, documentos por los que un particular o concejo se comprometía a pagar anualmente una cuota a la cofradía, beneficiándose del amparo espiritual de ésta; las misas de aniversarios por cofrades o personajes difuntos, las cuotas de los entrantes y las sanciones; siendo el balance siempre positivo.

En 1616 aparece un listado de los treudos y censales que se pagan cada año a la cofradía en el día de San Gil -primero de septiembre- y que son cobrados por el prior y los contadores; se trata de los provenientes de 15 particulares, entre los que destacan el Señor de Arruaba, el de Fanlillo y el de Lasaosa, y que habían sido estipulados algunos en el siglo XVI, suponiendo entre dos y cinco escudos. La aportación de los concejos también era diferente: 20 escudos para el caso de Aineto o 50 para los casos de Solanilla, Laguarta, Matidero, Castiello o Lasieso.

En el siglo XVIII la cofradía comenzaría a deteriorarse a pesar del auge económico general; los treudos se dejan de pagar con la regularidad de antaño Anecdóticamente, en 1719, el pueblo de Belsué pagó todavía los treudos retrasados de los años 1707 Y 1708., y hacia 1763 la situación llega a ser tan crítica que el propio visitador denuncia el que ni siquiera exista prior y contadores para cobrarlos.

En definitiva, la cofradía de Nª Sª Blanca desaparece a finales del siglo XVIII en base a lo anacrónico de sus miembros -los infanzones y sus hermanos no herederos, clérigos las más. de las veces- que en sus planteamientos arcaicos se empiezan a ver relegados por la corriente de la Historia.