Iglesia de Cristo Rey. La reforma (1955-1958)

La iglesia original

La inauguración de la iglesia de Cristo Rey, de Sabiñánigo, se detalla en el documento Historia de la Parroquia de Cristo ReyRecopilación de mosén Miguel Domec. Hoja parroquial de 2004 (75º aniversario).. En resumen: el terreno fue cedido por EIASA; la diseñó el artista Rafael Jutglar Pujol; el ingeniero de la obra fue Julio Diez de Lastra; la primera piedra la colocó el obispo Juan Villar Sanz (3-6-1928); Se costeó con aportaciones de las fabricas (Energías, Aluminio y Explosivos), Compañía de Ferrocarriles, Ministerio de Justicia, Obispado, Parroquia, vecinos y visitantes. El 5 de Mayo de 1929 (todavía sin acabar) el citado obispo bendice la primera iglesia en España dedicada a Cristo Rey.

El 5 de Mayo de 1929 el obispo Juan Villar Sanz bendice la primera iglesia en España dedicada a Cristo Rey.

Iglesia de Cristo Rey, Altar original con su “viejo” retablo barroco

Resultó una obra muy digna en la que participaron expertos operarios a tenor de los detalles en carpinterías y fachada principal. Las paredes eran (siguen siendo) de piedra, cerchas metálicas en cubierta vistas al interior al igual que la tabla sobre la que descansaba la teja. La nave era rectangular con cabecera al Sur en ábside de tres lados, y coroCoro realizado por Agustín Jiménez Pueyo. al pie en planta elevada. Un retablo barroco traído de San Juan de la Peña presidía el altar mayor con estrecho trasaltar que servía de sacristía; dos altares laterales con sus retablos, un púlpito, cuatro confesionarios y varias imágenes completaban el ornato interior. El volumen de la entrada sobresalía de la fachada elevándose en torre-campanario, rematada por una linterna con campana menor. En el centro surgía la imagen de Cristo sobre peana y bajo guardapolvo protector; las esquinas y campanarios se remataban con artísticos pináculos. En el tímpano de la entrada un arco ojival enmarcaba una tracería ciega lobulada de tres arcos en trébol; las paredes interiores estaban pintadas con adornos en frisos y mármolParte se conserva en el rincón izquierdo entrando. en zócalo. Los arcos apuntados de ventanas así como todo el conjunto expresaban un claro lenguaje neogótico. Hasta aquí los datos más notables de la iglesia original.

Al parecer, había empeño en reformar la iglesia pues ya en 1949 hubo un proyecto del arquitecto oscense Antonio Uceda que no llegó a buen puerto. Los 50 fueron años de gran actividad constructiva pública en Sabiñánigo (y en toda España). Además de las viviendas protegidas, Grupos Santiago, Bilbao, San Fermín, Instituto Laboral y otros edificios privados como el Hotel Alpino, Teatro-cine Escalar, Almacenes Rey, Casa Jal, etc., se dio especial relevancia a los edificios del entorno de la plaza de la Iglesia. El Centro Instructivo (Casino) marcó la pauta. Edificado sobre los escombros del antiguo de 1928 (derruido por un bombardeo durante la guerra), fue proyectado, como todos ellos, por el arquitecto municipal Antonio Chóliz Alcrudo, construido por los hermanos Bergua (albañiles de Acumuer) y se acabó en 1955. En 1957 se subastan las obras del nuevo AyuntamientoHay un proyecto de Bruno Farina de Mayo de 1936 pero...vino la guerra. que se ubicará a media ladera entre rellenos de piritasResiduos de la obtención del ácido sulfúrico. y sobre una alcantarillaUna gran bóveda de piedra, refugio en la guerra civil, cruza bajo la actual rotonda y calzada. que recogía y recoge las aguas provenientes de la actual zona deportiva. Las obras se adjudican al constructor jacetano Valentín Puértolas Barandilla del balcón realizada por Roengent Beltrán, hijo de Antonio Beltrán “El Esquinazau”. el 10-8-58, se reciben el 15-7-60 y el 18 las inaugura el Gobernador Civil José Riera con la bendición del Obispo Ángel Hidalgo.

La reforma

Según proyecto de Antonio Chóliz de 1954 se ejecutan las obras de la iglesia que finalizarán en 1958. Adosado a ella, al siguiente año, se construye la abadía y club parroquial, obras realizadas por el también constructor jacetano Florentino Viu. Años más tarde el constructor local Carlos López Periel edifica el inmueble del Banco de Aragón (hoy Santander), completándose el conjunto de la plaza; en su inauguración (5-8-1968) se decía en El Pirineo Aragonés: “Una de las cosas que más ha llamado la atención es que el Banco de Aragón haya sujeto las características exteriores del edificio al mismo plan urbanístico de las fachadas de la Casa Parroquial y del Ayuntamiento, formando un armonioso conjunto (...), que el arquitecto don Antonio Chóliz ha resuelto con el mejor sentido estético y urbanístico”.

Se creó una Junta de Obras presidida por el químico de EIASA Luis Franco con objeto de recaudar fondos para costear las obras que se iban demorando, incluso con paralización durante algún tiempo por falta de financiación, celebrándose las ceremonias en una capilla del antiguo Colegio Santa Ana (antes Instituto y después Escuela de Música). El Ayuntamiento contribuyó con 12.000 pts. en 1955 y con 15.000 pts. en 1958. La reforma consistió en la eliminación del volumen de la entrada y torre, construcción de un atrio y de una torre-campanario, ampliación del ábside, falso techo para ocultar las cerchas y falsos pórticos interiores; sustitución de las ventanas ojivalesQuedan tres ventanas en la fachada Oeste trasera. por otras de vano rectangular y cubierto lateral exterior para sacristía. En fin, solo quedó del original las paredes, la cubierta y el coro. El retablo fue repuesto durante algún tiempo aunque sin la cruz del ático ni las dos piezas lateralesY sin las anacrónicas bombillas de sus contornos. ni las imágenes del primer cuerpo, sustituido después por un gran crucifijo, talla encargada por el nuevo párroco Ángel Ayarra.

Siempre se han oído comentarios sobre la antigua fachada y la pérdida del retabloSe halla en la iglesia de Buesa, con cierta nostalgia para los que aún se acuerdan y sorpresa del resto al ver las fotos de antaño. Así es que, intentando averiguar los motivos de la reforma, no consta nada por escrito y, por tanto, hay que interpretar todo según opiniones de la calle o charlas de café de dudosa fiabilidad. La Iglesia tampoco lo documenta en sus archivos parroquiales y diocesanos. A falta de más datos, cabe pensar que lo más probable fuera que el arquitecto municipal, Antonio Chóliz, de acuerdo con el Ayuntamiento, ya hubiera ideado el carácter del entorno de la plaza, de allí que sus proyectos guardaran similar trazo. Se trataba, por tanto, de dar uniformidad al conjunto, por lo que la fachada de la iglesia cantaba, no encajaba un “viejo” estilo neogóticoEl estilo neogótico, calificado como pseudo-gótico, floreció en la Francia del XIX, cuyo personaje más influyente fue el arquitecto Viollet-le-Duc (1814-1879), ideólogo de la restauración estilística. Teoría muy criticada y superada (Carta de Atenas-1931, Carta de Venecia-1964, etc.). En España dejó ejemplos importantes: fachada de la Catedral de Barcelona, Catedral de la Almudena de Madrid, Palacio Episcopal de Astorga, Catedral Nueva de Vitoria, Catedral de San Sebastián, etc. en el nuevo diseño que se pretendía dar a un pueblo lanzado a la modernidad, como tampoco pegaba un “viejo” retablo barroco en su interior. Por otro lado, era harto improbable que estos asuntos pudieran encontrar réplica en una sociedad recién salida de la cartilla de racionamiento, en eclosión industrial y poblacional, servicios y esperanzador futuro, que no estaba por la labor de pensar en criterios sobre restauración de iglesias ni en mandangas parecidas, que todo lo nuevo o renovado se recibía con agrado y que, por si esto fuera poco, ya se había acomodado al ordeno y mando imperante. Por supuesto que ahora esta reforma habría sido inviable en el caso de que alguien hubiera osado proponerla, porque, a la postre, no fue una simple reforma sino una demolición, ampliación y desfiguración en toda regla. Ya no solo las cartas internacionales y las leyes vigentes desechan tales criterios sino que la misma conciencia social los repugnan. Dejémoslo, pues, en una natural evolución de las ideas, como tantas otras: se quiso lo mejor para Sabiñánigo.

Con el paso del tiempo, el interior de la antigua iglesia podría parecer algo lúgubre, vetusto y sobre todo, al decir de los antiguos, helador. Así es que la reforma nos deparó una iglesia nueva, “acorde” con los nuevos edificios de su entorno, más luminosa y vacía de retablos, púlpito y altares, cuya impersonalidad solo se compensa con la calefacción y el fervor que el fiel devoto pueda prestar al sagrado lugar y, además, desde hace poco tiempo, con las exquisitas pinturas que la mano sensible de nuestra querida y admirada artista María Cruz Sarvisé supo plasmar en unos magníficos lienzos que impregnan de arte al templo y le dan vidilla.