Arrieros en Serrablo

La sal y el origen de la arriería (I): La creación de una necesidad

1. La sal, un artículo esencial

La actividad de los arrieros permitía el acceso de los alto-aragoneses a toda una serie de artículos de primera necesidad: aceite, trigo, vino, piezas de alfarería, pescado... Su importancia era extraordinaria pero, puestos en un caso extremo, los pueblos podrían subsistir sin un aporte externo gracias a una pequeña producción local/comarcal y/o al empleo de alimentos sustitutivos. Realmente (y volviendo a un hipotético límite), sólo se podía otorgar el calificativo de “imprescindible” a un artículo: la sal. Personas y animales estamos hermanados por una necesidad universal y permanente por el único alimento de origen mineral. Carecer de sal suponía un peligro para la supervivencia.

Es más, como bien se ha dicho, en el cotidiano gesto de echar sal a la comida se resume la historia del mundo. Incluso en los países más “desarrollados”, su trascendencia no se trivializaría hasta hace muy poco, ya en pleno siglo XX, con la eliminación de impuestos históricos y la disponibilidad de procesos industriales que permiten su extracción y comercialización a gran escala. Hasta entonces, la sal era escasa y tan apreciada que llegó a calificarse de “oro blanco”. En la Biblia, la sal simboliza la alianza del hombre con Dios: ”Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal” (Levítico 2:13). El mismísimo Jesucristo otorgó a este elemento el valor metafórico de todo lo que da valor a los intercambios entre los hombres: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?” (Mateo 5,13) en un pasaje con una especial carga simbólica en pleno Sermón del Monte y en el que “la sal de la tierra” se pone al nivel de “la luz del mundo”. Es bien conocido que los legionarios romanos recibían una porción de sal (salarium) como parte de su retribución, término que acabó por extenderse a cualquier pago regular, fuese en metálico o en especie y que ha perdurado hasta nuestros días (salario).

2. De la caza a la ganadería: un repaso a las pinturas rupestres de Guara

En la sierra de Guara, entre los espectaculares cañones del río Vero y los barrancos de su entorno, existe un conjunto de pinturas rupestres único en España. En aproximadamente 60 abrigos rocosos se esconden representaciones que recorren todo el abanico estilístico de la Prehistoria, desde el arte paleolítico al esquemático, pasando por las manifestaciones más septentrionales de arte levantino en la península ibérica. Seguramente, esta zona nos deparará más sorpresas en el futuro. Estas pinturas están datadas entre el 22.000 y el 1.500 a. C. y suponen unas auténticas crónicas de los cambios climáticos que sufrió la zona y de los cambios culturales que experimentaron los hombres que la habitaban, que resultaron clave para el futuro de la Humanidad

Las primeras pinturas aparecieron en el Paleolítico Superior, hacia el 25.000 a.C. y se extienden hasta aproximadamente el 10.000 a. C. Durante este período, los autores de las pinturas de la Fuente del Trucho, la única muestra de este tipo de arte en Aragón, vivían en el interior de cuevas para protegerse del intenso frío glaciar. Su subsistencia se basaba en la caza, la pesca y la recolección, lo que implicaría una vida nómada, subordinada a las variaciones estacionales y, en consecuencia, a la migración de las especies cinegéticas (caballos, cabras, ciervos…). Durante todo este periodo, el hombre parece considerarse inferior a las imponentes criaturas con las que comparte su ecosistema. Los animales son sagrados, los ídolos indiscutibles, de los que se depende y a los que se admira. Se trata de una iconografía eminentemente zoomórfica: las representaciones realistas de animales constituyen el tema fundamental del arte Paleolítico Superior, así como su cima más alta (Giedion, 1981). Incluso el chamán (el “magoartista”) intentaba aprehender los rasgos animales: iba vestido con pieles, llevaba máscaras y cornamentas y se movía imitando sus movimientos (¿el origen de la danza?). En contraste, las figuras humanas son escasas y muy poco elaboradas en comparación con las de animales. La mujer no aparece en ninguna pintura de este periodo.

Antropomorfo y cérvidos. Tozal de MallataEstas pinturas se realizan en cuevas profundas y se localizan en habitáculos recónditos, donde las numerosas siluetas se acumulan unas sobre otras. Resulta evidente que no estaban destinadas a la exhibición pública, sino que estaban reservadas para los iniciados en los secretos de la cueva y/o de la pintura. Las figuras se distribuyen sobre un espacio libre e irregular, sin segundo plano, sin línea de suelo ni de horizonte. Los animales se confrontan, sin mantener las mismas proporciones de tamaño, e incluso con frecuencia se superponen en un mismo lugar. Este hecho ha llevado a pensar que el acto de pintar es un ritual mágico, que se lleva a cabo sobre un lugar de características sagradas, de ahí que se reutilice periódicamente. La regularidad de los repintes insinúa la posible regulación a través de rudimentarios calendarios (ciclos astronómicos, migraciones animales, etc.). En cualquier caso, el significado se nos escapa a pesar de todas las numerosas interpretaciones que se han dado hasta la fecha. Por otra parte, resulta cada vez más evidente que en el arte paleolítico responde a unas condiciones de vida muy particulares, de tal manera que podemos encontrar puntos comunes entre las expresiones gráficas de los lejanos cazadores paleolíticos y las recientes de pueblos cazadores vivos como los esquimales del Ártico, los aborígenes de la zona septentrional de Australia o los bosquimanos del África Austral. Es decir, a pesar de la distancia en el espacio o en el tiempo, habría que hablar de un “arte de cazadores”, nacido de un tipo de lucha por la supervivencia en la que la caza es una constante obsesiva (Beltrán, 1995).

En el periodo Epipaleolítico, hacía el 10.000 a.C., el clima de la Península Ibérica comienza a ser bastante más benigno y empiezan a desaparecer los glaciares, hecho que constituye el pistoletazo de salida para un cambio sin precedentes en la forma de vida humana. A la “Era Glaciar” le sucede una expansión progresiva de bosques sobre las grandes estepas provocando la emigración o extinción de ciertas especies animales que estaban adaptadas a las frías condiciones glaciales y que constituían parte esencial de la dieta del hombre. Los grupos humanos, hasta entonces cazadores-recolectores tuvieron que adaptarse a un nuevo modo de vida y a elaborar nuevas estrategias, técnicas y herramientas de subsistencia. La retirada de los glaciares hacia el norte de Europa dejó libres muchas tierras que empezaron a ser ocupadas por el hombre. Ante la posibilidad de nuevos territorios aprovechables, los grupos se diseminarían apareciendo los primeros asentamientos estacionarios aun que el cambio no fue drástico ni repentino. En este contexto, y hacia el 8.000 a. C., se inicia el estilo artístico conocido como levantino que se prolongará hasta el 4.000. Los conjuntos pictóricos levantinos evolucionan gradualmente desde las figuras naturalistas relacionadas con el arte paleolítico hasta los signos esquemáticos sincrónicos de las culturas del Neolítico y la Edad de Bronce.

Ciervo de ChimiachasLas pinturas levantinas, como las de Arpán, Chimiachas o Muriecho, se diferencian de las precedentes en que no se realizan en lo más recóndito de una cueva, sino en abrigos naturales, casi expuestos a la vista. En estos abrigos y cuevas se originó y desarrolló el arte de un pueblo todavía cazador pero que ya andaba inmerso en escarceos con unas prácticas agropecuarias rudimentarias. Se iniciaba así el paso del hombre de depredador a productor de sus propios alimentos, un proceso gradual y secuencial que, en lo referente a los animales, implicaba las siguientes etapas: (1) captura; (2) cautividad; (3) domesticación; (4) pastoreo; (5) cría; y (6) explotación (Beltrán, 1995). Se asistía una de las revoluciones más profundas que haya sufrido la relación del hombre con el mundo: el destronamiento del animal. A partir de la domesticación de ciertos animales, el hombre pasaba a convidarse ser electo de la creación. La naturaleza pasar de ser el hábitat del hombre, donde vive en equilibrio con otras especies, a verse como un conjunto de recursos económicos que deben ser convenientemente gestionados. En la pintura se manifiesta con una presencia obsesiva de la figura humana en escenas que ofrecen una gran sensación de movilidad y que llegan a ser muy complejas. El hombre se convierte en protagonista de multitud de escenas de caza o guerra, danzas o actividades de recolección e incluso, al final de este periodo, de faenas de pastoreo. Algunos autores han sugerido que la aparición de escenas de lucha podría ser reflejo de una creciente competitividad entre los grupos por el control de los crecientes recursos alimenticios. La economía de producción y la sedentarización se abrían paso a marchas forzadas. Entonces pudieron nacer los primeros poblados estables dotados de un urbanismo elemental.

Finalmente, el arte esquemático se desarrolló entre el 5.000 y el 1.500 a. C., correspondiendo al período Neolítico y durante el primer milenio de su existencia convive con el estilo levantino, del que en ocasiones es difícil separar. Los enclaves en los que aparece el arte esquemático son muy similares a los que acogían el estilo levantino. Se continúa pintando al aire libre, en pequeños abrigos apenas protegidos. Precisamente, este estilo es el más abundante en Huesca, con una cincuentena de estaciones localizadas. Globalmente, en este periodo ya se ha producido una completa transformación de los sistemas económicos, sociales y espirituales. La agricultura necesita del establecimiento de los pueblos en un lugar fijo y esto conlleva el aumento de individuos que forman los distintos grupos humanos y que habrán de organizarse en nuevas formas jerárquicas. La densidad de la población mundial antes de la “Revolución Neolítica” no supera los diez millones de habitante pero, con el advenimiento del sedentarismo, llega a alrededor de 300 millones hace 4.000 años. El hombre depredador que antes había consumido en un pequeño margen de tiempo la totalidad de los alimentos que conseguía, una vez convertido en agricultor y ganadero logra producciones que le permiten acumular excedentes. En consecuencia, el nuevo ciclo inaugura conceptos hasta ahora inexistentes como la posesión de tierras, la colonización o el comercio. La sintetización y la abstracción son sus características más destacadas. Las figuras humanas aparecen con forma de ancla, cruces, líneas simples… en escenas de caza, recolección, luchas reales o simuladas, danzas de arqueros, bailes de mujeres y hombres, etc., y en muchos casos portan utensilios (arcos, flechas, cestos, escalas…).

Los animales se representan con la misma fórmula, en la que solo podemos distinguir su condición de cuadrúpedos. Otra de las principales novedades es la aparición de signos abstractos, cuyos códigos de interpretación desconocemos. Pero, además, ya se hace evidente la nueva situación productiva y tecnológica: parecen escenas de domesticación y pastoreo así como diversos instrumentos utilizables en labores agrícolas. Por ejemplo, en el grupo de abrigos de Mallata, en los acantilados del Vero, destacan escenas en las que aparecen personajes que sujetan cuadrúpedos con cuerdas o directamente por el hocico. Fuera del entorno del río Vero, pero en sus cercanías, cabe destacar las representaciones esquemáticas de carros en Olvena, y cuadrúpedos y signos en Estadilla. En otros lugares, aparecen escenas de doma y monta de équidos (asnos). En conclusión, las primeras representaciones nos hablan de gente cazadora-recolectora y nómada mientras que en unos pocos miles de años se refieren a una sociedad sedentaria que practica la agricultura y la ganadería.

Pese a los notables adelantos en técnica pictórica durante el final del Neolítico, el desarrollo de nuevos materiales condujo a cierto abandono de esta actividad en favor de la escultura, la cestería, la actividad textil, la cerámica y las construcciones megalíticas. Parece probable que la cerámica fuera la primera manifestación en importancia del arte neolítico, pues se han encontrado ejemplares similares en regiones muy diversas. Entre los rasgos comunes destacan la decoración simple de triángulos, espirales, líneas onduladas y otros motivos geométricos; no obstante, la cerámica adopta distintas formas (de cesta, calabaza, campana o sacos de piel) dependiendo de la zona particular que la origine. Una de las tipologías más espectaculares es la cerámica neolítica campaniforme, de origen ibérico y que logró extenderse a toda Europa. Precisamente, las primeras noticias sobre alfarería en Naval aparecen ya en esta época y todo parece indicar que, en esta localidad, alfarería, salinas y arriería aparecieron simultáneamente.

3. Sí, pero… ¿qué tiene que ver todo esto con los arrieros y la sal?

Panorámica del Salinar de la Rolda. NavalPara un animal, la necesidad de sal depende de su dieta. Así, los animales que ingieren exclusiva o mayoritariamente carne, tienen satisfechas sus necesidades de los dos elementos que proporciona la sal (Na+, Cl-). Sin embargo, la situación es totalmente distinta en los animales herbívoros o en aquellos omnívoros que no consiguen consumir carne durante tiempos más o menos prolongados. Para ellos, resulta imprescindible la ingestión de sal con una cierta periodicidad. En principio, esto no supone ningún problema para los animales en libertad ya que existen lugares en los que la sal se encuentra en la superficie de la tierra; los animales herbívoros se desplazan a esos lugares para lamerla. Para ellos, las “lamidas de sal” son tan necesarias como el alimento y el agua. Pero cuando las poblaciones humanas se hacen sedentarias, los movimientos del ganado están muy restringidos y no tienen acceso a los salares.

Sal para el ganado. GórizLos seres humanos somos omnívoros y nuestras necesidades de sal dependen igualmente de nuestra dieta. Los cazadores paleolíticos acompañaban a las manadas y, si era necesario, recurrían a las mismas fuentes de sal. No obstante, su dieta era eminentemente cárnica, con lo que las deficiencias serían poco comunes. Mientras un grupo humano coma cantidades adecuadas de carne asada procedente de la caza o de los animales de abasto y consuma leche u otros productos lácteos, como los quesos, tendrán toda la sal que necesitan. Sin embargo, y tal como sucedió en el Neolítico, cuando los cereales y otros productos de origen vegetal se convierten en el principal componente de la dieta, las cosas cambian. Si el avance en las técnicas alfareras hace posible cocer la carne complementaria, la situación se agrava ya que con esta técnica culinaria la carne pierde gran parte de su sal. Con una dieta así se produciría la muerte por déficit de sal. En consecuencia, es la necesidad de sal la que impulsa al hombre neolítico a salar sus comidas, notando que además éstas mejoran de sabor y se conservan durante largos períodos de tiempo. Este descubrimiento aumentó la eficiencia en la matanza de los animales para el consumo (sólo hace falta asistir a una matacía para darse cuenta de ello) e incluso se ha sugerido que fue una de las causas que permitieron el crecimiento de la población humana (Asimov, 1981). Además, la sal empieza a multiplicar sus funciones básicas, tal y como veremos posteriormente.

Resumiendo, una vez llegados al Neolítico, la sal se convierte en un seguro de vida o, mejor dicho, su carencia pasa a ser un seguro de muerte; en consecuencia, hay que asegurarse un suministro continuo de este mineral. La propia sedentarización de las comunidades humanas hace que ir periódicamente en busca de sal a centros que pueden estar bastante distantes sea una labor poco atractiva y “antieconómica”. Pero a estas alturas, la suma de otros acontecimientos “neolíticos” ofrecen una solución aceptable a este problema: (1) La “estandarización” de la cría y doma de asnos y el inicio de la cría mular proporciona medios de transporte; (2) Las actividades cesteras, textiles y alfareras proporciona recipientes adecuados para su transporte; (3) La creación de asentamientos estables propicia la creación de una serie de vías de comunicación entre los núcleos de población y, en su caso, entre las zonas de pastoreo de invierno y de verano; (4) Se empiezan a explotar muchas salinas, entre ellas las de Naval (Edad de Bronce); (5) La producción organizada de sal genera grandes excedentes que se pueden comercializar; (6) Empiezan a existir excedentes de otros productos alimentarios en otras zonas. Es decir, estamos ante el caldo de cultivo idóneo para el surgimiento de la figura a la que estamos dedicando esta monografía: con ustedes… ¡los arrieros!