Un Santo Bordelés en Aragón


Nota de traductora, Mª Esther Castrejón Moreno.-Presentamos la traducción de un artículo del filólogo francés Jean J. Saroïhandy sobre la vida de San Urbez, publicado en el Bulletin Hispanique, tome VIII, Bordeaux, 1906, que aparece republicado por Xordica y las Prensas Universitarias de Zaragoza en “Misión Lingüística en el Alto Aragón” en edición de Óscar Latas Alegre. Este lingüísta recorrió todo el Alto Aragón, deteniéndose en la Guarguera, para realizar encuestas sobre la lengua aragonesa hablada en nuestra comarca.


Se trata de san Urbez, cuyo culto está actualmente difundido en las montañas del Alto Aragón. Yendo el verano pasado a la Sierra de Guara para estudiar las variedades dialectales, me establecí en Nocito. No tardaron en informarme de que un santo francés, originario de Burdeos, estaba enterrado, desde hace siglos, en una ermita de los alrededores. De cuando en cuando, su tumba es solemnemente abierta por el obispo de Huesca, asistido por los representantes de dos municipios de la región y la masa de peregrinos entonces, es presa de la admiración constatando que el cuerpo no se ha descompuesto todavía. Si bien la piel se ha tornado amarilla y apergaminada, las carnes han permanecido cerradas y después de haber sido presionadas por el dedo, recobran su posición primera. Las rodillas están dobladas, ya que es haciendo su oración cuando san Urbez habría sido sorprendido por la muerte La tumba está situada bajo un altar, en una pequeña capilla lateral. Está cerrada por tres cerraduras distintas: una de las llaves está en manos del obispo de Huesca, la segunda está guardada en Nocito y la tercera en Laguarta. En un valle de los Pirineos Catalanes, el de la Noguera Ribagorzana, había visto anteriormente otro cuerpo, que tenía todas las apariencias de una momia, expuesta al descubierto para la veneración de los transeúntes. Se encuentra en la cripta del antiguo monasterio de Nuestra Señora de la O. Este Cos Sant sería el de un abad del siglo XVII, muerto en olor de santidad. Se le distingue desde el camino, revestido con una vieja sotana y tocado con un gorro eclesiástico..

Según la leyenda, había nacido en Burdeos en el año 702. Su padre era un pagano cuyo nombre se ignora y que murió acribillado por flechas, en un combate. Su madre, Asteria, era una ferviente cristiana, muy versada, se asegura, en las letras griegas y latinas. Ella misma se encargó de la educación de su hijo. El niño había alcanzado la edad de quince años cuando los gallegos pusieron sitio a Burdeos y se apoderaron de ella. Entre los prisioneros que fueron entonces conducidos a España, se encontraban Urbez y su madre. Poco tiempo después, los dos cayeron en poder de los moros que acababan de invadir el país y no tuvieron, parece, demasiados sufrimientos por parte de sus nuevos amos. Asteria, que recobró su libertad, retornó sola a Burdeos. Cuando Urbez fue liberado a su vez, se dirigió a Alcalá de Henares. Es allí donde habían sufrido un doloroso martirio dos niños, san Justo y San Pastor, que debían ocupar más tarde tan importante lugar en la historia de la iglesia de España Justo y Pastor eran dos escolares que el gobernador romano Decianus hizo decapitar en el Campo Loable. En el lugar del suplicio, se muestra todavía una piedra que habría conservado la huella, bien de sus cabezas, bien de sus rodillas.. En la época de la invasión árabe, sus cuerpos habían sido escondidos, por los cristianos de Alcalá, en los alrededores de la ciudad; san Urbez hizo que le indicaran el sitio en el que reposaban y en una noche oscura se los llevó. Escapando a mil peligros, atravesó el país ocupado por los infieles, se hizo a la mar y desembarcó finalmente en Burdeos.

La existencia de nuestro santo parecerá a algunos sin duda bastante problemática. El personaje, se podría decir, cuyos restos mortales están en Nocito, no ha debido desempeñar, durante su vida, el papel que le es atribuido por los historiadores de san Justo y san Pastor. Es posible, pero nosotros no tenemos que hacer aquí la crítica de las leyendas relativas a san Urbez; nosotros queremos limitarnos a relatar fielmente, tal como son hoy contados por las gentes aragonesas.

Tenemos pues a san Urbez en Burdeos Según otra tradición, san Urbez habría ido también a Narbona. La catedral de Narbona está en efecto consagrada a san Justo y san Pastor, y entre las reliquias de esta iglesia se encuentra la cabeza de san Justo. Pero fue enviada en el siglo XII por Don Ramiro apodado el Monje, al que se le fue a buscar a la abadía benedictina de Saint-Pons-de Thomières, para hacerle ocupar el trono de Aragón, vacante a la muerte de su hermano el rey Alfonso I.. A pesar de las insistencias de su madre, decide pronto volver a España y después de haber franqueado los Pirineos, se para en Sercué He permanecido tres días en esta pequeña aldea, que se encuentra en la vertiente española, entre Bielsa y Torla. Se va desde Gavarnie por la Brecha de Rolando.. Su vida iba ser de una gran simplicidad. Se hace pastor, conduce su rebaño a los lugares más abruptos de las montañas, para poder entregarse allí a la contemplación y velar con un cuidado celoso los cuerpos de san Justo y san Pastor. Ocurrió que por algún prodigio su santidad fue revelada a los que le rodeaban. Abandonó enseguida el lugar para ir más lejos a llevar la misma vida, humilde y apacible. Se conoce el nombre de los lugares en los que él se detuvo y aquellos de las familias al servicio de las que se contrató. De Sercué pasó al pueblo vecino de Vió. Allí se ha mostrado durante mucho tiempo una bolsa y un cayado que le habían pertenecido, pero las dos reliquias se han perdido últimamente en un incendio.

En Arbella, donde le encontramos a continuación, su retrato se ha conservado con una inscripción. Servía aquí en casa de los Villanueva. Un día, el dueño de la casa es informado de que los rebaños han invadido los campos cultivados; él se precipita y encuentra a Urbez dormido. Cuál no fue su asombro, cuando vio que en ese ardiente día de verano, una nube protegía al pastor contra el ardor del sol y que una abeja, blanca como la nieve, entraba y salía por sus fosas nasales ¡sin cansarse nunca! Urbez se despierta y viendo a su amo al lado de él: “no temas nada, le dice, los rebaños no han cometido en los campos ningún daño; puede estar seguro de que sólo la cizaña y las malas hierbas han sido tocadas”. Es también en Arbella donde san Urbez fue sorprendido en la montaña por una tormenta espantosa. Para volver al pueblo con su rebaño, debía atravesar el torrente de Arassa, pero la crecida era tan fuerte que hubiera corrido un gran riesgo en querer aventurarse a ello. Coge entonces su cayado, lo pone atravesando el torrente y sobre este puente improvisado hace milagrosamente pasar todo el rebaño. Hechos también extraordinarios inspiraron a los Villanueva un santo respeto por el extranjero y, una noche en la que él se preparaba para servirles la mesa, le declararon que ellos mismos no serían dignos de servirle. Viéndose descubierto, san Urbez al día siguiente se despidió de sus amos, prometiéndoles que en sus desgracias estaría siempre dispuesto a interceder por ellos.

Después de abandonar Arbella, el piadoso guardián de los cuerpos de san Justo y de san Pastor vivió cinco años en una gruta, después se dirigió al Valle de Onsera, donde, a la edad ya de cincuenta años, cogió los hábitos de monje benedictino y fue ordenado sacerdote en un convento que se dice haber sido fundado por san Martín de Tours. Poco después, se retiró en las soledades de Nocito, que no debío abandonar ya El convento de San Martín de la Val de Onsera, está situado en la vertiente meridional de la Sierra de Guara, mientras que la gruta en la que vivió san Urbez se encuentra mucho más al norte, en este valle interior del río Guarga, ancho y fértil, designado bajo el nombre de Serrablo..

Iglesia de San Urbez de Nocito.Toda esta región montañosa estaba poblada entonces por refugiados cristianos que huían de la invasión árabe. San Urbez, que había elegido como vivienda la gruta de Airal, salía frecuentemente de su retiro para llevar a sus hermanos la buena palabra y reconfortarlos. Le fue dado realizar delante de sus ojos cosas maravillosas: devolver la vista a un ciego, el uso de los miembros a un paralítico, calmar las fiebres de su amigo, el obispo Frontiniano Frontiniano y Nitridio, obispos de Aragón, dos nombres citados únicamente en la historia de san Urbez.; apaciguar la sed de un sacerdote, tocándole en la frente; hacer fundir, en un día soleado, la nieve que había convertido los caminos impracticables para una familia noble venida, de muy lejos, para pedirle su bendición y sus consejos. Se dice que las fieras se domesticaban con su proximidad y que seguían sus pasos; una de ellas sembraba el terror por todas partes: a san Urbez le bastó con tocarla con su bastón para que el país se librara para siempre de ella. Un hombre así era querido por todos: pasó en Nocito días felices y murió sólo después de haber alcanzado sus cien años. Fue enterrado flanqueado por los cuerpos de san Justo y san Pastor que permanecieron en Nocito hasta el final del siglo XV. En esta época, siete bandidos de Used, sobornados por el virrey de Aragón, se apoderaron de ellos para transportarlos a Alcalá de Henares. Una fuerza misteriosa les impidió cumplir su viaje y les obligó a pararse en Huesca. Debieron abandonar las preciosas reliquias que fueron depositadas en la iglesia de san Pedro el Viejo, donde se encuentran hoy todavía Ambrosio de Morales, en La vida, el Martirio, la Invención, las Grandezas de los gloriosos mártires San Justo y Pastor (1568), asegura que los dos cuerpos están en Alcalá de Henares. Es exacto que el embajador de Felipe II, don Luis de Requesens, había obtenido del Papa Pío V que fueran transportados, pero los feligreses de San Pedro el Viejo, después de haberse resistido largo tiempo a las órdenes del Papa y del Rey, no se dejaron despojar enteramente. Según el proceso verbal de traslado, tomaron de san Justo dos vértebras y un costilla, y de san Pastor, el pie izquierdo, quedando la tibia adherida a él. Ver para este tema en Fundación, excelencias, grandezas y cosas memorables de la antiquíssima ciudad de Huesca (1619), de Don Francisco Diego de Aynsa y Iriarte, el capítulo XXXIII, dedicado a san Urbez..

San Urbez no ha sido nunca canonizado, y su culto no está apenas difundido fuera de las diócesis de Huesca y de Barbastro. Existe en Huesca una cofradía bajo su advocación, pero es en los valles de Nocito y de Vió donde es objeto de una veneración particular. En los tiempos de sequía, cuando la cosecha está comprometida, se le va a implorar a uno de sus santuarios. Después de una primera novena, todo lo más después de una segunda, es raro -se asegura- que el agua del cielo, pedida por su intercesión, no sea al fin concedida He aquí lo que se dice de san Urbez en el Propium Sanctorum, actualmente en uso en las diócesis de Huesca: “Urbicius, in Galliis ex patre iniquo, matre Asteria christianissima natus est. Patre in praelio extincto, cum matre in Galliciam ductus est captivus. Sed mater divino beneficio in patriam rediens, relicto in captivitate filio, lacrymis et oratione post multos labores perpessos libertatem Urbicii impetravit qui Complutum veniens in devastatione Hispaniae, corpora sanctorum puerorum Justi et Pastoris secum deferens in Aragoniam pergens ad radices montis Pyrenaei in valle quae de Nocito nuncupatur, cum sacris et charis pignoribus, usque ad mortem habitavit. Ubi usque in hodiernam diem in sacello sui nominis qjus corpus conditum est. Tanta autem est illius regionis erga Urbicium devotio, ut cum caeli serenitate et terrae ariditate potissimus temporis veri premitur, in ejus sacellum confuens, pluviam salutarem ejus meritis saepe ipsam impetrasse laetetur.”- La fiesta de san Urbez se celebra el 15 de diciembre y el oficio indicado es el de un simple confesor.. El santuario de Nocito es el más importante. Van sobretodo del Somontano de Huesca y de Barbastro. Municipios enteros, con sus alcaldes y sus concejales municipales, toman el mismo día el camino de la Sierra. Un biógrafo de san Urbez, el canónigo Don Juan Agustín Carreras Ramírez y Orta, relata que en la veneración que tuvo lugar en 1621, ciento veinticinco pueblos estaban representados Vida|| y publica|| veneración|| de el sol de la montaña|| patron y advogado de la lluvia|| S.URBEZ|| que compuso y dedica al mismo|| santo el D.D.IVAN AGVSTIN CARRERAS RAMIREZ|| y orta canonigo magistral de la santa Iglesia metropolitana|| cesar augustana, y antes de la Iglesia mayor de la Ciudad de|| Calatayud... Zaragoza, 1702. Esta voluminosa obra, enteramente cargada de flores de retórica, ha sido últimamente utilizada por un sacerdote, D. Francisco Villacampa Salinas, para su pequeño folleto: Compendio de vida y milagros de San Urbez, Huesca, 1904. La principal fuente para la historia de nuestro santo sería, junto con los antiguos Breviarios, una vida manuscrita que debe estar entre los documentos de la Cofradía de Huesca. Diego de Aynsa cita igualmente al maestro Juan Garay y fray Diego de Murillo como autores de sendas biografías de san Urbez.. Desde entonces, las poblaciones aragonesas han guardado hacia el santo bordelés la misma piedad entusiasta.

La gruta que él frecuentaba en valle de Vió está situada en la confluencia del río Yesa y del río Véllos, en el pie de un formidable macizo de rocas calcáreas, conocidas bajo el nombre de Peñas de Sastral. Se cuenta que san Urbez, al dejar a sus amos de Arbella, les había dicho: “Si ocurre que una sequía asole vuestro país, id en peregrinaje a la gruta de Sastral que yo he regado a menudo con mis lágrimas y donde encontraréis siempre humedad. Pidiendo a Dios el agua que necesitáis, vuestros ruegos serán atendidos”. Asimismo, cuando la intervención de san Urbez se juzga necesaria, dos hombres de Arbella, pertenecientes casi siempre a la antigua casa de los Villanueva, se revisten con un tosco manto de peregrino; después, con la cabeza y los pies descubiertos, se van hacia la dirección de la Val de Vio, evitando seguir los senderos trazados y rezando silenciosamente uno detrás del otro. Remontan el Valle de la Solana, pasan por los alrededores de Villamana, de Campol, de Yeba. Por todos los sitios son recibidos al son de campanas. Llegados a Vió, entran en la casa donde sirvió san Urbez, para tomar algún alimento y dan a cambio una módica cantidad, fijada por la tradición. Descienden finalmente a la gruta donde deben pasar la noche rezando y escuchar misa al día siguiente, en la pequeña capilla que se ha edificado allí. La última veneración de san Urbez en la gruta de Sastral tuvo lugar hace tres o cuatro años. Apenas los dos peregrinos habían abandonado Arbella, cuando una tempestad de lluvia se desencadenó sobre ellos. Un cura de la región que les había visto a su paso me decía que daban pena de verlos, con sus pies magullados y sus cuerpos mojados hasta los huesos. Añadía que, con gusto, él les habría aconsejado quedarse en Vió al lado de un gran fuego, pero que ellos no hubieran querido, por nada del mundo, faltar a su cita en la gruta. Fue un milagro si, después de semejante día, no murieron en ese lugar húmedo y frío.

El clero actual tiende a considerar como falsa superstición el culto rendido a san Urbez. Se sugiere que algunos de los milagros que le son atribuidos podrían no ser muy auténticos Antes de pasar a la narración de los demás milagros y prodigios, debo advertir que tanto en éste como en los restantes de que se hará mención, encuéntrase muchas cosas que serán o no ciertas, según lo sea la relación que de ellas nos hacen los pueblos, pues, a decir verdad, se apoyan casi exclusivamente en la tradición (Villacampa, Compendio, p. 37).. Sin embargo, los sacerdotes aragoneses no lograrán fácilmente desacreditar las leyendas a la propagación de las cuales sus predecesores han contribuido sin duda en otro tiempo, y si fuera necesario, el pueblo se alzaría contra ellos en defensa del Patrón venerado de la montaña. Últimamente, una señora bien intencionada de Huesca había hecho para él una lujosa camisa y el obispo, habiendo ido a Nocito, se apresuró a ponérsela. Pero la casualidad quiso que desde esa época la sequía hubiera sido extrema en todo el Somontano. A pesar de los ruegos dirigidos a san Urbez, diversas cosechas fueron malas y la miseria amenazaba la región. Al pueblo, que no sabe que la falta de agua proviene sobre todo de la deforestación de las montañas, se le ocurrió, esta vez, atribuirla a la cólera de san Urbez. ¡Osaban cubrirle de seda, él que había sido pastor! Se extendió el rumor de que no llovería más antes de siete años y se consideraba al obispo como responsable de esta calamidad. Felizmente para él que a finales de septiembre, unas lluvias torrenciales empaparon las tierras y que las siembras, realizadas en circunstancias favorables, permitieron esperar para el año siguiente una abundante cosecha.

Versailles, noviembre 1905