Julio Gavín y la Fotografia

Imagen de Duce, José Antonio
Conocí a Julio Gavin en los primeros años setenta cuando cada domingo y en compañía de Joaquín Gil Marraco me desplazaba a fotografiar el románico altoaragonés. Gil Marraco junto a Iñiguez y Sánchez Ventura fueron los descubridores en 1933 de Lárrede. Naturalmente en esas excursiones domingueras visité Lárrede, Busa, Oliván y San Bartolomé entre otras iglesias de aquel Serrablo con una arquitectura casi arruinada, con techumbres hundidas y muros cubiertos de zarzales y que Julio Gavín con los recién creados “Amigos de Serrablo” con tesón aragonés y entusiasmo sin límite se empeñaron en restaurar y dar a conocer más allá de sus límites, más allá de nuestras fronteras. Indudablemente en alguno de aquellos viajes me presentaron a Julio Gavin y ello fue el principio de una gran amistad que se mantuvo y acrecentó a lo largo de los años. Julio era una persona incansable y siempre con nuevos proyectos: uno de ellos fue la creación de una exposición fotográfica a celebrar cada otoño en Sabiñánigo. Para esta iniciativa solicitó mi colaboración, yo era por aquel entonces presidente de la Sociedad Fotográfica de Zaragoza, y, cómo no siendo una idea de Julio, en 1974 se inauguró el Primer Salón de Fotografía “Amigos de Serrablo”. Salón que fue adquiriendo prestigio de una forma progresiva a lo largo de los años hasta convertirse en una referencia internacional con el reconocimiento de la Federación Internacional de Arte Fotográfico. Julio me hizo el honor de nombrarme presidente del jurado calificador y no puedo olvidar que en los veinticinco años que se convocó el Salón y en las deliberaciones del jurado Julio guardó siempre silencio, nunca quiso interferir en las mismas salvo en una ocasión. La mejor foto del Salón resultó ser la de un querido amigo de los miembros del jurado, que yo presidía, y por aquello de querer ser más que justos decidimos darle, al amigo, el segundo premio. Y ahí fue la única intervención del amigo Julio que nos hizo razonar y decidir que si la del amigo era la mejor, y esa era también su opinión, debía dársele el primer premio, como así se hizo gracias a su muy oportuna y sabia intervención. No puedo tampoco olvidar que gracias a su extraordinaria colaboración pude fotografiar las imágenes de Nuestra Señora de Ubieto en Orna y Nuestra Señora del Pueyo en Acumuer con destino al libro que editó Ibercaja en 1994 sobre la Virgen en el Reino de Aragón. Y más recientemente, en los primeros meses de 2004 fotografié, con la colaboración de un pequeño grupo de amigos fotógrafos, la obra religiosa del escultor Enrique Pueyo con destino a una exposición y a un pequeño libro en homenaje a este artista serrablés. En su inauguración en Sabiñánigo, el tres de abril de 2004, fue la última vez que Julio y yo compartimos mesa y mantel y también fue la última foto que obra en mi archivo de mi inolvidable amigo Julio. Al enterarme de su fallecimiento no quise socarrona y eterna sonrisa y la imagen de Cajal desplazarme a Sabiñánigo a sus exequias públi-sobre su cabeza. Esa última fotografía será siemcas y multitudinarias. Podía haberlo hecho, pero pre para mi la imagen de este amigo que se nos yo preferí recordar siempre al amigo Julio en el fue pero que estará siempre en mi recuerdo. Castillo de Larrés, apoyado en un arco con su socarrona y eterna sonrisa y la imagen de Cajal sobre su cabeza. Esa última fotografía será siempre para mi la imagen de este amigo que se nos fue pero que estará siempre en mi recuerdo.