Don Ángel y el pueblo redimido (y III)

Termina aquí la serie de tres entregas que han acercado las vivencias de don Ángel García Benedito, maestro de la escuela de Escuer desde 1918 hasta 1937, periodo en el que dejó una profunda huella por su labor y carisma.

Según Agustín Bescós Bescós, nacido en Escuer bajo en 1923, Don Ángel llevaba muy lejos la labor sanitaria preventiva y también les vacunaba contra la viruela. Pero si la higiene y la sanidad constituían unos pilares fuertes en la labor profesional de Don Ángel, no lo eran menos la inoculación de valores en las criaturas. Así, Miguela Sanromán Escartín, recuerda de memoria tres lecturas que, aún hoy, le ayudan en su vida diaria. Las adjunto tal como ella las recita:

Cuentan de un sabio que un día/ tan pobre y mísero estaba/que solo se sustentaba/de las hierbas que cogía./¿Habrá otro entre sí decía/ más pobre y triste que yo?/ y cuando el rostro volvió/ halló la respuesta viendo/ que otro pobre iba cogiendo/ las hierbas que él arrojó.
Subió una mona a un nogal/ y cogiendo una nuez verde/ en la cáscara la muerde/ la que le supo muy mal/ arrójala el animal/ y se quedo sin comer./ Así suele suceder/ al que su empresa abandona/ y se halla como la mona/ al principio de vencer.
Un General se encontraba/ en lo más alto de la batalla/ silbaban las balas de una y otra parte/¡Mi General!–le dijo un soldado/ no se ponga tan al descubierto/ que le van a matar/ No importa contestó/ el General con tranquilidad/ hoy he comulgado./ ¡Oh, sabrosísimo pan de los fuertes/ Si has de verte en peligro/ comulga antes y hallarás en tu pecho/ consuelo grande/ Quien a Dios lleva dentro de sí/ a la muerte no debe temerle.

Respecto a los conocimientos aprendidos, Agustín Bescós asegura, ochenta y cinco años después de ser escolarizado con Don Ángel, que le debe a él un buen nivel de matemáticas y de geometría, lo que más tarde, en el servicio militar, le serviría para aprender el oficio de carpintero.

Muchas veces a mi madre/ él le habló de esta manera:/ Como eres viuda y ocho hijos/ uno gratis la carrera.
Yo unos días a la escuela/ otros cabrera o vaquera/ de esa manera imposible/ que yo sacar la carrera.
No conocí a mis abuelos/ y casi nada a mi padre/ por eso si mucho aprendí/ del maestro y de mi madre.


La obra de Don Ángel cubrió un arco amplio, excedió lo pedagógico para adentrarse voluntariamente en los terrenos de la ayuda y la dinamización social.

Según la revista El Magisterio de Aragón de 1924, además de promover, con el apoyo del sacerdote, la bajada del núcleo antiguo de Escuer a la carretera y de organizar la compra de materiales de construcción, daba clases de adultos, había fundado un economato para los vecinos, una cooperativa agraria de semillas, abono y aperos, prestaba dinero a los vecinos sin interés alguno y, además, cuando llegó una epidemia de fiebres tíficas al pueblo, visitaba a los enfermos y les aplicaba remedios.

Por otro lado, los informantes recuerdan haberle oído decir que su gran sueño sería “sacar del pueblo uno o dos maestros”. Hecho que, por un lado, refleja la alta estima que él tenía a su profesión y, por otro, el realismo social de su deseo pues, bien sabía, que en aquellos tiempos, era muy difícil dar otros estudios a un muchacho o muchacha del mundo rural.


Respecto a la ideología de Don Ángel, las fuentes coinciden. Como muchos maestros de la época, en cierto modo, era krausista. Poseía sólidas bases cristianas pero creía en la redención social por la vía laica. Como buena parte del Magisterio agradecía profundamente la opción que la II República había tomado a favor de la enseñanza y los maestros, y, aunque sus prácticas y creencias eran cristianas, acataba y asumía las directrices laicas del estado.

Por ello, si antes de la República, no tenía inconveniente alguno en llevar los niños a misa, durante aquella, los informantes señalan que, por un lado, no estaba de acuerdo con la orden de quitar el crucifijo de la escuela y que, por otro, ante el requerimiento del sacerdote para que enseñara “doctrina” en la escuela, él le contestó que esa labor no era de él, sino suya. Esta conversación la escuchó en clase Agustín Bescós Bescós, de Casa Carlos.

En este sentido, el artículo aparecido en El Magisterio de Aragón, en 1924, delata la armonía y colaboración existente con el párroco Maximino Galindo Gil, como luego la hubo, según los informantes, con su sucesor Gregorio Esparz.


La marcha, en 1934, de este bondadoso sacerdote hacia su nuevo destino en Santa María de la Peña no debió favorecer las relaciones políticas de Don Ángel.

Los informantes coinciden en desgraciados detalles antes de su muerte y exponerlos no es el objeto de este trabajo. Quedémonos con que Don Ángel era una persona de convicciones fuertes y que las amenazas no le hicieron renunciar a ellas. Añadamos, también, cómo, a veces, las palabras y las frases son capaces de navegar por los espacios de la memoria, durante ochenta años, sin perder una sola letra.

A pesar de la falta absoluta de rigor de los informes recabados por la Comisión Depuradora D) del Magisterio Provincial (Archivo Histórico de Huesca), un análisis subliminal de ellos crean elocuencia.
Entre sus líneas se puede entrever el grado de objetividad, de tendenciosidad e, incluso, cuando esta se da, cómo la conciencia del informante obliga a reconocer incuestionables virtudes de Don Ángel aunque sea de modo cínico o tibio.

Detalle del los pliegos utilizados por la Comisión provincial depuradora del Magisterio, ubicada en el instituto Ramón y Cajal de Huesca..

De los cuatro informes recabados, el emitido por la Guardia Civil es el más imparcial. Los otros tres rezuman el odio magmático que ocasionó aquella guerra. Algún informe se emite en caliente, veintiséis días después de haberse producido la tragedia (esta queda explicada, a grandes rasgos, en el riguroso trabajo de Esteban Gómez, El eco de las descargas, p. 205 y ss.)

Es objetivo y dichos informes coinciden en el hecho que Don Ángel militase en Izquierda Republicana y que fuese uno de los promotores del centro social que poseían los partidos del Frente Popular en Biescas.

Ante la evidencia de su gran profesionalidad y ejemplar vida en familia, los informantes aceptan el hecho con tibieza, con cinismo o con matices. Así, uno, respecto a la profesionalidad dice que competencia, tiene; otro, respecto a lo mismo, que competencia tiene la competente y, finalmente, otro, que respecto a la moral hay que distinguir pues como ciudadano es buena pero como católico es mala.

El resto de observaciones muestran las más duras esencias de aquella calamitosa sociedad que entró en guerra.

Los restos de Don Ángel descansan en el cementerio de Jaca y una sobria, pero bella estela funeraria, le recuerda en el cementerio de Escuer Nuevo.


Aunque se fue para siempre/ en Escuer siempre estará./ Él nos plantó los árboles/ y mucho han crecido ya.
Sabemos que es un buen ángel/ y que estará ya en el cielo/ y nos sigue vigilando/ para que seamos buenos.

El hecho es que la desaparición de Don Ángel fue acompañada de una gran carga simbólica por haber sido la primera víctima producida en la zona y por tratarse de un querido maestro. Este hecho se reflejaría, cuando en septiembre del 37, los republicanos ocuparon la Tierra de Biescas.

Aunque son muchos los años que han pasado, el lápiz de etnógrafo todavía me obliga a apuntar algunas frases que fluyen cuando los informantes hablan del tema. Por seguir con el espíritu que guía al trabajo, sólo apunto la que me facilitó Miguela Sanromán quien aseguraba que él sí que dio la vida por nosotros.

En resumen, aunque fuesen milicias llegadas de otra región, las que segaran la vida de Don Ángel, fue el odio, la incultura y, sobre todo, el miedo cerval que tenían los viejos poderes a que un simple maestro trastocara el orden establecido, quienes lo propiciaron.

Afortunadamente, el día 24 de agosto del año 1981, en plena transición democrática, durante las fiestas patronales de Escuer, el espíritu de encuentro reinó y se colocaron dos placas en las calles más importantes de la localidad. La que moría en la escuela se rotuló con “Don Ángel García” y la que lo hacía más arriba, en la iglesia, con “Don Gregorio Esparz”. Seguramente el tiempo había hecho olvidar que si bien este último hizo lo imposible por levantar la iglesia nueva, su antecesor Maximino Galindo, entre 1920 y 1929 –fecha en que fue destinado como profesor al Seminario de Jaca– también había apoyado el trabajo de Don Ángel.

Placa en hoonor de D.Angel García.

Placa en honor de D:Gragorio Esparz.

Los reconocimientos llegaron cuando la historia lo permitió, cuarenta y cinco años después de la tragedia, aunque ya antes, en 1924, el periódico profesional El Magisterio de Aragón refería cómo el inspector de Educación D. Luis de Francisco y Galdeano había propuesto al gobernador civil una recompensa extraordinaria para D. Ángel García Benedito por haberse excedido en el cumplimiento del deber, realizando calladamente una obra gigantesca de esfuerzo, de sacrificio y de honrada labor ciudadana.


Dicho todo esto, quedémonos con la grandeza humana de Don Ángel y divulguemos un rincón desconocido del Pirineo, donde un paseo por el nuevo Escuer y por el aéreo sendero que lleva a la torre y a las ruinas de la aldea medieval, aún permiten escuchar los latidos de un maestro que bien podemos decir que vivió para “redimir” un pueblo.