A la Torre de la Iglesia de Lárrede

Cual un dedo que señalara al cielo
Como punto final de mi camino,
Te yergues, satisfecha, con tu sino
Sobre la tierra firme de tu suelo.

Para mí eres, sin duda, el gran consuelo
De esta vida que es sólo desatino
Porque me muestras cual es mi destino
En el que colmaré mi gran anhelo.

Tus piedras son testigos silenciosos
E historia de la historia de unas gentes
Que a tu sombra vivieron orgullosos
Y bebieron, con ansia, de las fuentes
De aquellos seres poco poderosos
Pero que por ti misma eran creyentes.