San Juan de Busa, ¿fue siempre así?

Leonardo Puértolas Coli



INTRODUCCIÓN

Prestar atención a los materiales y estructura de la ermita de San Juan de Busa y contemplar su especial silueta me ha motivado a indagar en su génesis y evolución constructiva, deduciendo de ello algunas ideas que intentaré justificar. Y como estas surgen de temas puramente constructivos ya me encuentro en un terreno más conocido en el que opinar sobre sistemas y procesos constructivos, conceptos técnicos que son fuente de información imprescindible para interpretar un edificio. Lo cual me llevará a dudar o disentir, con la debida cautela, de algunos supuestos más o menos asumidos.

Los medievalistas reconocen los escasos datos documentales del tiempo en el que se fraguó el arte románico “El arte románico, por lo lejano en el tiempo y la falta de documentación, es campo abonado para todo tipo de elucubraciones”. F. J. Ocaña Eiroa: Amigos del Románico., época feudal fundada en una sociedad estamental jerarquizada “Oratores, bellatores y laboratores”., básicamente rural, donde la Iglesia velaba por la propagación de la fe y en cuyos monasterios San Andrés de Fanlo y el abad Banzo, guardián del rito mozárabe o hispano-visigodo, que se opuso al rito romano exigido por el rey Sancho Ramírez y así acabó sus días el abad en San Martín de Cercito. D. Buesa Conde. Serrablo, n.º 100. Jnio-1996. los monjes promovían el impulso constructivo sacro y la cultura; los reyes y la nobleza hacían sus guerrasy el pueblo, campesino, comerciante y artesano, estaba a merced de los primeros, que gozaban de todos los privilegios. En ese contexto social se situará esta recreación teórica, relacionando una praxis constructiva con un modelo artístico muy definido y localizado, aunque controvertido en cuanto a su datación, autoría e influencias, cuestiones que quedarán siempre para la investigación y discusión entre eruditos.

EXPOSICIÓN

En 1973 don Antonio Durán Gudiol publicó el libro Arte altoaragonés de los siglos X y XI. Sobre Busa decía: “En el exterior del ábside, debajo de un aditamento triangular de fecha tardía, obrado con el fin de prolongar el tejado de la nave a dos vertientes...”; más tarde apuntaba: “El ábside, que al parecer nunca fue abovedado...”. Otros autores mantienen que la ermita conserva su estado originaly que, por tanto, no ha sufrido alteraciones. Esto es lo que me atrevo a poner en tela de juicio y lo razonaré así:

  1. Se le ha supuesto al maestro de la ermita como poco experto o limitado por no saber construir las bóvedas. Coincidiendo en el tiempo con la iglesia de San Pedro de Lárrede y próxima a esta, no parece lógico que el rigor monacal imperante e incluso el propio prestigio de los maestros acreditados dejasen al albur de un inexperto la construcción de esta obra sacra Aunque lo encargó un noble, Ramón Guillén, es de suponer que el control conceptual fuera del abad Banzo. que, sin embargo, muestra una pericia fuera de toda duda, con un ábside exquisito y aportes singulares como la trífora de la fachada de poniente, marca de Amigos de Serrablo, o la inscripción en el arco de entrada “No hay más Dios que Alá”. C. Enríquez de Salamanca. Rutas del románico en la provincia de Huesca. (palmetas) que se interpreta como caligrafía árabe antigua, única en estas iglesias, o como símbolo cósmico-religioso atribuido a los supuestos epiciclos u órbitas planetarias que decoran este enigmático arco J. F. Esteban Lorente: “Unas cuestiones simbólicas del románico aragonés”..
  2. Los arcos fajones iniciados apoyarían en las pilastras interiores, si no ¿qué sentido tienen estas y unos muros tan gruesos? O ¿para qué los contrafuertes de la unión de la nave con el ábside? El sistema de bóveda condiciona el grueso de los muros, por lo que tales elementos constructivos son excesivos para una cubierta de madera, es decir: la ermita se diseñó para ser abovedada. El interior del ábside, la cabecera, es la parte más sagrada del templo, símbolo de la bóveda celeste, donde se representaba el Pantocrátor o la Virgen, por lo que es improbable que en el arte románico, eminentemente sagrado y, por tanto, simbólico, donde todo tiene sentido y significado, por inexperto que fuese el maestro original hubiera cometido la frivolidad o el sacrilegio de “descabezar” el ábside, acto, creo yo, más irreverente y grave que burlar un orden arquitectónico establecido. Vemos los arranques curvos de la bóveda de horno, del arco que la enmarcaría y de los arcos fajones, claros e inequívocos signos que delatan la puesta en obra del entramado de cimbras para ejecutar las bóvedas. Por tanto, intuyo que el maestro original debió realizar la obra como Dios manda: cubierta de nave con bóveda de cañón y tejado a dos aguas, ábside con bóveda de horno y tejado en superficie semicónica sobre el hastial, a semejanza de Lárrede pero sin torre. Este debió ser el estado original conforme al canon artístico y religioso del momento, pero... ¿hasta cuándo?
  3. En época posterior (?) lo más probable fuera que el asiento de las paredes, por fallo del terreno En 2008 se recalzó la mitad de las fachadas norte y oeste, con 12 inyecciones de cemento y bentonita en 4 metros de profundidad para mejorar la calidad geotécnica del terreno. (arcilloso y de baja resistencia que con la humedad se expande y al secar se contrae), provocase su desplome, apreciable hoy en la fachada oeste, cayendo las cubiertas. Los muros de sillarejo exterior e interior, con núcleo de ripios y argamasa (cal, arena y agua), diseñados con un metro de grueso para soportar los empujes horizontales de las bóvedas, relleno de senos y losa, aguantaron en pie aunque deformados. Otro maestro acometió la reforma, siéndole más cómodo “inventar” un recrecido sobre el semicírculo del ábside, eliminando el tejaroz, y realizar la cubierta con cerchas de madera adaptadas a la curvatura del añadido para conformar el tejado a dos aguas, cuya intersección dio lugar al atípico volumen actual en forma de V curva invertida. Sin paredes paralelas era imposible realizar la bóveda de cañón, pero pudo haber ejecutado la de horno del ábside pues este parece haber permanecido indemne. Como pretendido arte perdurable, la bóveda era elemento básico del románico que sustituyó a las clásicas cubiertas de madera, aunque también fue común volver a estas a raíz de los fracasos históricos en el proceso constructivo de las bóvedas La iglesia de Lárrede también cayó y se reconstruyó en 1933., sobre todo en la delicada fase del descimbrado, por lo que, por razones prácticas y evitar riesgos, se recurriera al antiguo sistema que evita las acciones laterales sobre los muros, trabajando estos solo a compresión (carga vertical) y aligerando de peso al edificio La cubierta de madera tenía riesgo de incendio y conservación, no tiene la acústica que la bóveda crea en el interior, ni el aislamiento, ni la posibilidad de decoración. pues ahorra toda la plementería y los rellenos del trasdós que dan forma a las vertientes del tejado. Así pues, la reforma tuvo que ser tiempo después, cuando la censura fuera más laxa y el hecho hubiera sido tolerado o inadvertido.
    Pero, ¡por Dios!, los ábsides se respetaban, como en Oliván, Satué, Orós Bajo, Ordovés, Otal, Susín...
  4. ¿En qué orden artístico o concepción estética clásica cabe la forma del aditamento que no sea el surgido de un mero y espontáneo recurso para solucionar un problema constructivo? Ni que decir tiene que no se aprecia lenguaje simbólico alguno en su exterior ni en el vacuo espacio interior sin resolver. Pero una cuestión irrefutable es que el sillarejo es de material y aparejo distintos al resto de fachadas, lo cual indica que es obra posterior, como bien observaba Durán Gudiol (aditamento triangular de fecha tardía), por lo que no fue el maestro original quien lo hizo sino otro: el autor del invento. En todas las iglesias el sillarejo Aunque el sillarejo es piedra toscamente desbastada a maza, se aprecia en todas las iglesias el uso del puntero en la piedra (interior y exterior), para eliminar berrugos y, así, dar planeidad al paramento que debía recibir el revoco; punteado que permitiría, a su vez, una mejor adherencia de aquel y que se ha perdido en gran parte debido a la natural exfoliación de la piedra, agravada al picar el revoco. estaba revocado por el interior y por el exterior; revocos desaparecidos debido en parte al paso del tiempo y en parte a la pertinaz costumbre moderna de eliminarlos, lo cual no ha venido mal para conocer mejor los aparejos y, además, parece ser del “gusto” general, siempre discutible. Una iglesia se daba por concluida y apta para el culto cuando los muros estaban revocados y pintados. Las paredes interiores de la ermita estaban encaladas y quizá, como en tantas de nuestro entorno Sorripas, Ordovés, Susín, Rasal, Bagüés, Ruesta, Urriés, Navasa, Ipas, etc., hubo pinturas con despieces figurados de sillares o frescos que hubieran aportado información para la lectura del edificio y su tiempo, pues su finalidad no solo era estética sino también didáctica. ¿Y aún podemos hablar de originalidad o autenticidad?

REFLEXIÓN

De haber llegado hasta nuestros días la “forma original” o “ideal” que aquí se ha propuesto, seguro que no suscitaría ahora la misma admiración que tiene el estado actual, único que conocemos, fruto de la imaginación de un maestro práctico e iconoclasta, dicho sea con cariño, que se tomó la licencia de rediseñarla a costa de sacrificar la bóveda absidial. Mozárabe, sirio, lombardo –se habla de cuadrillas itinerantes– o pelaire (para mí que fue pelaire), fuera quien fuese, jamás hubiera imaginado el éxito que iba a tener en el futuro su genialidad que, paradojas de la vida, se ha tildado de impericia. Pensemos que han transcurrido ¡diez siglos!, tiempo sobrado de avatares durante el cual se ha ido perfilando su fisonomía y estado: huellas, cicatrices, cambios cromáticos, físicos, apaños, remiendos, reformas Según la mesa informativa situada en la campa de la ermita, fue reformada en el siglo XVIII.... Mil años sin noticias fiables dan para mucho suponer, por lo que asegurar que la ermita de San Juan de Busa mantiene su estado original es algo aventurado.

Cuando se funda Amigos de Serrablo (1971) la ermita se hallaba ruinosa, hundida la cubierta y deformadas las paredes, probablemente a causa de nuevos fallos del terreno, guerra civil Recuérdense las de Satué y Gavín, por ejemplo., abandono, etc. En 1977 nuestra Asociación promueve su restauración y se preocupa de su mantenimiento hasta la fecha. A pesar de todo lo expuesto, que el estado actual no sea el prístino (esto sucede en todos los monumentos antiguos) no resta un ápicea la belleza de la ermita y a su reconocido valor histórico-artístico por el que fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982, formando parte de un conjunto único en la historia del arte “Un conjunto de iglesias tipológicamente singulares que constituye el fondo más destacado del patrimonio arquitectónico de la región altoaragonesa de Serrablo”. Durán Gudiol: El Monasterio de San Pedro de Siresa, 1989..

En la sabia mixtura de primitivismo románico y originalidad mozárabe con indudable sello autóctono Mozarabismo defendido por Durán Gudiol y Buesa Conde, entre otros. “Románico peculiar del valle del Gállego”: M. García Guatas (El arte románico en el Alto Aragón. IEA, 2006). “Singular lenguaje arquitectónico”: F. Galtier Martí (“En torno a los orígenes del círculo larredense: San Julián de Asperella”. Artigrama, 4, 1987)., es donde radica la exclusiva belleza de este reducido grupo de pequeñas y humildes iglesias, cortadas por el mismo patrón, exentas de ornato pero sugerentes por su sencillez y armonía, cuya plácida contemplación despreocupa al espectador su autoría o estilo. Si Lárrede es el arquetipo, la “joya”, Busa es el “capricho”, pues su particular silueta en idílico entorno y el misterio de su origen ejercen un encanto especial que provoca infinitos elogios y lujosas fotos desde todos los ángulos posibles. El acceso al interior es libre y sobre el ara hay un Libro de Visitas plagado de frases como: “Dios mío, gracias por dejarme llegar hasta aquí y poder ver esta maravilla”, “Une petite merveille”, “We love this beautiful place” y de nobles palabras: paz, magia, belleza, sosiego, felicidad..., así como otras no tan profundas pero no por ello menos sinceras como “Leo 5 años” o “Hemos venido a convencer a mi tía que se case aquí”. También en otros foros se leen expresiones que hacen navegable al río Gállego, con querencia hacia su margen izquierda, como “barco varado”, “nave varada en verde prado”, “proa hacia Oriente”, “quilla de barco varado en la soledad” y otras lindezas. Es posible que mis pragmáticos argumentos puedan trivializar el romántico fervor bucólico-marinero que inspira nuestra querida ermita pero, amigos, lo mismo pasa con la luna (... podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía).