Un sabiñaniguense en la guerra de Cuba

Imagen de Garcés Romeo, José

En el último cuarto del siglo XIX, Sabiñánigo era un pueblo como tantos otros de la comarca en el que el medio de vida fundamental giraba en torno a las ocupaciones agroganaderas. Su población, junto con El Puente con el que formaba Ayuntamiento, oscilaba entre los 250 y 300 habitantes distribuidos en 42 casas. Eso sí, un acontecimiento importante iba a cambiar el devenir de la población: la llegada del ferrocarril en 1893.

Este hecho hará posible el nacimiento de la nueva ciudad al otro lado de los Capitiellos. Por lo demás, el viejo núcleo rural seguirá manteniendo su personalidad.

Y allí nace nuestro protagonista, León Franco Casbas de casa Bruno, el 11 abril de 1872. En diciembre de 1891, a los 19 años de edad, ingresa en caja. Él, como tantos y tantos hijos de las familias humildes de la España rural, no pudo librarse del servicio militar pagando a un sustituto las 2000 pts. de rescate que se requerían. En marzo de 1892, a punto de cumplir los veinte años, se incorpora a filas en Figueras (Gerona); después del periodo de instrucción, en abril presta “juramento de fidelidad a las banderas”. Tras los tres años de servicio en filas es baja en Figueras para pasar al Regimiento de Infantería Reserva de Huesca el 1 de abril de 1895.

Malos tiempos, sin duda, para los que se encontraban en esas circunstancias. Y es que mes y medio antes había estallado la segunda guerra de Cuba con el “grito de Baire”(24-2-95). De tal suerte, León Franco es movilizado de nuevo en agosto de ese mismo año y se le comunica que tiene que embarcar hacia Cuba. Pasa diez días en el Regimiento de la Construcción de Barbastro para tomar, a finales de mes, un tren especial con el resto de su compañía en dirección a Santander. En este puerto embarca en el vapor “Alfonso XIII” hacia Cuba, llegando a la isla el seis de septiembre tocando tierra en Caimanera. Pasarán tres años hasta que regrese al mismo puerto de Santander. De todas formas, él tuvo suerte, muchos no regresaron.

foto: Zona Oriental de la República de Cuba: Imágen extraida del Tomo II del Diccionario enciclopédico abreviado-Espasa Calpe

En Cuba permanecerá hasta que concluya la guerra. Toda su estancia se circunscribe a la zona oriental de la isla, donde los independentistas eran más fuertes. A buen seguro que él no conocería a los capitanes generales de Cuba, Martínez Campos, Weyler y Blanco, pero si que estuvo a las órdenes directas de generales como José Lachambre, Adolfo Giménez o Joaquín Vera del Rey, y de coroneles como José Tejada y Bernardo Areces. Por supuesto, se enfrentó a las tropas de los insurrectos cubanos liderados por Máximo Gómez, Antonio Maceo y Calixto García (José Martí ya había fallecido en combate cuando él llegó a Cuba). Este sabiñaniguense se libró de la manigua, de la fiebre amarilla, del paludismo y todas las penalidades que tuvieron que pasar aquellos soldados mal pertrechados y peor alimentados. A él le tocó mayormente trabajar en la construcción de las líneas fortificadas que pretendían cortar la isla en tres partes, aunque tampoco se libró de entrar en combate.

Una vez llegado a la isla, desde Santiago de Cuba se traslada en tren hasta el poblado de Alto Longo donde presta servicio de campaña hasta finales de 1895. Continúa en 1896 en operaciones de campaña por diversos lugares teniendo ligeros tiroteos con el enemigo ya que su misión consistía en proteger la conducción de convoyes y la construcción de fuertes. En San Luis estuvo para guarnecer los fuertes que rodeaban la zona. Durante el mes de octubre participa en operaciones de persecución del enemigo, para regresar a finales de ese mes en tren hasta Santiago de Cuba, embarcando seguidamente en un vapor hacia la ciudad de Nuevitas. Desde allí sale de operaciones con la columna que mandaba el general Adolfo Giménez, tomando parte en los duros combates de Oriente a comienzos del mes de noviembre. Destaca en estos momentos la toma de las trincheras del Alto de Palmarito contra las fuerzas cubanas mandadas por Máximo Gómez y Calixto García. Este hecho mereció la felicitación del general Castellanos, en el mismo campo de batalla, a León Franco y todo su batallón por su buen comportamiento. A mediados de mes embarca de nuevo en el puerto de Nuevitas a bordo del vapor “María Herrera” desembarcando al día siguiente en Quibara. Allí emprende otra vez las operaciones a comienzos de diciembre protegiendo la conducción de convoyes y la construcción de un fuerte. A finales de mes embarcó en Puerto Padre desembarcando tres días después en el puerto de Santiago de Cuba.
El 2 de enero de 1897 emprendió la marcha hacia San Luis, adonde llega dos días después para salir al día siguiente a prestar servicio en Dos Caminos. Allí permanece hasta mediados de abril en que fue relevada su compañía. De ahí sale de operaciones y en la primera quincena de mayo participa en las acciones de Monte Oscuro. En agosto toma parte en la defensa del poblado de San Luis al mando del coronel Bernardo Areces, continuando de operaciones hasta el 9 de septiembre que pasó con su compañía a prestar el servicio de destacamento al poblado de Palma Soriano, donde permanecerá hasta finales de octubre. En el mes de diciembre se halla en los fuegos de Aguacate, Descanso del Muerto, Palo Picado, Ratonera y Blanquizar, al mando del general Arsenio Linares. Regresa a Palma Soriano a finales de año. Los cuatro primeros meses de 1898 estuvo en acciones diversas bajo el mando del general Joaquín Vera del Rey. Después, hasta mediados de julio, se quedó en la zona de San Luis prestando servicios de fortificaciones de fuertes y conducción de convoyes. En este poblado permanece hasta mediados de agosto en que por orden superior y en tren extraordinario marchó a Santiago de Cuba (plaza que había capitulado el mes anterior con la intervención de los EEUU). Allí permanece en el campamento de San Juan hasta que el 29 de agosto embarca a la Península a bordo del vapor “Colón”. Llega al puerto de Santander el 15 de septiembre. A partir de esa fecha permanece con licencia provisional en el ejército, hasta que en mayo de 1901 es baja como licenciado absoluto "por haber cumplido los doce años de servicios... habiendo observado buena conducta".

Contado así parece sencillo, de película. Pero no, León Franco, como la mayoría de aquellos pobres soldados que no pudieron librarse de esa guerra, dejó ahí unos años que no sirvieron para nada. Quedaba una triste realidad reflejada crudamente en esos repatriados, "esos héroes que infructuosamente marchitaron su juventud por la patria" (Blanco y Negro, septiembre de 1898). Lo cierto es que enfermos, maltrechos y sin trabajo se encontraron los repatriados tras una guerra absurda y desigual. Los hombres de los partidos turnistas continuaron impertérritos, aunque muchos intelectuales les hicieron responsables de aquella catástrofe, con razón. Ya no nos quedaba ningún residuo imperial. A partir de ahí comienza a gestarse una profunda crisis en la sociedad española del siglo XX.

A pesar de todo, León Franco Casbas, hombre fuerte y sufrido, sobrevivió a esa dura estancia en Cuba y todas las penalidades que le tocaron vivir. Al regreso a su Sabiñánigo natal pudo rehacer su vida, formar una familia (se casó con María Cajal Navarro de casa Batán de Larrés) y disfrutar de la vida hasta su muerte en 1941. En todo ese tiempo su trabajo estuvo ligado a las tareas agropecuarias. Él, en su pueblo, fue un pequeño héroe que pudo contar a su familia y vecindad sus vivencias en Cuba (muchos todavía las recuerdan). Sirvan estas líneas para honrar su memoria y la de otros serrableses que sufrieron aquella guerra.

(Este relato ha sido posible gracias a la gentileza de Antonio Franco, nieto de León Franco).