La placa de los Caídos.

Sabiñánigo, 1940-1980

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
    A. Machado (1875-1939)

Iglesia de Cristo Rey original de 1929. Sabiñánigo 1955.

Tratar este asunto requiere una exposición previa sobre la situación que vivió Sabiñánigo al comienzo de la guerra civil (1936-1939). La guarnición militar más próxima era el Regimiento Galicia 19, de Jaca, quien se adhirió y controló a la llamada zona nacional, o sea, la del ejército sublevado de Franco. Se creó la 2ª Centuria de Falange Española de Primera Línea de Sabiñánigo (22/8/36) a la que se incorporaron como voluntarios muchos hombres del pueblo En 1930 Sabiñánigo contaba con unos 1.300 habitantes y en 1940 unos 1.800. y de la redolada. El fundador y jefe fue el sallentino Herminio Pérez Giménez quien, después, sería alcalde de Sabiñánigo de 1944 a 1949 y de 1953 a 1966. Una semana antes ya se había creado en Jaca la 1ª Centuria y en el Valle de Tena una compañía conocida como Panteras del Valle de Tena. Todos ellos voluntarios civiles pero dependientes del mando militar de Jaca. Hasta aquí el breve apunte histórico Ver al detalle artículos de José Carlos Castán: Serrablo, nros. 99, 100 y 105 y de Jaime Muñoz: Serrablo, nros. 149, 151 y 152..

Diario de operaciones de la Falange de Sabiñánigo.

Finalizada la guerra, el nuevo Gobierno dictó un decreto (16/11/1939) en el que se decía que: previo acuerdo con las autoridades eclesiásticas, en los muros de cada parroquia figurará la inscripción que contenga los nombres de sus caídos, ya en la presente Cruzada, ya víctimas de la revolución marxista, así como establecía día de luto nacional el 20 de noviembre, fecha de la muerte de José Antonio Primo de Rivera Fundador de Falange Española en 1933 y fusilado en la cárcel de Alicante en 1936.. Así es que, como fue de rigor en toda España, en la fachada principal de la iglesia de Cristo Rey se colocó una gran placa con el nombre de los falangistas de la zona fallecidos en la contienda. Era la iglesia original de 1929 (foto de cabecera) y en la drástica reforma que sufrió a final de los años 50 volvió al mismo sitio la que fue conocida como la Placa de los Caídos. A partir de entonces era poco menos que obligado en la población filo-falangista homenajear a sus caídos, cada año, en la fecha señalada y después de misa, en solemne acto frente a la placa; canto brazo en alto “Brazo en alto con la mano abierta y extendida, formando con la vertical del cuerpo un ángulo de cuarenta y cinco grados”. Decreto 263. Salamanca- 24/4/1937. del Cara al Sol, corona de laurel y vivas a José Antonio y Franco, rubricado con un ¡Arriba España!.

Escuela de D. José Latorre, 1955-56.

Los 50, a los que mi memoria aún alcanza vagamente escenas concretas como la descrita, fueron años infantiles creciendo (en mi caso) en las escuelas de doña Consola Losada, doña Pilar Escriche, don Ramón Sín y, por último, con el estricto maestro don José Latorre. Eran las nacionales Hoy Centro de Profesores (CPR).: chicos en planta baja y chicas en primera, leche en polvo y queso americanos para desayunar en la misma escuela, canto del himno nacional con letra de Pemán (Viva España/Alzad los brazos/Hijos del pueblo español/Que vuelve a resurgir/...♫), estufas de serrín, severidad escolar, inviernos gélidos, sabañones, procesiones, cine previo NO-DO en el Escalar, peleas en la Montañeta Así conocida de siempre pero hoy rebautizada como “la Colina”, dando nombre al auditorio., baños en la Tulivana, ping-pong y billar en el local de Acción Católica, etc. Ya en época juvenil muchos chavales iban felices, de flechas, a los campamentos de verano en Oza, organizados por la OJE Organización Juvenil Española. (Quiero levantar mi patria/Un inmenso afán me empuja/.../Montañas nevadas, banderas al viento/...♫); actividad impropia de mujeres quienes, bajo los auspicios de la Sección Femenina, elaboraban su ajuar destinado al futurible casamiento, procreación y dedicación a “sus labores”, sumisas y serviles al hombre como correspondía a su sexo. Y todo ello envuelto en un halo de ardor patrio institucional y mediático a tutiplén. Este, y algún desmán que otro, era el sugestivo ambiente local en blanco y negro, sin conocer las calles el asfalto y antes de llegar la tele de Cornelio Remón, vivido, en nuestra ingenuidad, con toda naturalidad, disciplina y, sobre todo, imaginación, no muy diferente a otros pueblos de la España victoriosa. En los 60 continuaron los homenajes ante la placa aunque ya de capa caída hasta apagarse del todo, probablemente por falta de quórum.

Carrera ciclista y local de Sindicatos, años 50.

Con la Constitución del 78 y el nuevo Ayuntamiento surgido tras las elecciones del 79, con mayoría absoluta de UCD y a propuesta del grupo socialista, acuerda “Caídos por Dios y por España. José Antonio Primo de Rivera. ¡Presentes!”. retirar la Placa de los Caídos. Se supone que el quid de la cuestión era el hecho en sí de la misma y los símbolos que contenía El hispanista Paul Preston aboga por no retirarlos y que sean “instrumentos de educación”. (La Vanguardia, 16/11/2015)., no así los nombres que allí figuraban, hijos de Sabiñánigo y comarca. Se anticipaba el Consistorio 27 años a la ley de la Memoria Histórica en la que se hacía expresa mención a la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. También mucho antes del 2007 ya se habían cambiado nombres de calles como Generalísimo Franco (Serrablo), División Azul (Autonomía de Aragón), Gil Sastre (Ciudad de Fraga) o Calvo Sotelo (Luis Buñuel), así como los colegios Blasco Vilatela (Montecorona) y Capitán Polanco (Puente Sardas), sin que hubiera polémica alguna, al menos pública. En otros pueblos sustituyeron las placas originales por otras más concisas, integradoras y exentas de simbología como: Cinco Olivas en recuerdo de todos sus hijos que dieron su vida defendiendo sus ideales o Fuentes de Ebro a todos los que dieron su vida por España. Era lógico que, en aras de la reconciliación, se fueran retirando de los espacios públicos aquellos símbolos exclusivos del bando ganador, lo cual se ha venido haciendo en muchas poblaciones, aunque ni mucho menos en todas. Y era sabido que los caídos en Sabiñánigo y comarca no sólo fueron los falangistas de la placa; también los hubo soldados nacionales (p.ej.: Blasco Vilatela, fusilado en Gavín), republicanos, legionarios, requetés y moros (cientos de moros se llevó una gran crecida del río Basa en la toma de la Sierra de San Pedro). Por todo ello, este asunto me lleva a contemplarlo bajo dos puntos de vista:

Placa en viviendas del Grupo Bilbao (1954). Mostrador de la Fonda de la Estación.

a) Desde el punto de vista cultural, la Placa de los Caídos era también historia de Sabiñánigo para documentar y guardar, por respeto a los caídos y sus familias y como testimonio material de la guerra. Como lo son, con distinto carácter y épocas, la placa de las viviendas del Grupo Bilbao (1954), la del Grupo San Joaquín (1967), la del Grupo San Pedro (1968) y otros muebles e inmuebles como la Estación (1893), el mostrador de la fonda de la Estación (1903), ermitas, iglesias, trincheras, bunkers, puentes, etc. Obsérvese que la citada ley no habla de destruir sino de “retirar”. Por tanto, aunque retirar la placa fue signo adelantado de sensatez y concordia, se debía haber conservado en lugar adecuado. Y esa fue la intención pues, según ediles de la época, se convino en guardarla en la capilla del cementerio, pero... no se sabe qué vida llevó.

Heraldo.

b) Desde el punto de vista social, quizá este asunto sea considerado como simple anécdota, sin más pretensión que la de engrosar la intrahistoria local o como aderezo de hechos más relevantes. Rememorar a estas alturas la desaparecida Placa de los Caídos puede ser, en todo caso, un recordatorio hacia el respeto que merecen todos los que participaron en esa guerra fratricida, que invite a comprender mejor nuestro reciente pasado. Por ello, conviene saber que los soldados del bando republicano (los rojos), que regaron con abundante sangre nuestra tierra A finales de los 40, el recordado maestro don Salvador López Arruebo subía con sus alumnos todos los jueves al alto de la sierra de San Pedro para enterrar los huesos de los soldados y botellas en cuyo interior introducían los nombres de los alumnos., nunca fueron recordados (ahora sí, algunos de ellos y a título asociativo, en el Molino Escartín) El Molino Escartín es una finca privada en la Guarguera que fue hospital de campaña durante la guerra. En 2012 el Círculo Republicano del Alto Gállego homenajeó a los 72 soldados allí enterrados, se cree la mayoría catalanes de UGT y CNT, acotando una parcela con un monumento en su memoria. y que aquellos falangistas, españoles también, serrableses y tensinos por más señas, que figuraban en la placa y otros más que sobrevivieron a la guerra, eran los padres, abuelos, familiares o amigos de muchos de los actuales ciudadanos del Alto Gállego, ahora, probablemente, tanto de derechas como de izquierdas como del sursuncorda. Me consta que en el pujante y amalgamado Sabiñánigo industrial, en su mayoría obrero venido de todas partes, supervivientes de ambos bandos vivieron la posguerra en razonable armonía. Alguna discusión política se oiría por las fábricas o por los bares, pero, aún así, supieron convivir. Los hijos fuimos testigos.

Cementerio republicano en el Molino Escartín.

En fin, no es cómodo opinar sobre la guerra civil al cabo de 80 años y, sobre todo, sin haberla vivido Recuerdan hoy los más mayores oír la corneta que sonaba desde la cresta de los Capitiellos y las sirenas de las fábricas, alertando de la llegada de la aviación republicana con aviesas intenciones., pero los datos y recuerdos conducen a ello. Y fue precisamente Dionisio Ridruejo, singular y controvertido personaje, ideólogo influyente en la política española durante la guerra y después de ella, quien escribiría al respecto Dionisio Ridruejo (1912-1975): Casi unas memorias. Planeta, 1976.: Fue una decisión de la Junta Política de Falange. Al nombre del jefe debían seguir los de los vecinos de cada localidad muertos en acción de guerra. Era la imitación de algo que ya se había hecho en Francia después del 18. Sí, pero aquello era una guerra internacional y los muertos eran todos franceses. Aquí la cosa resultaría, más pronto o más tarde, cuestión litigiosa y memoria agresiva. Pero como yo tengo la costumbre de confesar mis culpas, no omitiré el dato de que la orden para que aquella medida se cumpliese fue firmada por mí. Así es la vida.

Placa de los Caídos. Barbastro, iglesia de San Francisco.