Efemérides de un legado

Efemérides:
Sucesos notables ocurridos en diferentes épocas.
Legado:
Conjunto de bienes o cosas que una persona deja a otros para su uso y disfrute.

Cuando el siglo ha doblado la esquina y la vida devuelve el eco de acontecimientos ocurridos hace cuarenta años y de otros más cercanos de hace solo veinticinco, nuestro pensamiento se dirige hacia la herencia recibida que nos llega envuelta en ese eco que produce la efeméride que articula nuestro recuerdo.

Hay hechos en el acontecer de la persona que, si al inicio ya son singulares, con el transcurso del tiempo, o se agotan por varias razones, o elevan su calidad apreciando valores que apoyan esa singularidad inicial. Esto último es lo apreciado ahora en el recuerdo.

Es curioso, o quizás no tan curioso por lo evidente, contemplar su herencia, su legado tanto social como cultural, tanto para la tierra que lo vio nacer, como para todos los que han compartido sus inquietudes, desvelos –muchos– preocupaciones –más aún– y reconocimientos –pocos al principio, muchos finalmente, cuando su obra ya estaba enfocada, encaminada y la de mayor peso y sacrificio personal ya realizada.

Sin duda alguna no es fácil lograr que una "familia" de amigos con fines altruistas y épicos se transformase con los años, cuarenta hoy de ese inicial encuentro, en una fundación que toma el nombre del paraje que casi nadie, fuera de la localidad, conocía. Y que esa cuadrilla de amigos –por citar de memoria: Javier, Enrique, Pepe y otros pocos más– sacrificasen, ante la incomprensión de quienes deberían haber dado incondicional apoyo, domingos y fiestas de guardar a reconstruir edificios religiosos, muchos de ellos prácticamente en ruinas que, de no ser por ellos, hoy sus piedras formarían parte de muros y bancales de los campos circundantes.

Borrés (19-4-1984): Julio dibujando el crucero con su nieto Toñín. - Fotografía de José Garcés.

Tal era el entusiasmo en la aplicación de esos menesteres, que para la reparación y restitución urgente de, por ejemplo, cubiertas y evitar inundaciones, el jefe de la inicial "colla" se hubo de entrampar con créditos personales para poder abonar los jornales y materiales necesarios, tal como él me contaba nuestros diversos encuentros.

Pero es que, además, el primer paso para indagar formas y sistemas constructivos ya desaparecidos comportaba disponer de levantamiento de planos de lo existente y reconstruir sobre el tablero lo que posteriormente habría de realizarse, lo que efectuaba él personalmente.

Gracias a este personal trabajo y sacrificio, hoy podemos admirar y gozar de una historia renacida y admirar esa película rebobinada que nos hace revivir una arquitectura viva y digna.

Que lo podría haber hecho otro, es posible, pero fue él y precisamente él y no otro, quien con su entusiasmo, trabajo y energía arrastró a un puñado de personas, pequeño al inicio y más numeroso después, quien hizo posible la obra, para que hoy, cuarenta años después, podamos percibir su legado cultural.

Pero hay algo más, a mi entender creo que mucho más. Este esfuerzo, a pesar de su humildad, lo quiso explicar allí adonde iba. Mediante fotografías y diapositivas, tanto de la obra acabada como de lo que iba sucediendo durante su ejecución, pudo dar testimonio en otros muchos lugares, tanto en la comarca como fuera de ella, de lo que pocos conocían.

Estos eventos se fueron dando a conocer mediante publicaciones, una revista periódica con colaboraciones de plumas de gran prestigio –alguna de ellas de los propios colaboradores del equipo– a la vez que libros, guías y recorridos personales por la zona.

Hay aficiones que transpiran emociones, que se manifiestan en lo seriamente ejecutado. Así como hay personas que en su trayectoria vital desarrollan una energía capaz de arrastrar con entusiasmo a cuantos les rodean. Y en este caso estamos.

No fue suficiente con dejarnos un patrimonio arquitectónico enmarcado en la historia para disfrute en el momento actual, sino que, siguiendo esa labor socio-cultural, no hubo lugar en la comarca que él no hurgara hasta conseguir material para crear una colección de arte popular en la que recrear utensilios domésticos, hasta formar un museo único en aquel momento en la zona. Se instalaron en él muestras de sistemas tradicionales de construcción, piedras labradas que de otra forma estarían en manos de la especulación, maquinaria para elaborar textiles, o piezas de cerámica que recogía con cuidado y restauraba con mimo. Hasta convertir esta exposición permanente en un importante museo de su especialidad, completado con una biblioteca, magnífica en la actualidad, dentro del mismo edificio debidamente restaurado.

Al frente de este museo puso a personas de inestimable calidad humana y cultural que, aparte de mantener lo recogido, siguieron ampliando el museo con piezas hasta convertirlo en lo que es hoy, el orgullo de la comunidad.

Los años pasan y parecería que aquí se daba fin a esta gran labor personal, pero conociéndolo no fue así. Hoy una nueva efeméride nos hace retrotraernos veinticinco años atrás.

Pero rebobinemos la película, volvamos un momento a aquel día de mi encuentro con él. Todos saben de mi personal afición al dibujo del natural, fundamentalmente de pueblos y edificios abandonados, que posiblemente, mediante estos dibujos, se podrá recordar que existieron. Desde la carretera que nos alejaba de Sabiñánigo veíamos unas ruinas de unos muros, que muchas veces quisimos visitar. Por fin un día lo hicimos, era la localidad de Larrés.

Libreta de faltriquera en ristre me puse a tomar unos apuntes, a la vez que vi caminando hacia nosotros a una persona con pantalón azul oscuro, camisa blanca y lustrosos zapatos. Yo sentado en mi piedra, dibujando las ruinas, intercambiamos breves saludos: "¿Dibujando, eh? Si señor, aquí estoy haciendo unos apuntes. Pronto podrá ver usted un museo dedicado al dibujo. Pues aquí tiene usted uno, se lo regalo". Así fue el comienzo de una amistad que duraría toda la vida.

Resultó que nuestras afinidades personales, incluida nuestra mutua pasión por el dibujo, se afirmaron y convirtieron en una verdadera y durable amistad, incluyendo a nuestras respectivas esposas ya perdidas, como él, para siempre.

Pertenecía a esa clase de hombres amantes del arte y muy concretamente del dibujo, a la vez que amante de su pueblo. De esas personas que van dejando tras ellas huellas duraderas, en este caso instituciones, cuyos herederos en su dirección y organización han sabido honrar a quien, con su esfuerzo y tenacidad, las hizo posibles.

Se adaptó a su tiempo y a las circunstancias que le tocó vivir y con la tozudez proverbial de su tierra fue consiguiendo unas aportaciones de dibujos hasta formar una colección colectiva de obras única en su género, dentro de su lógica diversidad. No paró en su dedicación y gestión hasta disponer de un edificio para albergar en sus salas esta obra gráfica. El magnífico castillo de Larrés hubo de sufrir una restauración y adecuación que le llevó a la efeméride que hoy celebramos: los veinticinco años de su inauguración. Poca cosa, si no tuviéramos presente la labor efectuada antes y lo que representa ahora su legado para la sociedad en general y para Aragón en particular.

Su profundo conocimiento del dibujo le llevó a seleccionar a los artistas a los que invitaba a formar parte de los fondos, qué artistas le eran necesarios para disponer de sistemas, procedimientos y técnicas gráficas de diferentes modos y maneras que contemplasen zonas oscuras o no representadas en las salas que él había dispuesto.

Le produjo una gran satisfacción, como reconocimiento y difusión de su obra, el hecho de que mi última clase del curso de doctorado en arquitectura, impartida a un grupo de arquitectos aragoneses del Colegio de Arquitectos de Zaragoza, la pronunciase en el museo que él había creado.

Decía antes que fue él y solamente él quien creó este museo, al igual que antes había fundado el de las artes tradicionales, e inicialmente la asociación de amigos de Serrablo. Por todo ello, por su legado y por haberme honrado con su amistad, gracias Julio.

Ules, Asturias - Dibujo de Julio Gavín