Modernismo y Racionalismo en Sabiñanigo

Como continuación a mi articulo titulado “Otras imágenes de Sabiñánigo”, publicado en el nº 145 de esta revista en Septiembre pasado, me permito insistir en el tema aportando otros datos que estimo interesantes para conocer mejor la evolución urbanística de Sabiñánigo.

Mostrador de la Fonda de la EstaciónSabiñánigo-Estación es una ciudad que data de principios del siglo XX. Gracias al ferrocarril que se construyó en el año 1893, floreció un pequeño núcleo de servicios y transporte para los viajeros pudientes que iban a tomar las aguas al Balneario de Panticosa. En las proximidades de la Estación del ferrocarril, se fueron estableciendo las primeras fondas, carpinterías, tiendas de comestibles, herrerías, sastrerías, etc. por gentes de pueblos cercanos como Sabiñánigo-Pueblo, El Puente, Oliván, Cortillas, etc. Por las mismas razones se fundó la sociedad de transporte de viajeros Hispano Tensina en el año 1909, de modo que este servicio quedaba cubierto desde Sabiñánigo hasta el Valle de Tena.

No existiendo un local o espacio cerrado donde reunirse, la fonda de la Estación, construida en el año 1903, era el lugar donde se celebraban todo tipo de reuniones, actos mundanos y religiosos, firmas de escrituras ante notario, tratos comerciales, banquetes, etc. Edificio hermoso de aire modernista, como correspondía a su tiempo, con vistosos mosaicos, mármoles y artesonados y un precioso mostrador con azulejos fabricados en la Cartuja de Sevilla, única pieza felizmente conservada que se puede contemplar con nostálgico placer en la planta baja del actual Auditorio de Sabiñánigo.

Con esta vocación turística, generada por el tránsito hacia el Balneario, fue creciendo el núcleo urbano del nuevo Sabiñánigo, estratégico cruce de caminos entre Jaca y Fiscal (E-O) y entre Huesca y el Balneario o la frontera francesa (S-N), al mismo tiempo que se creaba un necesario enclave de servicios y abastecimiento para los pueblos de la redolada.

Pero a partir del año 1918 todo comenzó a ser diferente: se iniciaba un importante y trascendental cambio de sector económico que, a partir de ahora iba a ser industrial, con la implantación de la empresa Energía e Industrias Aragonesas y más tarde, en el año 1925, Aluminio Español. El desarrollo urbanístico y demográfico subsiguiente fue extraordinario debido a la necesaria mano de obra que la industria requería, absorbiendo a la población rural cercana y atrayendo un importante número de trabajadores de otras regiones, lo que provocó una espectacular tasa de crecimiento.

Estos breves apuntes históricos, primorosamente documentados por Oscar Latas en su libro Los orígenes de Sabiñánigo 1893-1932, me dan pie para exponer el tema objeto de este artículo.

Farmacia de Leonardo Coli. 1978. Fotografía de Leonardo PuérolasEn la época preindustrial de Sabiñánigo las primeras casas que se hicieron eran construcciones muy económicas y simples, escasamente proyectadas o dibujadas por los maestros de obras o albañiles y realizadas con técnicas tradicionales a base de muros de piedra salagón, entramados de madera y cubierta de losa de piedra o teja árabe. Es de suponer que la mayor disponibilidad económica de algunas familias junto a la intervención como arquitecto municipal de Bruno Farina 1 permitió adoptar diseños diferentes en los edificios que se construían, observándose en algunos de ellos indudables rasgos de proyección y calidad estética, claramente diferenciables de las primeras obras. Y en esta labor tuvo también notable influencia el artista catalán Rafael Jutglar, afincado en Sabiñánigo por aquellos años. Me estoy refiriendo, entre otros, a edificios ya desaparecidos como casa Pardina, Hispano Tensina, casa de Alfredo Laguarta, la Farmacia Coli, casa del director de la fábrica de Explosivos (en ruinas), la casa E, casa de Rosendo Biescas, El Barato, la fonda de la Estación o la fachada de la Iglesia de Cristo Rey.

Era la época del Modernismo (art nouveau), movimiento estético surgido en Europa a finales del siglo XIX, que tuvo su influencia en todas las artes. Fue un estilo inspirado en la naturaleza, creativo en las formas y en la utilización de los colores, artesanal, sensual, lúdico y decorativo, sustentado por la burguesía industrial del momento, cuya influencia se iría apagando tras la primera guerra mundial (1914-1918) con las propuestas racionalistas. Las aportaciones de Farina y Jutglar, provenientes de Barcelona, ciudad culmen del Modernismo (Gaudí, Puig i Cadafalch, Doménech i Montaner, Jujol, de Riquer), tenían que dejar su sello personal en el estilo imperante de la época.

Ya no caben lamentaciones por la pérdida de estos edificios (para Sabiñánigo singulares) de los que solo nos quedan las imágenes fotográficas que se conservan. El enorme desarrollo inmobiliario generado por el importante crecimiento demográfico y la falta de conciencia social proteccionista pudo con ellos, desapareciendo para siempre unos testimonios históricos que, en su modesta pero bella concepción exenta de lujos, formaban parte de un patrimonio especial.

Banquete inauguración Iglesia Cristo Rey en la Fonda de la Estación. 1929. Fotografía de María RamónA mediados de los años 20, tras la primera guerra mundial y como consecuencia de la crisis económica, fue emergiendo un nuevo movimiento estético: el Racionalismo. Aparentó ser una réplica a los excesos de ornamentación y costes del Modernismo, valiéndose de los avances tecnológicos en los materiales como el hormigón armado y el hierro pero, sobre todo, había imperiosa necesidad de construir viviendas sociales en donde la funcionalidad y la economía prevalecieran sobre la forma y el ornato (La forma sigue a la función), retornando a los volúmenes elementales y simplicidad en las formas (Le Corbusier, Mies van der Rohe, Escuela Bauhaus). Este movimiento arquitectónico se extiende en Aragón hasta principio de los años 50 (García Mercadal, Borobio) y es en Huesca capital donde se encuentran sus mejores ejemplares, siendo también Bruno Farina junto a Antonio Uceda algunos de los arquitectos oscenses que fueron influenciados por este estilo.

Y ¿de qué modo afecta el estilo racionalista a Sabiñánigo?. En un edificio, mejor dicho: en la fachada de un edificio que es el antiguo Cine Escalar. Por muy visto que lo tengamos y los avatares constructivos que haya sufrido, este edificio fue proyectado por Antonio Uceda y refleja claramente, en los trazos y en la sencillez de su fachada, las líneas básicas que definen al estilo racionalista.

Por tanto, desaparecidos los antiguos edificios citados con anterioridad, en su mayoría modernistas, los únicos edificios dignos de resaltar representativos de un estilo arquitectónico definido y que todavía “resisten” son: la casa de Explosivos (modernista, en ruinas) y la citada fachada racionalista del Cine Escalar. Y para resistencia secular, preservada en el tiempo gracias a su secular función, hay que reseñar al edificio más antiguo de Sabiñánigo, origen de su fundación y que dio nombre al Barrio: la Estación. Edificio como muchos de los construidos en las estaciones de ferrocarril españolas que, por su simbolismo histórico para Sabiñánigo (y ya desaparecida su espléndida fonda), son 115 años de vida que bien merecen su protección.

Notas: 1 Bruno Farina González-Novelles (1895-1968), nacido en Filipinas, estudió arquitectura en Barcelona y fue arquitecto municipal y de Hacienda en Huesca y también de Ansó, Sabiñánigo y Alcolea de Cinca hasta que el año 1934 se trasladó a Zaragoza como arquitecto del Catastro. Obras importantes suyas en Huesca son: el edificio de Hacienda, las casas de la avenida del Parque, el teatro Olimpia o la Escuela Normal. (Nota biográfica extraída del libro Las Casas del Parque, de Lucía Broto Callén.)