En recuerdo de Mariano Laborda, un músico de Senegüé.

Imagen de Garcés Romeo, José

Senegüé. 2-5-2009El pasado día 26 de diciembre de 2010 fallecía tras larga enfermedad Mariano Laborda Lardiés. Había nacido en Senegüé el 1 de diciembre de 1921, en Casa Francho, y ya con tres años emigró a Francia con su familia en busca de mejores horizontes. Allí se introdujo en el mundo de la música empujado por su propio padre, Señor Víctor, también aficionado a la música. En 1932 regresan a Senegüé iniciando propiamente su etapa musical. Por entonces era la bandurria su instrumento preferido que tocaba junto a su padre y el Señor Isidro de Casa Sastre en los bailes del pueblo.

Ya en la postguerra entabla contacto con otros músicos formando un grupo que recorrerá toda la comarca amenizando verbenas y fiestas (Domingo Jiménez "Gella", Antonio Aso "Antonino", etc ). Su hermano mayor, que se había quedado en Francia, le trajo su primer violín, aunque fuera de segunda mano. A partir de ahí ese será su instrumento predilecto, aunque también tocará con maestría la guitarra si venía la ocasión.

A mediados de los cincuenta "aparcó" su violín, salvo en ocasiones puntuales que tocaba entre las gentes de su propio pueblo. En el año 1967 se traslada con su familia a vivir a Sabiñánigo. Al jubilarse, ya en los ochenta, retoma la actividad musical junto a otros músicos formando la orquesta "Nostalgia" en el Hogar de la Tercera Edad de Sabiñánigo. Paralelamente, durante varios años dirigió el Coro de la iglesia parroquial de Santiago.

Gran parte de aquella música que tocó el Señor Mariano ha quedado salvada para la posteridad en dos CDs estos últimos años gracias a los desvelos de Antonio Javier Lacasta y José Ángel Gracia. Y, por supuesto, tocando junto a su gran amigo Antonio Aso ligado íntimamente también a Senegüé.

A pesar de haber transcurrido tantos años desde que se fue de su pueblo natal, sus gentes siempre le apreciaron y tanto es así que en mayo de 2009 recibió, junto a Antonio Aso "Antonino", un emotivo y merecido homenaje que fue extensivo a sus familias respectivas.

En fin, Señor Mariano de Francho siempre tendrá un hueco en el corazón de sus viejos convecinos. Desde luego, para quien suscribe estas pocas líneas su recuerdo pervivirá para siempre.