“Montañeses dialogando”: un texto en aragonés de Nocito de 1934

En los primeros años del siglo XX, el Alto Aragón disponía –y todavía hoy– de unas comunicaciones lamentables: pistas, caminuchos y un puñado de carreteras precarias. Todo ello motivó que, en las primeras décadas de esa centuria, la gente se indignara considerablemente con las autoridades de la época, pues, mantenían a sus pueblos en una situación deficiente y de continuo aislamiento. Por ejemplo, sobre todo en invierno, con varios metros de espesor de nieve, no poca gente fallecía al no poder ser trasladados a un hospital. Del mismo modo, por falta de una carretera que los comunicase, a los habitantes del valle de Nocito –no muy lejos de Huesca, a unos 30 kilómetros–, les costaba doce horas llegar a la capital altoaragonesa, el correo tardaba en arribar tres o cuatro días o ir a buscar aceite y vino al Somontano suponía dieciocho horas de viaje. Esta era la realidad en la década de los treinta y los años continuaron pasando –más de cuarenta desde 1896, cuando se decidió comenzar con los estudios administrativos– y mientras tanto los dieciocho kilómetros de la carretera que uniera Nocito con Castilsabás para comunicarse con Huesca no se construían. La misma situación sucedía con la carretera que, desde Huesca-Monzón hacia Aineto, comunicaría también al valle de Sarrablo –en la prensa de la época aparecía siempre este topónimo y no Serrablo–. Desgraciadamente este hecho provocó que mucha población emigrase y abandonase su valle natal con la consecuente despoblación.

No obstante, los habitantes de estas localidades continuaron demandando insistentemente la construcción de la carretera que permitiera la comunicación con Huesca y, por tanto, abrir nuevas posibilidades de desarrollo y de riqueza. La prensa, y en concreto el periódico La Tierra, se hizo eco de las quejas de estos ciudadanos, sobre todo de Abellada (en aragonés, Abellana) y de Nocito. Así, el 13 de diciembre de 1934, se publicó en este diario una carta de Victoriano Ortas, de Nocito, donde refleja el malestar de todo el valle en un texto en aragonés. Este mismo autor, que fue durante muchos años alcalde de este bello pueblo, también escribió algún otro texto pero en un castellano con algún aragonesismo y con bastantes vulgarismos.

Es conocido que este valle ha mantenido un buen grado de conservación de la lengua propia. Basta con consultar los datos recogidos por el filólogo Jean-Joseph Saroïhandy en Nocito, Bara, Orlato o Used –editados y estudiados magníficamente por Óscar Latas en Misión lingüística en el Alto Aragón (2005)–. No obstante, en el texto que presentamos está patente la diglosia secular y la castellanización (por ejemplo la alternancia entre muito y mucho o en algunas formas verbales que denotan interferencia: habese / quisián, podeba / icía, endución / enducieron, ferás / aceba). A pesar de ello, encontramos gran número de rasgos autóctonos como los artículos (o, a, os, as; que se pueden contraer con preposiciones –d’o cabo, d’a mozarralla– o no –de os deputaus, de o cuello–), los demostrativos (ixie, ixio, exios –que podría ser una representación grafica d’ixe, ixo, como documentó Saroïhandy), los plurales (petullons ‘pedigüeños’; voz escasamente documentada –por ejemplo en el Somontano de Barbastro– que procede del verbo petuliar ‘pedigüeñar’), el posesivo (defender as necesidades nuestras), las preposiciones (pa ‘para’, ta ‘hacia’), los pronombres (nusotros ‘nosotros’, tos ‘os’, usté ‘usted’. Asimismo, ante preposición se mantiene: a yo me paice ‘a mí me parece’), los adverbios (antonces ‘entonces’, asabelo ‘mucho’, ascape ‘enseguida’, cosa ‘nada’, de vez ‘a la vez, al mismo tiempo’, ensiguida ‘enseguida’, tamién ‘también’), las conjunciones (pus ‘pos’, u ‘o’), el complemento pronomino-adverbial en/ne (quió que le’n estudies; a os deputaus no les ne ferás crier; no le’n dejó romper), el complemento i, que indica existencia junto al verbo haber: y ai mucha deferencia, antropónimos (Colás, Fecerino) o abundantes formas verbales propias (entre otras, aceba ‘hacía’, bidon ‘vieron’, creigo ‘creo’, dijon ‘dijeron’, encarnizón ‘encarnizaron’, endución ‘indujeron’, escondión ‘escondieron’, fan ‘hacen’, farían ‘harían’, fizon ‘hicieron’, íbamos ‘ébanos’, podeba ‘podía’, quereban ‘querían’, sentate ‘siéntate’, tañeban ‘tañían, tocaban’, tiengo ‘tengo’, tiens ‘tienes’, ye ‘es’, o la perífrasis haber de: ivan de castigar ‘tenían que castigar’). También es destacable el uso de la preposición en con el verbo desconfiar: yo nunca i desconfiau en ellos. Entre el vocabulario se puede señalar: cabo ‘extremo’, chicorrón ‘pequeño’, chicote ‘pequeño’, convidar ‘invitar’, crier ‘creer’, cudiau ‘cuidado’, delicau ‘delicado’, deputaus ‘diputados’, enducir ‘inducir’, espiazar ‘despedazar’, fatos ‘tontos’, gubierno ‘gobierno’, lugar ‘pueblo’, mesmo ‘mismo’, mirar por ‘preocuparse’, mosico ‘músico’, mozarralla ‘conjunto de chicos’, muito ‘mucho’, vesita ‘visita’. Por último, hay que hacer mención de algunas expresiones como trebajar a lomo caliente, tiens más memoria que un perro, más quietos que un lagarto en un aujero, Santiago e raso o dar ayos.

A continuación reproducimos el texto, en el que solamente nos permitimos poner en cursiva el fragmento que está escrito en castellano para diferenciarlo del resto. Del mismo modo, recurrimos a la apostrofación en aquellos casos que facilitan la lectura (así, d’a provincia por da provincia), pues, aunque el autor por lo general los utiliza, no realiza un uso sistemático de los mismos; añadimos entre corchetes alguna letra omitida, y, en último lugar, separamos los pocos casos de palabras aglutinadas (d’a carretera en vez de d’acarretera).

Montañeses dialogando

Al estilo de mi tierra

–¡Manolín!

Mande usté.

–Anda que llama el correo.

–Voy ensiguida.

–¿Qué hay?

–Sólo La Tierra.

–¡Mia lo qué ice!

–¡Huy…! Ice asabelo d’a carretera.

–¡Hombre! Anda ensiguida ta casa de Pancracia y dile a Colás que venga ascape que quió que le’n estudies.

–¡Voy ascape, padre!

–¡Artura!

–¿Quién llama?

–Yo, que vengo a que me prestes un jarro vino que viene Colás [a] aceme vesita y no tiengo cosa p[a] convidalo.

–¡Hombre sí, tómalo!

–Muchas gracias, chica.

–As gracias pa os curas, Fecerino.

–¡Adiós Artura!

–¡Adiós Fecerino!

–¡Hola Colás, cuánto aceba que no nos íbamos visto!

–¡Mucho, chico!

–Séntate, Colás, y tú zagal, estúdiale ixio d’a carretera.

–¡Chico... to lo qu’icen ye verdá como un templo!

–¡Pus a yo me paice Colás, que aún estamos más acabaus que ellos icen!

–¡Pus ya lo creigo Fecerino, pero a os deputaus no les ne ferás crier!

–Yo m’alegré muito cuando díjon que os deputaus eran d’esta provincia, y me habiese dejau cortar o pescuezo antes que dejar de votales a ellos, pero miá tú Colás, que o tiempo pasa, y esto d’a carretera siempre está igual, lo mesmo que cuando os deputaus eran d’allá o cabo el mundo.

–Me tocas un asunto mu delicau Fecerino, yo nunca i desconfiau en ellos, porque ixio de carreteras semos el poblico tan poco conformaus que tos pidimos de vez, y aquellos que tienen ya carretera aún son más petullons con os deputaus; quisián tener otra carretera mejor u otras cosas que fan reír, que a menos se iban de tener tratándonos como hermanos de pedilas y [h]acelas, mientras habese pueblos por chicotes que fuesen sin vías de comonicación; y de os deputaus d’aquí a d’allá ye mejor que sean d’a provincia, porque ya sabes aquel dicho que más vale un conocíu malo que otro güeno por conocer; porque os deputaus d’allá d’o cabo o mundo, pa mirar por nusotros y defender as necesidades nuestras, ye como gobernar un rico en casa pobre… y si t’acuerdas Fecerino de l’otro año cuando aquel que vino fiendo propaganda pa votale, que m’acuerdo casi de to [o] descurso que nos echó, que icía… ¿Qué no tenéis carreteras? Ya lo sé. ¿Qué no tenéis caminos? Lo he podido observar. Precisamente acabo de recorrer estos pueblos montado en un mulo como en los dichosos campos de Belén. Pues bien, yo os digo que jamás pediré al Gobierno para vosotros ni una carretera ni un ferrocarril. ¿Sabéis para qué sirven las carreteras? ¿Sabéis para que sirven los caminos de hierro? Dicen que para ir más de prisa. Nuestras abuelas viajaban también y llegaban a su destino. Les bastaba salir un mes antes. No os haré carretera. Manteneos dentro de este ambiente sano y puro. Guardad el alma dulce de vuestras doncellas y esposas en la estrechez de estas montañas...

Y antonces el tío Gaitano que ya no podeba aguantar más le dijo: ¡Güen hombre! ¡Santiago e raso! ¡Pue que le paezca a usté que semos tan fatos! Y ya t’acordarás Fecerino que se nos escapó cuando ya le íbamos a sobar la badana.

–¡Tiens más memoria que un perro, Colás, y más talento que un magistrau! No tiengas cudiau, que no te iguala nadie del lugar.

–¡Tampoco tú tiens nada e fato Fecerino!

–¡Si supías Colás lo que me ocurre! Este zagal, Manolín, me ice que no entiendo una palabra de nada, que i siu siempre mu tonto i no i pensau nunca más que en trebajar a lomo caliente, y Gervasia, su madre aún le da ayos, y me icen que Manolín no pasará por el aro que yo i pasau, porque ye más espabilau.

–To ixio ocurre ya en toas familias, Fecerino, en tos lugares, en toas ciudades y hasta en Madrí al Gubierno le tienen que icir, y si no miá. Si te acuerdas de aquella convesación que llevemos esta primavera de cuando nusotros heramos mozos, a lo que son os de ahura, y aí mucha deferencia, ya sabes Fecerino, de aquella «guitarra» que dijemos, que si aquel chaval entrante llevaba trazas de güen mosico, y Ruperto que fué mozo viejo con nusotros que tamién la tañeban bien no la entonan, como tos quereban ser mosicos y no se entendeban, sería fácil que al no entendesen, en alguna noche de ronda, le darían contra alguna esquina un terrible golpe que la farían añicos. Y miá tú, cómo en la escaramuza de l’otra noche «nariz larga» que quereba ser «mayoral» de mozos sin tocale, ya cogió a «guitarra» de o cuello pa espiazala, pero ixie mozo que Ruperto confía tanto en él, aunque ye chicorrón, le cogió o brazo a «nariz larga» y no le’n dejó romper; pero ahura ocurre que exios que quereban gobernar, que son mú pocos, enducieron a tós más inorantes y brutos d’a «mozarralla» y se encarnizón de tal manera que fizón cosas mú grandes y de recuerdo pa toa la vida, sólo por dejasen engañar por unos cuantos «perillanes» que así que bidon el cuento mal parau, unos se las «grillaron» y otros se escondión acobardaus y más quietos que un «lagarto en un aujero».

Pero o chusco que ahura ye, que ha tomau parte o Juzgau y a os cabecillas, que los endución, dicen que no los castigarán; a cuenta de que a os enfelices que fuen engañaus les arrean con toas as de la ley.

–Pus yo, Colás, soy de paicer que a quien ivan de castigar ye, a la cabeza que dirige y no a la mano que ejecuta.

–¡Tiens mucha razón, Fecerino! ¡Adiós!

–Adiós, Colás.

Victoriano Ortas
Nocito y diciembre de 1934.