La evanescencia del legado de Cajal

Actualmente, existe un problema serio y de alcance global: la evanescencia de ciertos legados culturales. Sobre todo, salta a la vista en el caso de los fondos bibliotecarios, cuya causa radica en el tipo de papel más usual para la impresión de libros desde hace algo así como siglo y medio, un papel de pH ácido, lo cual significa que, con el tiempo, se degradan las cadenas de celulosa y el papel se torna frágil y quebradizo, por lo que termina por disgregarse a la postre. Así las cosas, hay una gran preocupación en bibliotecas de todo el planeta habida cuenta de que muchos millones de libros terminarán por hacerse polvo en cuestión de unas pocas décadas y no se cuenta con los recursos necesarios para su reposición. Algo similar cabe decir en lo tocante a otros legados, como los de científicos, artistas y escritores. En particular, el de don Santiago Felipe Ramón y Cajal.

Desde hace años, el profesor Juan Antonio Fernández Santarén ha denunciado la incuria en relación con el legado del ilustre histólogo aragonés. Por ejemplo, el daño sufrido años atrás por la estatua erigida en homenaje a Cajal conocida como “El Lápiz”, hoy restaurada. En fecha más reciente, Juan Antonio ha puesto el dedo en la llaga a propósito del extravío de unas 12.000 cartas del epistolario de don Santiago, cuestión de la que se ocupa en su libro Santiago Ramón y Cajal: Epistolario. En relación con esto, Fernando Díaz de Quijano expresó lo siguiente: El archivo documental de Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), de cuya muerte acaban de cumplirse 80 años, es una buena muestra del maltrato que las autoridades españolas dispensan a menudo al legado de sus grandes figuras intelectuales. Y no solo las autoridades españolas, puesto que estamos ante un problema compartido a lo largo de todo el mundo hispano, como cabe apreciar, por ejemplo, en el descuido imperdonable del patrimonio literario colombiano.

No deja de sorprender la desaprensión constante en lo relativo al legado de Cajal. En 1999, una casa de subastas de Madrid quiso sacar a la venta una parte de tal legado. Por fortuna, el titular del Juzgado n.º 27 de dicha ciudad suspendió la subasta de marras ante la denuncia realizada por Ángeles Ramón y Cajal, nieta de don Santiago, quien declaró lo siguiente al diario español El Mundo: “Es muy triste contemplar cómo la familia renunció a las obras de mi abuelo para que la sociedad se beneficiara de ellas y ahora veamos como, después de ser sustraídas, salen a la venta. Esto sería impensable en Francia, por ejemplo, con Pasteur”.

De izquierda a derecha: Xavier Agenjo, director de Proyectos de la Fundación Ignacio Larramendi; Lourdes Martínez Gutiérrez, presidenta de dicha fundación; Ana Santos, directora de la BNE; María Ángeles Ramón y Cajal, nieta de don Santiago; y Juan Antonio Fernández Santarén en el lanzamiento del libro sobre el epistolario de Cajal.

Así mismo, Juan Antonio ha recogido varios testimonios, publicados en la revista Arbor, los cuales dan cuenta de las pésimas condiciones de conservación del archivo de Cajal, recluido en un sótano y empacado en cajas de galletas. En palabras del propio Juan Antonio: En 2006, pude comprobar que se seguían guardando en cajas de cartón, pero ya no eran de galletas, sino de una conocida marca de vermut. Y tengo fotos que lo demuestran. Y si esto pasa con el legado de una gloria científica como Cajal, cuyo respeto por fuera del mundo hispano no ha mermado, qué no sucede con los legados de otras figuras intelectuales hispanas conspicuas. En el fondo, esto no debe sorprender dado que estamos ante un fenómeno recurrente a lo largo de los siglos como cabe apreciar en otro caso, el de Jerónimo de Ayanz y Beaumont, el Da Vinci español, cuya obra, sumida en el olvido durante centurias, apenas salió de la oscuridad en 1987 cuando el profesor Nicolás García Tapia la rescató del Archivo de Simancas. Y estamos hablando de alguien que inventó la máquina de vapor un siglo antes que los ingleses, además del aire acondicionado, el equipo de buceo autónomo, un submarino, el primer eyector de vapor y muchos otros inventos, para un total de medio centenar. Por el estilo ha pasado con los legados de Jorge Juan y Santacilia, quien mejoró los navíos de línea españoles; Narciso Monturiol Estarriol e Isaac Peral y Caballero, inventores del submarino moderno; y Emilio Herrera Linares, inventor del traje espacial. Son nombres a los que cabe añadir los de muchos otros españoles y latinoamericanos de fuste. En suma, como diagnostica Marcelino Cereijido con lucidez, los países hispanos carecen de ciencia y, si la tuvieran, no sabrían qué hacer con ella.

Acerca de la vida y obra de Ayanz, García Tapia destaca lo siguiente: El caso de Jerónimo de Ayanz y sus invenciones […] es un ejemplo de que en la historia de la tecnología española quedan aún muchas cosas por hacer. Conclusiones tan simples como que “siempre han inventado ellos”, basada en una famosa frase de Unamuno, no son sostenibles. Basta con conocerla obra de inventores como Jerónimo de Ayanz para desmentir este manido tópico. Por algo, Lope de Vega y Carpio le hizo un merecido reconocimiento a Ayanz, el Da Vinci español, en una parte de su obra titulada Lo que pasa en una tarde; y lo propio hizo Baltasar Gracián y Morales en El Criticón. Así las cosas, a menos que el mundo hispano en general preserve con cuidado los legados de sus figuras intelectuales en los diversos campos del saber, jamás será posible superar los tópicos manidos del estilo de “siempre han inventado ellos”, lo cual tendrá como consecuencia inevitable el eterno retorno hacia la polémica de la ciencia española, una típica discusión bizantina como la que más.

Patente de la máquina de vapor de Jerónimo de Ayanz y Beaumont.

En el mundo de las sociedades dedicadas a la historia de la ciencia y la tecnología, la Newcomen Society tiene una divisa bastante elocuente: Actorum memores simul affectamus agenda. Una traducción de la misma puede ser la siguiente: “Buscamos hacia atrás mientras vamos hacia delante”. En otras palabras, que el futuro puede aprender del pasado. Así, en el seno de una cultura que le otorga sentido a una divisa como la señalada, los legados de sus intelectuales adquieren una gran importancia. Por desgracia, el mundo hispano carece de una cosmovisión así, de lo cual don Santiago era bastante consciente, puesto que dedicó un capítulo de sus Charlas de café a la muerte, la inmortalidad y la gloria, en el cual topamos con el siguiente diagnóstico suyo: Uno de los muchos motivos explicatorios de nuestro atraso cultural y político es la ausencia casi absoluta del culto a los muertos ilustres. En España, el que se muere acaba de una vez y para siempre. ¡Felices los países en que el ataúd constituye la envoltura de la ninfa, que espera, con el calor vernal de los corazones, la ascensión a una vida más alta y pura!. He aquí unas palabras que parecen recién escritas para la evanescencia de su legado en la actualidad, palabras que se complementan con estas otras: Solo merecen la gloria los hombres que, mediante la acción inteligente y altruista, embellecieron, mejoraron y esclarecieron algo el mundo que habitamos. Por desgracia, el mundo hispano no vibra con esta idea.

Emilio Herrera Linares (con sombrero) y sus colaboradores junto a su traje espacial.

En el sesquicentenario del nacimiento de Cajal, Ignacio Izuzquiza procuró poner en contexto dicha efemérides: Celebrar la memoria de Cajal tiene, en mi opinión, un sentido peculiar que puede ampliarse a otras celebraciones. Recordar su obra y su figura debería servir para arrancar elementos de optimismo en la vida de hoy. Es decir, hacer del recuerdo del pasado un motivo para vivir el presente de modo nuevo. O, al menos, para hacer del presente una patria más agradable de la que poseemos. Empero, para vivir el presente de un modo nuevo, para buscar hacia atrás mientas vamos hacia delante, es menester la incorporación social de los legados de quienes, merced al noble ejercicio del intelecto y el espíritu, procuraron dejar el mundo mejor que como lo encontraron. Justo por esto debe alarmar la evanescencia de legados como el de don Santiago, puesto que se desvanece la posibilidad de rescatar ideas que sean fructíferas para iluminar nuestro distópico tiempo.

Escudo y divisa de la Newcomen Society.

FUENTES

  • DÍAZ DE QUIJANO, F. (2014). Las cartas perdidas de Ramón y Cajal. Extraído el 14 de febrero de 2016 desde http://www.elcultural.com/noticias/letras/Las-cartas-perdidas-de-Ramon-y-Cajal/7110.
  • FERNÁNDEZ SANTARÉN, J. A. (2014). Santiago Ramón y Cajal: Epistolario. Madrid: La Esfera de los Libros.
  • GARCÍA TAPIA, N. (2010). Un inventor navarro: Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613). Pamplona: Universidad Pública de Navarra.
  • MAINER, J. C. (Ed.). (2006). Cajal: Una reflexión sobre el papel social de la ciencia. Zaragoza: Institución Fernando el Católico.
  • RAMÓN Y CAJAL, S. (1941). Charlas de café: Pensamientos, anécdotas y confidencias. Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina.
  • SIERRA CUARTAS, C. E. (2004). Santiago Ramón y Cajal: Un caso de hemianopsia en la historia de la ciencia del mundo hispano. En: LOPERA B., José (Ed.). Grandes pensadores: Biólogos, etólogos, ecólogos y médicos. Medellín: Universidad Nacional de Colombia.

Iconografía: