El mosen de Otín y Nasarre, Enrique Bordetas

En el curso de unas investigaciones de especial interés dialectal para el aragonés que pronto daremos a conocer, nos apareció de manera tangencial la figura de un párroco altoaragonés que fue destinado a los confines orientales de la Sierra de Guara, al pueblo de Otín y a su anexo de Nasarre. Este último lugar está a tan solo una hora a pie de Bara y formó parte histórica de Serrablo, como luego veremos.

Enrique Bordetas Mayor, como se llamaba este mosen, nació en Estada (Somontano de Barbastro) a finales del siglo XIX. Pocos datos sabemos de él, al que encontramos citado por primera vez como párroco de Otín en el año 1912, aunque ya estaba en dicho destino desde unos años antes. Posteriormente fue trasladado a las proximidades de Huesca como párroco de Marcén (1916), de Piracés (1924) y de Quicena (1933) hasta la Guerra civil. Allí se nos pierde la pista.

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Aficionado a la escritura, publicó varias obritas: "Hacer la pascua" (Barcelona, 1915), el breve sainete "Entre marido y mujer", que, ambientado en Graus, está fechado en Otín en mayo de 1915 y fue publicado en el periódico El Ribagorzano, un poema "Carta batalera" y una narración "Papirroy y Codibllanca" en la revista Aragón de 1935 y algún que otro poema suelto inédito, todas ellas escritas en su "fabla rivagorzana" que se habla en el Somontano de Barbastro.

Aunque tal vez lo que más le gustaba era publicar cartas en los periódicos oscenses, (articulero, denominaba él a los que ejercían esta afición), todas con pseudónimos, que enviaba simulando ser el corresponsal de distintos pueblos en los que ejercía de párroco, de tal modo que fechaba sus escritos un día en Otín, otro en Nasarre, otro en Las Almunias, en Letosa o en Rodellar, y en las que hablaba "de esas luchas personales tan pequeñas por rencillas lugareñas", como las denominó su amigo Mariano Loscertales de Adahuesca en una carta de junio de 1913, cuando tuvo que salir en su defensa por otra que el cura había escrito en un periódico oscense.

Si son pocos, como acabamos de señalar, los datos que tenemos sobre su trayectoria vital, no ocurre lo mismo con su retrato físico y moral, del que tenemos una precisa descripción en la prensa oscense de la mano de Ramón Cabrero, alcalde de Rodellar, quien el 8 de mayo de 1913 realiza una semblanza de dicho mosen en el periódico liberal Diario de Huesca, bajo el título "Un cura fenómeno" y que reproducimos a continuación:

"El personaje en cuestión es don Enrique Bordetas Mayor, cura párroco de Otín, la parroquia peor de la diócesis de Huesca y el pueblo más huérfano del orbe; hombre de elevada estatura, de gallarda presencia, corpulento, hercúleo, de mirada serena, de voz estentórea y de fortaleza metálica, y célebre por todos conceptos. Este cura ordenado, pero sin orden, insociable hasta con sus compañeros de profesión más próximos, á sus fieles convecinos les arredra con sus amenazas, desacredita á la Guardia civil, agravia al recaudador de contribuciones, ofende á la Corporación municipal y á todos con dichos y escritos contra justicia, á los primeros tratándoles de borregos é irracionales y otros epítetos más mortificantes".

De su obra en estos medios de comunicación escritos, transcribimos tal como se publicó un artículo que apareció el viernes 19 de julio de 1912 en el periódico Voz de la Provincia, editado en Huesca, bajo el título de "Crónicas montañesas" y que da buena muestra del carácter de este párroco. Aunque está muy castellanizado, es interesante por su temprana fecha de publicación en un diario con aragonesismos propios del aragonés baturro del Ebro y no de su aragonés natal, tal vez para ocultarse y confundir:

"Cuando uno recibe noticia de un tal viril gesto de un sacerdote genuinamente baturro, en el recto sentido le entran á uno ganillas de agarrar un cuévano, emplazarlo en el centro de la plaza pública, frente al foco chupoptericio caciquil, y endilgar al pueblo, siempre de verano y no soberano, la siguiente perorata, en el estilo netamente baturro que uno mamó:
¡Hijos míos, mis paisanos! Lo q'hago yo ahura, es bien neto; deciros que nos sus fieis d'ixos mesaches que quien esser alcaldes de rial; y deputaus de cuna de crío, porque ellos to lo'stropian. Los unos en los monecipios, hacen la vista gorda, pa que no les pasen cuentas, y campa to hijo de vecino puande quiere y se reniega y s'altroja al prójimo á satisfaución de los perillanes; y los otros, to lo q'hacen, l'hacen pa ellos, pa su alma. L'otro decía uno: «si yo m'alcontrase mil duros, pa ratos los golvía»; y yo l'dije: «¿tú sabes lo que q'hay d'un ladrón á un hombre honrau?»

Y otro,

¡hijos mios, míos güenos misaches! aseguraba, que si se encontraba una onza, no la golvería aunque le dasen quince duros de propina; porque hicía q'aun perdería un duro. ¿Amos á dale una güena reprimenda á tos ixos granujas que con su poletica y sus artimañas ejan sueltos a to los pillos? ¿Qué rediezla se meten con curas ni flaires, si ellos son pior q'un dolor? No tos olvideis d'aquella copla que yo tos cantaba una vez en la ilesia:
El dia q'os labradores / vaigan juntos á rondar / los pillos de los caciques / tendrán q'irse á pajentar.

El corresponsal de Letosa

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Habiendo tenido el obispo noticia de su proceder y de sus ideas políticas, debió prohibirle o aconsejarle que no siguiese aquel camino, porque en aquel diario no volvió a escribir en mucho tiempo; pero lo hizo, poco después y también con pseudónimo, desde Otín, en otro diario de Huesca. El mismo Ramón Cabrero que antes nos describió a este "cura fenómeno", volvía a escribir en el Diario de Huesca el 10 de mayo de 1913, aportando más datos de nuestro singular personaje y no dejándolo, la verdad, muy bien parado. Así, nos comenta que en esta zona oriental de la Sierra de Guara "no se profana ningún cementerio, si no son en los que asiste el cura de Otín, que cuando se lleva un burro como fuerza motriz para trasladarse á las aldeas de su cargo, se permite el lujo, desfachatez y sinvergüenza de dejar el burro pastando en el cementerio, hasta que termina su obligación ó se marcha de la aldea; él es el único que profana el sagrado recinto de Otín, de corral de sus gallinas; él es quien profana los cementerios, segando ó permitiendo segar la hierba que produce la tierra de esos recintos, y como él es quien los denuncia y quien los profana".

Como vemos, los métodos utilizados por mosen Enrique Bordetas chocaban con las costumbres lugareñas. Las críticas sobre él recaían no solo en su labor pastoral, sino también en la conservación del patrimonio cultural, en concreto, sobre el estado del edificio de San Andrés de Nasarre, datado en el siglo xi y perteneciente al arcedianato de Serrablo en los siglos xiii y XIV. Se trata de un templo románico de igual factura que nuestras iglesias de Serrablo, a las que, sin duda, pertenece, y en el que destaca el ábside de tambor, que presenta en su exterior la típica base de once arquillos ciegos lombardos y friso de baquetones, similar al resto de nuestras iglesias, según afirma A. Durán Gudiol. En concreto, las críticas de Ramón Cabrero sobre el estado de conservación de la iglesia decían así:

"La pasada Cuaresma, decían los vecinos de Otín, que no había celebrado misa más que algunos tres días de fiesta en aquel pueblo, y que ya olvidaban hasta el camino de la iglesia. Unido esto á que las iglesias, la de Nasarre en especial, están en estado lastimoso, porque cuando llueve tienen que estar en la iglesia con el paraguas abierto, los pacíficos vecinos de esas aldeas se concretan á oír misa en algún día extraordinario y con peligro de que no mueran "en loseta", advirtiendo que tal vez algunos ni aun en días extraordinarios vayan por miedo al cura, porque se han dado casos de desafiarse este y algún vecino en la puerta de la iglesia, así como el de ir el cura con una escopeta á desafiar á su propio domicilio á un pobre labriego".
Muchos días más debieron de ir con paraguas los vecinos de Nasarre a la iglesia, porque el templo no fue restaurado hasta 1998, gracias a lo cual presenta hoy una bella factura, como podemos apreciar en las fotografías que ilustran este artículo y que nos facilita el especialista en el tema de los despoblados del alto Alcanadre, Arturo González.

No tenemos más datos de esta historia, pero, al parecer, mosen Enrique Bordetas, abandonó Otín, por ser trasladado a la Comarca de Monegros, como párroco de Marcén en 1916. Quede fijada, al menos con este artículo, la semblanza de este personaje popular que todavía conserva en su memoria la tradición oral de nuestras montañas.

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