Los suelos de canto rodado de Larrés, Satué y San Ramon de Belarra restaurados

Durante los meses de julio a septiembre se procedió a la restauración de los suelos de canto rodado de San Ramón de Belarra, el suelo de la 1ª planta de la torre de Satué y el de 1ª planta del Castillo de Larrés, una iniciativa llevada a cabo gracias al apoyo de Amigos del Serrablo, con la financiación de la Comarca del Altogállego y en especial de Julio Gavín, que impulsó la puesta en marcha de estas restauraciones de suelos de canto rodado y cuyo interés por este tipo de suelos siempre estuvo presente. La labor se realizó a cargo de Mallata s.coop., una empresa colaboradora de Amigos del Serrablo que apuesta por los métodos de construcción tradicional y por la recuperación del patrimonio cultural serrablés. Poco se sabe de este tipo de suelos, sobre todo respecto a la metodología utilizada en su construcción,. por ello, para su restauración ha habido una tarea de estudio y autoaprendizaje, realizando numerosas pruebas que determinaran la manera más adecuada de actuación. Estos suelos están hechos a base de guijarros, piedras de río redondeadas por el agua y el tiempo. En ellos, se combinan las formas de los cantos y se trazan con maestría sobre el suelo dibujando motivos que son verdaderas obras de arte. Son trabajos especializados que llevarían mucho tiempo en su elaboración, tanto por la búsqueda de las piedras en los ríos más cercanos como por su composición en si. Debido a la complejidad de estos suelos, lo más probable es que hubiera profesionales que se dedicaran exclusivamente a este tipo de construcciones y que fueran llamados por encargo a realizar las obras. Es posible clasificar los suelos por época y por estilo. Lo más seguro es que los profesionales tuvieran algún tipo de guía de motivos que les orientara en el trabajo. Motivos florares, exafolias, flores de lis, patrones matemáticos…los vemos en patios, suelos de ermitas y en salas de algunas casas importantes. Por un lado, tendrían un aspecto funcional en los patios, como entrada firme que da estabilidad a las caballerías y por otro, para dar prestancia al lugar y como parte de una simbología popular en la que se muestran unas creencias, unos signos protectores y también como una expresión artística más que da constancia de la sensibilidad popular para con este tipo de arte. Respecto a las restauraciones que hemos realizado, el principal objetivo ha sido el de consolidar y el de completar las partes perdidas sin alterar la unidad estética del suelo. En San Ramón de Belarra, después de la rehabilitación de la cubierta y de la consolidación de los muros y el ábside, se planteó la restauración del suelo, un suelo de canto rodado de gran belleza. En él aparecen diez motivos geométricos, en los cuales la simetría, la continuidad y los símbolos duales componen una muestra más del universo simbólico popular del que podríamos ofrecer diversas interpretaciones. Éste tenía varias áreas deterioradas y otras desaparecidas (que habían sido arregladas con losas). El trabajo se realizó a lo largo del mes de agosto y fue recogido en un documental dirigido por Eugenio Monesma. El suelo de canto rodado de la torre de la iglesia de Satué estaba especialmente castigado, con varias áreas desaparecidas y con restos del incendio que tuvo lugar durante la guerra. Ha habido que añadir bastante material, recolocar y fijar el que ya había con el fin de que recuperara su aspecto original y se conservara para la posteridad. Está subdividido en tres áreas por unos cordones de canto rodado. A pesar del poco tamaño del suelo los motivos que aquí aparecen muestran un trabajo delicado y de gran complejidad digna de admiración. De entre los motivos merece destacar un nudo, un símbolo de ligadura y que tiene un sentido general de protección, como circuito cerrado, al igual que la circunferencia. El que aquí aparece se encuentra incompleto, ya que en algún momento se construyó la escalera que da acceso a la torre retirando lo necesario para su construcción. En el Castillo de Larrés, aunque no ha habido que reconstruir prácticamente ninguna parte, ha habido que nivelar algún área y consolidar la superficie, ya que los cantos rodados estaban sustentados por tierra suelta y era fácil que con el tiempo se desprendieran del suelo y se fuera perdiendo el dibujo, o bien sufrieran más hundimientos. Los motivos que aquí aparecen son especialmente complejos, tanto por las formas como por el trabajo en si. La sala aparece subdividida en siete áreas limitadas por unos cordones de canto rodado. La simetría de los motivos, el juego visual y la minuciosidad del trabajo es espectacular. Valorar e impulsar este tipo de suelos es una importante tarea que parece va desarrollándose poco a poco. El deseo de preservar todo este patrimonio existe y aquí vemos los primeros pasos. Estas restauraciones han promovido la recuperación de un oficio tradicional ya olvidado y han dado garantías de su preservación y de protección. Esta es una muestra más de nuestro patrimonio altoaragones y un ejemplo más de la gran belleza que posee el arte popular.