Arte románico del Gállego: el "románico aragonés"

Resumen de la charla pronunciada el 27 de mayo de 2011
dentro de los actos del 40 aniversario de "Amigos de Serrablo"

El interesante grupo de iglesias de Serrablo fueron redescubiertas en el verano de 1922 por Rafael Sánchez Ventura, Íñigo Almerch y el fotógrafo Joaquín Gil Marraco librándolas del olvido.

Sería la feliz coincidencia en tiempo y espacio de dos personalidades tan poderosas como las de Antonio Durán Gudiol y Julio Gavín Moya, canónigo archivero de la catedral de Huesca y concejal de fiestas en Sabiñánigo respectivamente, la que propiciaría la recuperación de las mismas y el nacimiento en 1971 de la fértil asociación cultural de "Amigos de Serrablo".

A lo largo de los años, persistiendo hasta nuestros días, se vienen expresando una serie de opiniones en ocasiones contrapuestas acerca del origen de este tipo de templo tan bien definido en su modelo como repetido una y otra vez en la zona con muy pocas variaciones formales. Las posturas se reparten entre los conocidos como "mozarabistas" y los "alpinistas" por sostener hipótesis de que estamos ante templos de origen mozárabe o de que su influencia hay que buscarla en el románico lombardo.

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En 1922 sus redescubridores hablan al referirse a los mismos de templos que "parecen traducir un mozárabe mal interpretado". En 1934, Manuel Gómez Morenos habla de "Obra de arquitectos andaluces a finales del xi con matices mozárabes y lombardos". En 1943 José Gudiol Ricart y Antonio Gaya Nuño niegan el carácter lombardo y hablan de primer románico aragonés con influencias mozárabes. En 1951 Manuel Gómez Moreno se decanta por el mozarabismo. En 1966, Francisco Íñiguez establece paralelismo entre las torres de Serrablo con las de la localidad de Bosra en Siria. En 1971 Ángel Canellas y Ángel Sanvicente los definen como protorrománico del s. xi. Y en el mismo año Íñigo Almerch los define como obras de colonización de los siglos x-xi con matices musulmanes y carolingios. En 1973 Durán Gudiol lo muestra como arte aragonés en los siglos x y xi. Mozárabes con influencia musulmana. Para ello se apoya en sus características torres, arcos de herradura y alfices. En 1982 Fernando Galtier, Manuel García Guatas y Juan Francisco Esteban en su obra "El nacimiento del Arte Románico en Aragón" apuestan por románico lombardo de la segunda mitad del xi. En 1989, Durán Gudiol en su interesante obra "El Monasterio de San Pedro de Siresa" reafirma su mozarabismo y apunta tradición visigoda en las primeras iglesias. En el mismo año Isidro Bango Torviso lo define como "Arte de repoblación" señalando un continuismo con el arte hispanovisigodo. También en 1989 Jaime Cobreros en su obra "Itinerarios románicos por el Alto Aragón" revisa tesis mozarabistas y alpinistas, decantándose más por la segunda. En 1994 Adolfo Castán defiende la postura del mozarabismo. En 1997 Manuel García Guatas en su obra "El Arte Románico en el Alto Aragón" se reafirma en tesis lombardista, descalificando al mozarabismo. En 2002 José Luís Aramendía en su obra "El Románico en Aragón" los muestra como arte románico de la segunSERRABLO 52 da mitad del xi. En 2007, A. García Omedes en su pagina web los define como "un endemismo del arte románico previo al románico pleno y con elementos que lo vinculan fuertemente al lombardo; pero aderezado con una serie de guiños hacia el mozarabismo/islamismo o al antecedente hispanovisigodo, según se mire" (citado en "Las Iglesias de Serrablo" de José Garcés y José Antonio Duce).

En fin, que de momento así está el estado de la cuestión sobre el que estoy seguro se seguirá opinando, porque el Románico del Gállego es tan particular que no permite su fácil encasillamiento. Por ello mi propuesta es la de añadir un eslabón más a la tradicional sucesión de momentos edificativos quedando como sigue: Arte Lombardo – Románico del Gállego – Románico Pleno – Arte Cisterciense.

Las iglesias-tipo de este delicioso estilo del "Románico del Gállego" comparten una serie de elementos comunes y repetitivos. Algunos de ellos los señalaré a continuación: Son templos edificados con bloques de sillarejo apenas trabajado a maza, material muy abundante en la zona en los frecuentes afloramientos de los flysch eocénicos del Gállego. Sus cabeceras muestran entre dos molduras tóricas una decoración de arquillos ciegos apeados en lesenas. Sobre la moldura superior, corre un friso de baquetones que les aporta un toque distintivo y característico. Baquetones que no son sino lajas atizonadas con su borde libre redondeado en modo similar a lo hecho con las piezas que componen las mencionadas molduras tóricas. En vanos de acceso y en embocaduras absidales se utilizan arcos de falsa herradura resaltando esta sensación por medio de impostas biseladas. Los presbiterios son muy estrechos, atróficos. Se utilizan columnas formadas por sucesión de lajas cilíndricas con capiteles y basas compuestas por una sencilla laja colocada de modo horizontal. En los vanos de presbiterio, hastial, así como en las torres, se construyeron parteluces cilíndricos y arquillos de herradura, rehundiéndolos en alfices al modo islámico.

Las naves por lo general cubrieron con techumbre de madera a dos aguas a excepción de San Pedro de Lárrede, que se vino abajo y fue restaurada en 1933.

Los templos pertenecientes a este estilo, con su común denominador del friso de baquetones son: San Juan Bautista de Busa, San Pedro de Lárrede, San Andrés de Satué, San Martín de Oliván, Santa Eulalia de Susín, Santa María de Isún de Basa, San Úrbez de Basarán (En Formigal), Iglesia del Nacimiento de Jesucristo de Otal, San Juan Bautista de Rasal, San Juan Bautista de Banaguás, Santa María y San Miguel de Lerés, San Bartolomé de Larrosa de Garcipollera, San Pedro de Lasieso, Santa Eulalia de Orós Bajo, San Andrés de Nasarre, San Martín de Ordovés, Santa María de Sescún en Santa Eulalia la Mayor.

El friso de baquetones, esa decoración que las reúne más allá de las variaciones formales de sus cabeceras, tiene su antecedente estilístico en la decoración que en los templos lombardos adorna la porción de sus cabeceras situada por encima de los arquillos ciegos. En unas ocasiones, como en el ábside central de Obarra, esta decoración muestra un entramado de celdillas romboidales. Otras veces hallamos frisos de esquinillas compuestos a base de sucesión de pequeños bloques cúbicos de piedra dispuestos con una arista saliente mostrando un aspecto dentado. Frisos de esquinillas que en algún lugar como en el Monasterio de Alaón se disponen en tres hileras superpuestas y tresbolilladas. También en este monasterio podemos hallar en sus naves decoración similar; pero con los elementos pétreos colocados con su lado plano en vez de mostrar la arista, lo cual junto a un tresbolillado dejando espacios huecos, genera un efecto visual de ajedrezado, quizá antecesor del tan difundido ajedrezado jaqués.

En las iglesias de Serrablo, la decoración de esa zona de las cabeceras la resolvieron genialmente colocando de modo vertical y consecutivo una sucesión de lajas con su borde libre redondeado generando el archiconocido efecto visual del friso de baquetones.

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Puesto que hablamos de modelos y de su evolución, es obligado dar un vistazo, siquiera sea de conjunto, a la evolución del templo medieval en el Alto Aragón. Para ello hay que volver la vista a un lugar clave en la zona norte de la comarca de las Cinco Villas. Me refiero al enclave arqueológico de Corral de Calvo, monasterio alto medieval de hacia 1030-1035 fundado por Sancho III el Mayor de Navarra y ubicado en cabecera del río Arba de Luesia a los pies de la sierra de Santo Domingo. El templo, orientado, muestra dos ambientes muy bien definidos y separados: la nave, de planta rectangular y la cabecera prácticamente cuadrada y con su cabecera plana siguiendo motivos de tradición hispanovisigoda. Nave y cabecera están separadas por un muro diafragma perforado por un vano de medio punto que delimitando espacios sagrado y profano, permite el tránsito entre ellos.

Prácticamente con la misma forma en planta, se descubrió la primitiva iglesia de San Pedro de Jaca, poco a poniente de la actual catedral y en la plaza del mismo nombre. Las excavaciones de 2003 la pusieron de manifiesto, así como a una amplia necrópolis de lajas en su entorno. Fue de nuevo cubierta y señalada con una línea blanca en el pavimento para recordar la planta del templo subyacente.

Con la misma disposición de cabecera plana aunque sin la delimitación cabecera-nave vista en las anteriores, la ermita de San Julián de Asprilla en Espuéndolas sigue la tradición hispano-visigoda de los templos de repoblación impulsados por Sancho III el Mayor. En este templo, probablemente el de mayor antigüedad de la Jacetania, aparece un elemento clave cual es la portada con arco de herradura de influencia visigótica. Recientemente restaurado y recuperado para el culto es sin duda un referente de primer orden en la comarca.

Siguiendo este modelo, los templos de Santa María y San Julián de Espierre repiten cabeceras planas y vanos de acceso de herradura.

Hemos de volver la vista hacia la Hoya de Huesca en su porción limítrofe con el Alto Gállego para encontrarnos con una curiosa y excepcional simbiosis entre dos modelos edificativos que triunfan y colisionan en Aragón. Me refiero por una parte al arte lombardo, que se extendió de este a oeste siendo mayoritario en la zona de la Ribagorza y cuya preponderancia fue frenada por el triunfo del modelo cluniacense del románico pleno. Y por otra parte al modelo hispanovisigodo, vehiculado a través del reino de Navarra hacia el Alto Aragón.

Cabecera planas de tradición visigoda decoradas con frisos de arquillos ciegos apeados en ménsulas al modo lombardo, coexisten en las deliciosas iglesias de Belsué y Santa María de Belsué que Durán Gudiol definió como los últimos vestigios del arte hispanovisigodo, datándolas alrededor de 1060.

Otros templos del entorno más o menos próximo en los cuales rastreamos elementos que veremos repetidos en las iglesias de Serrablo son: Santa María de Buil, lugar que fuera cabecera de Sobrarbe antes de la conquista de Ainsa. Es un edificio de influencia carolingia acreditada por la existencia de tribuna a los pies del templo, cuya cabecera triple evoca de modo tosco lo que veremos en las iglesias serrablesas: moldura tórica inferior y arquillos ciegos apeados en lesenas como decoración de sus cabeceras.

  -  Próximo a la anterior y dominando el valle del Cinca se halla el abandonado lugar de Morcat. Su iglesia posee al interior apeos a base de columnas cilíndricas segmentadas con losas planas como capiteles, al igual que veremos en las iglesias serrablesas. En la cabecera, dos ábsides semicilíndricos flanquean a una cabecera plana de la que tengo dudas si es rehecha u original. Tan solo una prospección arqueológica nos daría seguridad acerca de este extremo.

A la orilla del Gállego represado en el pantano de la Peña, está la localidad de Triste. Su interesante iglesia muestra vestigios arcaicos evolutivos como son ventanita en la base de la torre con arco de herradura al modo de San Bartolomé de Gavín, cabecera plana, estructura de "espiguillas" en sus muros ("opus spicatum"), y sobre todo el uso de columnas cilíndricas segmentadas con losas planas como basas y capiteles, modelo que se también se utilizará en las iglesias de Serrablo.

En el recientemente descubierto monasterio de San Pelay de Gavín volvemos a encontrar columnas cilíndricas segmentadas con lajas a modo de basas y capiteles así como vanos con perfil de herradura además de moldura tórica y arquillos lombardos en la cabecera de su nave sur.

Como colofón, señalar al magnífico templo de San Bartolomé de Gavín al que yo siento como el eslabón de unión entre el arte hispanovisigodo y el románico del Gállego.

Se trata de un templo de cabecera plana con torre añadida en la que podemos encontrar una deliciosa ventanita de arco de herradura con dintel y en altura decoraciones a modo de rosetas que semejantes en estructura circular a lo visto en la mencionada ventana. Al interior, la comunicación entre nave y torre se efectúa por un soberbio vano azaguanado con sensacional arco de herradura de tradición visigótica.

En altura se le añadió un último cuerpo ya en clave absolutamente Serrablesa: Ventanitas de triple vano con parteluces a base de columnillas cilíndricas hechas a base de pequeñas rodajas y rematadas con arquillos de herradura. Más arriba entre moldura tórica y dos hiladas escalonadas de lajas, el emblemático friso de baquetones que define el estilo.

Creo que todas estas peculiaridades edificativas confluyeron en la zona de Serrablo propiciando un estilo particular de arte basado en buena parte en el modelo lombardo del que toma prestada la edificación con sillarejos, la cabecera semicircular, el presbiterio atrofiado y las arcuaciones ciegas sobre lesenas; esquivando las bóvedas de arista que probablemente ya no supieron edificar.

A ello añadieron vanos de herradura de tradición hispanovisigoda y detalles de evidente influencia islámica como los rehundidos de sus vanos o las torres al modo de lo visto en Siria.

Una afortunada combinación de elementos e influencias cuyo resultado es un arte nuevo y diferente a los antecesores. Es el Románico del Gállego. Es el Románico Aragonés.