Serrablo imaginado

Imagen de Amigos de Serrablo

Mikele, nuestro personaje ficticio de este relato encadenado, conoce en esta ocasión Laguarta, en la Guarguera, de la mano de Justino, atraído por el entusiasmo de su nueva amiga Sara. El texto es de la serrablesa Merche López Malo, y la ilustración, como en cada número, de Tania Osanz. Continuará…


MIKELE (VI): En Laguarta

Texto: MERCHE LÓPEZ MALO.

En la hoguera de San Benito de Orante, Mikele conoció a Sara, una hermosa joven residente en Barcelona, que le habló del lugar de origen de su familia: un pueblo de la Guarguera llamado Laguarta. Y lo hizo con tal entusiasmo que provocó en Mikele un ansia irrefrenable de conocerlo.

Descubrió que en el pueblo había un albergue rural, cuyos dueños venían a Sabiñánigo todas las semanas para llenar la despensa. Ellos lo llevarían.

Mikele visita Laguarta, en la Guarguera

Hubo un tiempo, lejano ya, en el que hubiera podido coger La Ribereña o el coche-correo, pero eso ya era historia. Su madre decidió quedarse en la capital del Serrablo para hacer unas compras. Tomaron el cruce que lleva a Boltaña, pasaron por el Molino Villobas, por el Molino Escartín, por el desvío de Cañardo, y tras la última curva, descubrió el caserío de Laguarta.

Unos hermosos caballos les dieron la bienvenida a la entrada del pueblo. Y también le dio la bienvenida Justino, un hombre mayor, afable, dispuesto a servir de guía al forastero.

Le contó que el gran éxodo de sus habitantes a la ciudad se produjo en los años 60. Que muchas casas se cerraron. Que sin niños la escuela también tuvo que cerrar. Y le acompañó a visitar la central hidroeléctrica, que abasteció de corriente al pueblo desde 1918 hasta 2006, año en que llegó la luz a Laguarta. Sus vecinos lo celebraron el 7 de octubre de 2006 con una gran fiesta. Le enseñó el lavadero, cuya cubierta se rehízo hace un par de años.

También le contó que, en los últimos años, se habían rehabilitado algunas casas, que se había restaurado la iglesia, que una nueva familia, que ya tiene dos niños, se había instalado en el pueblo, que los antiguos vecinos vuelven a reencontrarse el primer sábado de agosto y celebran la fiesta, esa que antaño se hacía para el Pilar.

Y con un brillo especial en sus cansados ojos, le habló de que su pueblo, la pasada primavera, se había asomado al exterior, con la publicación de un libro y un reportaje en la televisión regional. Todo ello gracias al entusiasmo de un grupo de vecinos.

Sobre todo le mencionó un nuevo proyecto que ilusionaba a todos los habitantes del valle: “Laguarta, Ciudad de las Estrellas”.

Y Mikele pensó, evocando a Sara, que volverá cuando ese proyecto sea una realidad.

Mientras tanto, tiene que recoger a su madre en Sabiñánigo, y pensar a dónde encaminar sus pasos.


En el próximo número llegará a su desenlace el relato encadenado de Mikele. ¿Cómo finalizará?

Lo sabremos en julio...