Antonio Beltrán y la Etnología

IV. Los ámbitos etnológicos que trató

1. Las esencias aragonesas

Quien entienda que don Antonio Beltrán participaba de una visión reduccionista y tópica de lo popular aragonés se equivoca, porque si algo hizo con vehemencia fue dignificar la visión al huso y, en ocasiones, “reírse” del erudito y estudioso que se acercaba de modo etnocéntrico al hombre o la mujer del campo.

Así son célebres algunas anécdotas recogidas por sus alumnos o colaboradores, como la de aquel pastor ansotano al que don Antonio le pregunto en Guarrinza, en cierta ocasión, sobre si había visto unas enormes lajas clavadas en el suelo, sobre las que descansaba otra horizontal, y a lo que el pastor le contestó si por casualidad se estaba refiriendo a un dolmen... O la que refiere Esteban Sarasa que contaba con sorna don Antonio, al comienzo de los setenta, en clase de “Prehistoria y Etnografía”, donde un etnólogo preguntaba a un campesino que cómo se llamaba allí al pan, a lo que el buen hombre le contestaba con carga irónica que “torta”...

Don Antonio siempre tuvo presente la inquietud por el ser aragonés, por describir su perfil de modo no etnocéntrico.

Así en las V jornadas celebradas en el ICE de la Universidad de Zaragoza, en 1984, dentro del Estado actual de las fuentes para el estudio de Aragón, bajo el título Identificación antropológica de lo aragonés, manifiesta la urgencia, la necesidad, dada la desaparición galopante de los modos de vida tradicionales y de sus informantes, de estudios monográficos como algunos que realizaban sus alumnos desde la asignatura de Prehistoria y Etnología, animados por él.

Por otra parte, las voces que desarrolla don Antonio en la GEA nos delatan su amplitud de miras y de conocimientos respecto al tema. En este sentido, es muy interesante leer en Aragón y los aragoneses. Un ensayo sobre su personalidad, de 1995, la descripción que hace de la ofrenda de flores del Pilar efectuada en el año anterior, allí vemos qué tipos de análisis y formulaciones hace sobre lo que puede suponer el ser aragonés, cómo para él las cosmovisiones populares son poliédricas y siempre deben ser analizadas en ausencia de prejuicios y etnocentrismo.

2. El dance y la música popular

Don Antonio comenzó a cristalizar su pasión etnográfica con la creación, en los años cincuenta, del primero llamado Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón, y luego, Museo Etnológico de Aragón.

Aquel hecho serviría de motor, de irradiación hacia iniciativas diversas de estudio y promoción.

Indiscutiblemente, la motivación que don Antonio sentía por el tema partía de sus orígenes monegrinos (Sariñena y Bujaraloz).

El espectro de la irradiación, que se inició en los años cincuenta, se dirigió hacia ámbitos como el de la dirección de una tesis sobre el dance aragonés, la de Mercedes Pueyo Roy, colaboradora suya en dicho museo; las Jornadas de estudios folklóricos aragoneses, efectuadas en la década siguiente; la labor difusora del tema en el marco “De nuestras tierras y nuestras gentes” (escrito y de difusión radiofónica); la que realizó en los Cuadernos de Aragón, en el Coloquio de Música popular, que a través del CSIC, se organizó en Madrid en 1981; los concursos y coloquios sobre el dance aragonés que él promovió, redactando bases y formando parte del jurado, con altibajos, pero a lo largo de una treintena de años.

Toda esta labor fue recogida en una bibliografía diversa que aboca en un magnífico libro editado por la CAI en 1982, El dance aragonés, con fotos del propio don Antonio y de Pepe Casas. Un trabajo que, junto al de Mercedes Pueyo, ha constituido una referencia básica para los estudiosos que se han querido aproximar al tema.

En él don Antonio estudia dances de las tres provincias, los agrupa por similitudes, y se centra de modo especial en los que mejor conoce, en los monegrinos, en el grupo de Robres, Sariñena, Sena y Pallaruelo, y en el grupo de Lanaja, Castejón de Monegros y Bujaraloz.

En todos los casos contempla el dance como una de las manifestaciones más peculiares y ricas que tiene lo popular en Aragón, visto de modo inseparable a las circunstancias sociales que lo envuelven.

El profundo interés por el tema queda reflejado también en las numerosas voces asociadas al dance que desarrolló en la GEA (Gran Enciclopedia Aragonesa).

3. La gastronomía

Desconozco la motivación grupal o individual que llevó a la creación de la Academia Aragonesa de Gastronomía en el año 1995, pero el caso es que ya en el año 1967, en las III Jornadas de estudios Folklóricos Aragoneses, don Antonio demostraba interés por lo gastronómico como reflejo de la cultura aragonesa.

Las colaboraciones que realiza para la GEA lo demuestran y también el ámbito de lo que en este terreno él considera medular, en general aquel plano gastronómico unido a lo colectivo y a las fiestas: las lifaras, el mondongo, etc.

En este terreno se observa una fuerte producción de artículos y trabajos en los años previos a la creación de la Academia, a través de los Cuadernos de Gastronomía.

Artículos parciales que, fundada ésta, le llevarán a la elaboración de obras profundas como la editada por Everest en el año 2000.

En cualquier caso, es de agradecer a don Antonio cómo integra lo gastronómico en lo festivo, lo social, lo económico e, incluso, en la arquitectura popular. Jamás contempla un plato de modo descarnado, sino que lo integra en un contexto generatriz muy amplio, pudiendo permitirse, dada su formación, vincularlo con la antigüedad y otras culturas.

Y no sólo eso, sino que demuestra cómo sabe trabajar la globalidad y la transversalidad, por ejemplo, cuando cree procedente detenerse a analizar los cantos de taberna, o cuando se fija de modo especial en el simbolismo de algunos platos ingeridos en los funerales o en la Semana Santa.

En este capítulo, como en la mayoría, se puede afirmar que don Antonio se aproximó al tema de modo integral, disfrutando y haciendo disfrutar a los demás lo estudiado. Prueba de lo dicho es cómo implica a toda la comunidad educativa del colegio público zaragozano, que acaba de recibir su nombre, para que recoja recetas de cocina con la finalidad de compartirlas a través de un precioso libro (2001). O cómo sale al frente del fundamentalismo preventivo para argumentar con un trabajo que “el vino también es cultura”.

4. La indumentaria

Los primeros contactos que hace don Antonio con el mundo de la idumentaria vienen asociados a la Prehistoria.

A mediados de los cincuenta, la creación del Museo Etnológico de Aragón, asociado a la donación de una colección de la cultura ansotana, especialmente de su traje, es un factor que va a crear un acrecentamiento del interés que don Antonio ya parece tener.

Así podemos observar como promueve o está fuertemente vinculado a la exposición de trajes regionales españoles efectuada en Zaragoza en 1957.

A partir de entonces el traje de la provincia de Zaragoza y el cheso y ansotano, en particular, aparecerá estudiado o difundido en eventos culturales como las Jornadas de estudios folklóricos aragoneses, siempre visto de modo comparativo, filogenético y asociado a los contextos culturales y económicos.

Es también la GEA (la Gran Enciclopedia Aragonesa) la que nos refleja la amplia concepción que tenía don Antonio para con este elemento cultural, al que siempre añadió, entre otras cosas, el peinado y los adornos.

5. Las fiestas y la religiosidad popular

Como queda dicho, don Antonio fue estudioso, pero también motor de la fiesta. Así, en los años sesenta, de modo parejo al desarrollismo y al nacimiento de las semanas de exaltación de ciertas actividades agrarias, lo vemos participando en la puesta en valor de fiestas como la de la vendimia de Cariñena, de la fruta en Calatayud, o de la oliva en el Bajo Aragón.

Sin embargo es en el capítulo de lo religioso donde más hincapié hace con sus análisis y divulgaciones.

Como en todos los capítulos, lo hace a través del estudio y la divulgación, siendo, a veces, pregonero de la Semana Santa, de la fiesta del Corpus de Daroca, o de San Antolín, en su querida Sariñena.

Siempre concatena este capítulo trenzando los ciclos festivo, biológico y económico.

Como cabría suponer, se pueden superponer los mapas geográficos de lo que estudió sobre el dance con lo que trató respecto a fiestas, advocaciones, ritos y leyendas.

Un buen expositor de sus ideas y conocimientos respecto al tema lo constituyen sus prólogos a mi tesis de licenciatura y de doctorado.

Además de lo dicho, la gran aportación de don Antonio al tema es el cómo es capaz de vincular la religiosidad popular con lo precristiano, el mundo clásico y el cristiano.

Finalmente señalemos cómo es la Virgen de Magallón, la que preside los paisajes monegrinos de su infancia y del mundo de los ancestros, quien recibe, posiblemente, la mayor atención en un universo de estudio que va desde la leyenda de San Virila, en las sierras de navarroaragonesas de Leire, hasta la advocación castellonense a la Virgen de la Valma.

6. El folklore general y su metodología

Don Antonio no parece entrar en disquisiciones sobre las corrientes que envuelven a la Antropología, el Folklore, la Etnología y la Etnografía. Usa todos lo términos, pero cuando se inclina por el segundo ya está señalando su posicionamiento y sus ámbitos de estudio.

De hecho no ha sido la primera vez que con su fino humor, en conversaciones particulares, ha aludido a cierta esterilidad del circuito estrecho de algunos sociólogos, antropólogos y etnólogos.

Don Antonio, como cabía esperar, entrelaza la Historia con la Etnología poniéndola al servicio no sólo de la Universidad sino también de la sociedad, a través de un proceso no etnocéntrico sino creador de lazos y vínculos con todo tipo de culturas.

Para no reiterar lo dicho, remitamos al capítulo en que se considera a don Antonio como motor y promotor, y hagámoslo también hacia dos volúmenes básicos sobre el folklore aragonés, aparecidos en los años 78 y 80, respectivamente.

Además, para comprender el rigor y profundidad con que se acercaba a los temas, compruébese cómo, de modo repetido, aborda los “problemas” de la Etnología o el Folklore aragonés.