Antonio Beltrán y la Etnología

I. Agradecimiento e introducción

Como sucederá al resto de personas que participan en este número monográfico, constituye todo un honor colaborar en él.

A este sentimiento se unen el desasosiego por la responsabilidad que ello supone y el pensar que, en este caso, también podían haber hecho esta labor otras personas.

De cualquier manera, aceptado el halago y el reto, Amigos de Serrablo, el Museo Etnológico de Sabiñánigo y yo mismo repetimos en este discreto trabajo el agradecimiento a don Antonio que ya exteriorizamos de modo institucional y creativo de dos modos: con la edición en el año 2000 del libro Raíles y traviesas. Homenaje a don Antonio Beltrán Martínez y, antes, en 1998, al dar su nombre a la recién creada sala de Religiosidad Popular de nuestro museo.

Entre las personas que me han ayudado, animado y abierto vías para desarrollar mi labor etnológica, existen dos incuestionables, y las dos se han ido casi a la par, una es Julio Gavín, presidente que fue de Amigos de Serrablo, y la otra, Antonio Beltrán.

Mi gratitud hacia ellas se basa también en la impronta personal, vital y ética que encarnaban, en su patrimonio actitudinal, poliédrico y cargado de valores.

De aquel “sabían, hacían y daban ejemplo” es difícil desprenderse, y aunque nuestra capacidad es mucho más tenue, siempre constituirán un estímulo vivificador.

Dicho esto permítaseme la licencia de acompañar el texto con unas imágenes lúdicas, pero medulares. No me cabe la menor duda que el reconocido catedrático que supo entender y hacer guiños a Pedron, el diablo del museo de Serrablo, en sus repetidos escritos y filmaciones sobre el museo, como mínimo sonreirá con la ocurrencia.

II. La Etnología en la obra general de Antonio Beltrán

Si de modo grosero entendemos la Etnología como estadio reflexivo, organizado sobre la Etnografía o recogida de manifestaciones culturales, es decir, por el “observar, anotar e interpretar”, se puede realizar una serie de afirmaciones previas respecto a la labor de don Antonio.

La primera está asociada a la personalidad y a la actitud vital de éste, porque mantenía una permanente actitud etnográfica y etnológica a través de la observación, de su curiosidad, anotaciones, registros y análisis holista de la realidad. Su socarronería controlada, su cercanía natural a las gentes y personas, le hacían formar parte de un flujo cultural del que no saben formar parte muchas personas de su categoría intelectual. En este sentido, por hablar en el argot futbolístico, que él conocía tan bien, don Antonio jugaba con ventaja.

Este aspecto es muy importante, porque la profundidad de la mirada etnográfica de una persona no se basa tanto en el número de estudios que ha hecho en dicho ámbito, sino en cómo pone al servicio de su vida, de su profesión y de los demás ese oficio –tan intuitivo como académico. Y aquí, antes que nada, hay que señalar que don Antonio era un fuera de serie.

Al margen de lo dicho, otros temas como los orígenes monegrinos y la especialidad profesional bien debieron reforzar el calibre de su quehacer etnológico. Tras de Sariñena y los Monegros estará su interés por la música tradicional, la gastronomía, el dance y el patrimonio oral, y tras el Mundo Antiguo y la Prehistoria aparecerá su inquietud por informantes que, aún en el siglo XX, transmitían o tallaban viejos símbolos petrificados.

De allí que si se analiza la producción etnológica de Antonio Beltrán Martínez, su cronograma se podrá superponer al de su vida personal y al de su vida académica o profesional.

También hay que señalar que la labor etnológica de don Antonio entra en intersección con la que se trata en este monográfico, sobre todo, en los apartados “Antonio Beltrán y los museos, Antonio Beltrán y la cultura aragonesa”, por lo tanto, se evitará en la medida de lo posible invadir terreno asignado a otros responsables.

La obra etnológica de don Antonio discurre de modo paralelo a la general y a su recorrido vital, pudiéndola extender desde 1949 al 2005.

Personalmente opino que, a pesar del gran esfuerzo realizado por la coordinadora del monográfico para confeccionar el listado bibliográfico, es muy difícil controlar, sobre todo, la producción de artículos de aquél y, ya no vamos a decir, la ingente labor hecha a través de Radio Zaragoza y Radio Popular, a partir de los años 50, y a última hora en la COPE.

De cualquier modo la muestra bibliográfica es tan amplia que plasma muy bien el universo etnológico de don Antonio.

De las cerca de trescientas publicaciones controladas, entre libros, separatas, catálogos, folletos y libros, la máxima producción se alcanza durante la década que va de 1975 a 1985, franja en la que se han consolidado sus intereses respecto al tema y aparecen sus libros básicos sobre el dance, la cocina, el traje, el folklore general aragonés y las semblanzas de “Nuestras tierras y nuestras gentes”.

Desde 1945 hasta dicho cenit, se descubre un periodo de tanteo y cristalización, donde la creación por don Antonio, a mediados de los 50, del Museo Etnológico de Aragón va a servir de motor para su producción etnográfica y para desinhibir la cuestión en el ámbito regional.

Por el contrario, desde la franja máxima de los setenta hasta el 2005, la producción sigue siendo muy alta (la suma, similar a la del periodo 75/85), alcanzando notable relevancia las ediciones de libros que efectúa en la editorial Everest sobre tradiciones, leyendas y costumbres aragonesas.

Como cabría esperar la producción de libros, una treintena larga, se da a partir del 85 y, de modo especial, entre en 95 y el 2005. Es el tiempo de la reflexión y de la interpretación de todo lo recogido o leído, ayudado, de modo ejemplar, por su pionera introducción en el mundo de la informática. Casi la mitad gira alrededor de lo que podríamos denominar la línea “De nuestras tierras y nuestras gentes”, semblanzas populares amplias que, bajo la misma fórmula, alcanzaron una proyección sin par, tanto en libros, como en emisiones radiofónicas o artículos. Refiriéndose el resto, por orden, a los siguientes temas: cocina, folklore general aragonés, dance, mitos y leyendas, religiosidad popular, traje popular y vida pastoril (un volumen dedicado a los pastores de Ejea).

Esta producción se fundamenta sobre una prolífica creación de artículos, charlas, conferencias y emisiones. Sólo los artículos controlados en el ámbito etnológico alcanzan un cuarto de millar que, analizados, ya dibujan los intereses y lo que va a ser la producción de libros que va a realizar.

Por orden de repetición temática, los ámbitos son: la gastronomía, el dance y la jota, la indumentaria, las fiestas y la religiosidad popular, la identidad de lo aragonés, así como un variado espectro que pasa por cuestiones como: la artesanía, los muesos etnológicos y la vinculación de la Etnología con la Prehistoria y el Mundo Antiguo, espectro amplio que se verá reflejado, de modo particular, a lo largo del casi centenar de voces que desarrolla, entre los años 80 y 82, cuando aparece la Gran Enciclopedia Aragonesa.

En toda esta prolífica producción, en general, se ve cómo don Antonio integra el disfrute, la curiosidad y la divulgación con la investigación sistemática. Encuentro que lleva a considerarle tanto el padre de la Etnología aragonesa, como el autor más prolífico en la producción escrita y en la iniciativa cultural.

III. Antonio Beltrán motor y referencia

Antonio Beltran. Radio Zaragoza. De nuestras tierras y nuestras gentes.La obra científica y humana de don Antonio excedía los contenedores, los libros, las separatas y los artículos. Su obra etnográfica trascendió hacia todos los niveles sociales de modo activo y generador.

Ayudó a ellos el talante divulgador que tenía, su militancia para propagar a través de los medios de comunicación, actos y jornadas lo que había investigado o leído.

Sabido es que en la radio inició su actividad en los años 50 a través de Radio Zaragoza y que en la década de los noventa la continuó a través de emisora de la Cadena COPE.

En prensa esta labor fue intensa y de difícil control dado el sentido prolífico que tuvo. Cabría distinguir las series iniciadas en los sesenta bajo el título “De nuestras tierras y nuestras gentes” que luego tendrían continuación en prensa.

Esta labor divulgativa de lo etnológico le llevaría a ser galardonado con el Premio Nacional de Prensa y Radio y, al mismo tiempo, a ser nombrado cronista oficial de la ciudad de Zaragoza.

La fuerza motriz etnológica que encarnó don Antonio partió de la creación por él, a mediados de los cincuenta, del Museo Etnológico y de Ciencias Naturales de Aragón, pronto denominado, simplemente, Museo Etnológico de Aragón.

Esa sería la primera cristalización de una inquietud etnológica siempre presente en sus clases de Historia, en la Facultad.

De allí partirán no sólo las investigaciones sino un conjunto de promociones tendentes a dignificar lo aragonés, a sacarlo del tópico reduccionista y desafortunado en que se encontraba.

Así vemos como en los cincuenta promueve el primer Concurso de Dance Aragonés, cómo en la década siguiente inicia las Jornadas de Estudios Folklóricos y, como en el 68, al amparo de su labor, se celebra el I Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares.

Esta actitud le llevó a ser la única persona de la Universidad de Zaragoza que integraba la Etnología de modo explícito en la Historia, y a dirigir tesis doctorales como la de Pilar Pueyo, sobre el dance aragonés; la de José Lisón Huguet, sobre la vida en la aldea ribagorzana de Liri; o la del que suscribe, que versó sobre la religiosidad popular del Pirineo.

Dicho esto no resulta extraña la frecuencia con que don Antonio confronta la Prehistoria con la Etnología a través de los amuletos, la vestimenta, las piedras de rayo, la superposición de los ritos cristianos sobre los precristianos, etc.

Por otra parte con su apoyo y consejos animó a bastantes asociaciones culturales en la recogida de fondos sonoros, gráficos y etnográficos en general para que naciesen, a partir de allí, colecciones o museos locales.

En este sentido tuvo efecto multiplicador la adaptación que hizo, para el caso aragonés, del cuestionario etnográfico de José Miguel de Barandiarán, aparecido en el primer tomo de Folklore aragonés, en 1978.

Sin embargo, como se ha dicho, su inquietud etnológica fue poliédrica e igual apuntó hacia la Universidad que hacia los ambientes culturales más populares. Eso constituyó una de las grandezas más considerables de don Antonio. Por eso, igual lo vemos a menudo dando conferencias en semanas culturales como la de Blesa, que siendo pregonero de la Ruta del bombo y el tambor, que potenciando la Academia Aragonesa de gastronomía, que dinamizando la ofrenda de flores a la Virgen de Pilar, que promoviendo el Espacio Natural del río Martín, donde lo paisajístico se funde con lo prehistórico y lo etnológico.