Ganadores del II Concurso Escolar de Pintura e Investigación

Imagen de Amigos de Serrablo

Como ya anunciamos en el número anterior de esta revista, en diciembre tuvo lugar la II Edición del Concurso Escolar de Pintura e Investigación, convocado por el Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo.
El tema era el mismo que el del Premio Internacional de Escultura: la trashumancia. Los ganadores en la modalidad de investigación etnológica fueron Daniel Lapuente, alumno de 3º de ESO del Instituto Biello Aragón, y Javier Casasús, de 4º de ESO del Instituto San Alberto Magno, según el jurado compuesto por Javier Lacasta y Enrique Satué.
A continuación van a poder leer sendos trabajos. Desde aquí queremos agradecer a todos los alumn@s la participación en este concurso y al profesorado su implicación en el mismo.

Javier Casasús Martín, 4º ESO, IES San Alberto Magno

La trashumancia es una forma de pastoreo que se hacía desde la Prehistoria.

En ella, un grupo de pastores del mismo pueblo, o colindantes, juntaban sus rebaños para formar una cabaña, la cual iban cambiando de zona según la estación en la que estuvieran por las llamadas vías pecuarias o, como se conocen en el valle de Tena, cabañeras. Este tipo de pastoreo, además de la agricultura, ha supuesto la subsistencia de muchas familias del Pirineo.

Debido al clima que hay en el Pirineo, inviernos fríos y veranos cálidos, los pastores tenían que llevar su ganado a tierra baja, donde los inviernos son más cálidos, y subirlo a puerto en verano, donde hace más fresco.

En verano se tenían que guardar en majadas, zonas de los puertos semicerradas alrededor de una caseta de pastores, y en invierno guardarlas en parideras semicerradas alrededor de un corral. Se metían allí porque en esa estación las ovejas están pariendo. De ahí el nombre.

Antes de que se iniciase el viaje hacia tierra baja se juntaban los rebaños que formarían “la cabaña”. En mi pueblo, Betés, se juntaban sus siete ganaderos. La oveja era la churra tensina, propia de este valle.
Aquí no se contrataban pastores de fuera, sino que eran los mismos amos o sus familias los que cuidaban del ganado. El jornal era escaso, unas 300 pesetas, por una temporada de 6 meses.
Además, se tenían que arrendar los campos de tierra baja donde permanecerían los pastores y la cabaña. El dueño de los campos cambiaba cada dos o tres años. En el caso de mi familia, en los últimos veinte años el dueño no cambió por las buenas relaciones que había entre ellos.
El jefe de los pastores era el mayoral, que solía ser el dueño de más cabezas de ganado, quien dirigía a los demás pastores. En todo grupo había otro pastor, el repatán, el de menor edad.

Antes de comenzar el viaje se celebraba una comida en cada casa del pueblo. Durante el transcurso del viaje los pastores tenían que dormir a la intemperie o en algún refugio, si había, cerca de las ovejas.

Para no pasar frío llevaban una zamarra, para la cual habían curtido una piel de choto y colocadas unas correas para sujetarla. Cuánto más grande, más cubría. Comían de un caldero con patatas, sopas y migas o comían de las provisiones que llevaban en el morral.

Si la oveja sufría alguna enfermedad durante el viaje, le cortaban una vena para que se renovase la sangre y luego el mismo pastor la curaba. En los últimos años también se ponía alguna vacuna. Si alguna oveja paría durante el viaje, el cordero se tenía que llevar en las alforjas del “burro cabañero”.

Había dos periodos: la trashumancia del 20 de noviembre al 20 de mayo y la subida a los puertos del 25 de julio hasta el Pilar. Mientras duraba la temporada de la trashumancia, los pastores tenían diferentes aficiones para no aburrirse durante ese período. Últimamente se llevaban radios o libros, pero antes se dedicaban a hacer collares para las ovejas, badajos y, los más mañosos, cucharas.

Bajar hasta tierra baja costaba de 7 a 9 días, según a dónde se dirigían (Huesca o Zaragoza). Para llegar a Huesca hacían 6 etapas y para Zaragoza, 8. Las etapas son, siendo la referencia de salida Betés de Sobremonte:

Hasta Huesca

  1. Betés-Senegüé
  2. Senegüé-La Nave
  3. La Nave-Mesón Nuevo (La Foz)
  4. La Foz-Manjarrés
  5. Manjarrés-Almudévar
  6. Almudévar-Torralba de Aragón (últimos veinte años)

Hasta Zaragoza

  1. Betés-Senegüé
  2. Senegüé-La Nave
  3. La Nave-Mesón Nuevo (La Foz)
  4. La Foz-Manjarrés
  5. Manjarrés-Almudévar
  6. Almudévar-Zuera
  7. Zuera-Zaragoza capital
  8. Zaragoza-Torrecilla de Valmadrid

Al volver de tierra baja no se hacía ninguna comida, solo se hacía cuando bajaban, también en la matacía y al esquilar las ovejas.

En mi casa, siempre han sido esquiladas a primeros de junio por el dueño con unas tijeras, ahora se hace con una maquinilla. Algunos días, después de esquilarlas se marcan. Hay muchas marcas distintas según la casa a la que corresponden. En mi caso, es una B por ser de la casa de mi abuela. La marca se hacía con pez y se esperaban unos días después de esquilar para que no se les quemara la piel.

En mi pueblo no se vendían los productos que se obtenían de los animales a excepción de la lana. Las ovejas se ordeñaban para hacer quesos y ponerlos en conserva o se ordeñaban cuando se iban a vender los corderos.

El final de la trashumancia, a partir del 75, llegó cuando dejó de dar beneficio. Los herederos dejaron de preocuparse por mantener las tradiciones, lo que llevó a que no hubiera renuevo de pastores y las personas que se habían dedicado a esto tuvieron que buscar otros trabajos para subsistir.

Es verdad que existen asociaciones que intentan recuperar esta tradición perdida que tanto les costó mantener a nuestros antepasados, pero los avances que ha traído la tecnología a la hora de cuidar o transportar los animales para que sean más productivos, no dará marcha atrás.

Este trabajo es una forma de recordar las tradiciones perdidas, mentalizar a las personas de que no siempre la vida ha sido tan fácil y el trabajo que ha costado llegar hasta ella.

Esta información me la ha proporcionado mi abuelo: Emilio Casasús Puértolas, de 97 años y originario de Betés de Sobremonte, quien realizó la trashumancia durante varias décadas.

Daniel Lapuente Gil, 3º de ESO, IES Biello Aragón

La trashumancia: bonita tradición abocada a la desaparición

Soy Daniel Lapuente Gil, bisnieto, nieto e hijo de ganaderos y futuro ganadero.

En el pueblo (Panticosa) principalmente se dedicaban a la agricultura y a la ganadería.

El ganado era de la familia y la trashumancia se hacía de cara al invierno pues no había ni alimento ni sitio para guardarlo en los pueblos.

En el caso de que se contratara a alguien para que ejerciera de pastor, por no poder estar los dueños del ganado haciendo esta labor, se le contrataba por jornales que se le daban al final de la campaña y que rondaban las 400 pesetas (2,10 €). Se contrataba por la temporada de invierno y a veces hasta todo el año.

Se componían los ganados principalmente de ovejas, las cuales portaba cada ganadero desde 200 a 600 e incluso más. Iban cabras y chotos, que es el macho de la cabra castrado, para que tuviera más fuerza para llevar la esquilla y guiar el ganado, y también llevaban burros con las alforjas que llevaban la comida, la ropa necesaria y los corderos que nacían durante la trashumancia.

El ganado, a no ser las ovejas paridas, dormía al raso ya que en el pueblo no había sitios para encerrarlas. Tampoco había dinero para bajarlas hasta tierra baja con un camión, y a tierra baja se bajaban para no tenerlas que encerrar y darles hierba.

Al volver de la trashumancia, en el mes de junio, se llevaba a cabo el esquileo que se hacía con tijera, una a una. Lo hacía la gente del pueblo. Al terminar se celebraba con una gran comida entre todos los que habían participado en el esquileo, que se hacía en casa del dueño de las ovejas esquiladas corriendo el gasto a su cuenta.

Para conocer el ganado había dos tipos de marcas que todos los ganaderos usaban y usan:

  • una señal en la oreja, que se le hacía al nacer, o con poco tiempo de vida, con la navaja.
    Hay cinco tipos: osqueta, resacao, horqueta, ofendida y espuntada; como mucho se podían combinar dos señales. Cada casa tenía la suya.
  • Marca con pez con un hierro que tenía cada casa con sus iniciales o con un símbolo característico de la casa para conocerlas más fácilmente cuando se juntaban con otros rebaños.
    La pez caliente se le ponía en la parte derecha de los cuartos delanteros.
    Había que esperar un mes después de haberle esquilado, que le hubiera crecido un poco la lana para no dañarle la piel.

El ganado en esa época se tenía únicamente por la producción de corderos y lana, ya que entonces estaba cotizada para prendas de vestir o colchones.

La trashumancia son los días de cabañera que se hacía con el ganado por la carretera, desde su punto de origen hasta el punto de destino. Como he dicho, se hacía para ir a los pastos de invierno con el ganado ya que en las cuadras no se podían tener pues no había ni alimento, por la nieve, ni lugar para tanto número de cabezas de ganado. Salían de los campos de verano en noviembre y volvían de los pastos de invierno para primeros de junio, dependiendo del tiempo. Al llegar a los pastos de verano (pueblos) iba el ganado a los campos de cada casa y a los campos arrendados.

A primeros de agosto ya subía el ganado a puerto. Al volver de los pastos de verano no volvían a los de siempre, como hacen en verano, ya que según quien lo deje más barato se arrendaban.

Se arrendaban por la temporada o por dos o tres. Solo se arrendaban las parideras donde dormía el ganado por las noches y se quedarían los corderos más jóvenes con sus madres y los montes donde pacerían las ovejas.

Según el número de ganado que pacía esos montes iban más o menos pastores. Por lo normal iban de tres a cuatro, entre ellos había:

  • Un mayoral: por lo general era el pastor más veterano, el que más entendía del ganado, y era el encargado de los demás pastores.
  • Un repatán: era el novato, el más joven, que iba a aprender el oficio y ayudaba a los pastores a cambio de la comida.
  • El dueño de las ovejas: iba según las épocas. Así, cuando tenía faenas que hacer en el pueblo, no bajaba pero, cuando tenía tiempo, les acompañaba.

La trashumancia no duraba los mismos días todos los años. Había años que duraba más y otros, menos.

Según la distancia que tenían que recorrer, oscilando entre los 6 y 9 días. Se tardaba los mismos días en ir que en regresar, a no ser que en plena trashumancia arrendaran algún campo y se estuviera allí el ganado unos días hasta que lo pacieran. Según a dónde iban, tomaban una vía pecuaria determinada.

La cabañera de valle de Tena pasa por Sabiñánigo y Huesca pero cada pueblo tenía algún camino diferente a los demás.

Se organizaba bien, antes de partir, dónde se dormiría cada noche. Los pastores dormían al raso con mantas o con pellejos curtidos de ovejas y cabras. Se paraba a comer a mediodía lo que se había comprado la tarde pasada en el pueblo donde se había parado.

Cuando se encerraba el ganado por la tarde, se aprovechaba para descansar y alguno mataba el tiempo realizando cañablas (collares de madera de fresno o nogal con los que se llevaban las esquillas), que se hacían curvas con ayuda del soleador, y badajos (trozos de madera de buxo, que pendían dentro de la esquilla para que produjeran ruido). Esta artesanía se hacía en tierra baja, cuando los pastores tenían más tiempo.

Otro de los pastores aprovechaba para ir a comprar la cena y la comida del día siguiente ya que no se podía ir a comer al pueblo porque había que controlar al ganado, que estaba suelto, no encerrado en algún vallado.

Los perros comían poco: solo alguna sobra de los pastores, algún currusco de pan seco, algún animal que se moría por enfermedad ya que si se moría alguno sano por despeñamiento, asfixia, etc., se lo comían los que cuidaban de las ovejas.

Al volver a casa, no se celebraba con ninguna comida ya que eran tiempos de escasez. Sin embargo, al partir, se realizaba la llamada “cena pastoril” entre los pastores y ayudantes que iban a hacer la trashumancia, cada año se hacía en una casa.

Respecto a las enfermedades del ganado, decir que había muchas menos enfermedades que las que hay ahora. Los únicos medicamentos que existían en ese momento era la penicilina. Las demás curas eran caseras: como picharles el bulto que le hacían las víboras al morderlas; las ovejas, con esa enfermedad, se volvían locas y empezaban a dar vueltas en círculo. Se curaban haciéndoles un corte en el lagrimal con la punta de la navaja y, si no se curaban, había que sacrificarlas.

Otra enfermedad común era la brucela. Si enfermaban, la podían contagiar al hombre produciéndole fiebres de Malta. Esta enfermedad en la actualidad se controla analizando a las hembras, a las futuras madres, y sacrificando las que salían positivas en brucelosis. Así se ha podido controlar este mal.

La indumentaria del pastor era simple pero efectiva. Se llevaba un morral, fabricado con la piel de un choto, con la comida y la bota de vino si se podía y, a veces, los artilugios para trabajar la madera. También un palo de avellanera que le servía para apoyarse ya que, como bien dice el dicho, un pastor sin vara no vale nada.

De ropa, cada uno llevaba lo que podía pero predominaban más las zamarras (pieles de choto o carnero curtidas) que se ataban al cuerpo con tres correas de cuero, dos en forma de “x” en el pecho y una que pasaba en horizontal a la altura del ombligo, que les servía como abrigo y para tumbarse en los marginazos mientras cuidaban del ganado, y unas abarcas (calzado compuesto de una suela de cuero sujeta al pie con unas correas).

La trashumancia se dejó de hacer al construir naves en los municipios y al poder alimentar al ganado durante todo el invierno. Algunos ganaderos la siguen haciendo pero transportan al ganado en camiones, alternativa que resulta más cara.

Esta información la he obtenido de las historias que me ha contado mi abuelo, José María Lapuente Laguna, antiguo trashumante, y mi padre.