Sierra de Partacua. La muralla de Peña Telera

Eduardo Viñuales Cobo, y Alberto Martínez Embid han publicado el libro Guía de montes de Huesca. 200 ascensiones, de la editorial Sua.

Sierra de Partacua desde Hoz de Jaca. Abajo, el embalse de Búbal.

¡Qué murallas de piedra tan colosales tiene el frente norte de la sierra de Partacua! Lo más alto, su largo perfil cimero, semeja ser una doncella dormida tumbada mirando al cielo, a las nubes y a las estrellas del firmamento. Y allí, en esos dientes de sierra, en esas aristas del mundo, es donde despuntan cumbres como la Peña Telera y otras “secundarias” menos holladas por los montañeros y los montañeses, cimas de atractivos y sonoros nombres: Peña Blanca, Corona del Mallo, Cachivirizas, Zarrambucho, el Pabellón de Telera, Puerto Rico y la Pala de los Rayos ya en el extremo más occidental de este relieve precipitado.

Peña Telera.

Allá no hay ruido. Tan solo aire, niebla, nieve, piedras, belleza, calma, luz y colores como el de casi todo atardecer. Son varias las canales de piedra –de hielo y nieve en invierno–, que trepan y tratan de encaramarse sin gran disimulo por las verticales caídas de esta barrera natural de los Pirineos. Y por ahí es por donde suben algunos árboles: se trata de pinos negros, grandes héroes vegetales aferrados a la roca en los lugares más inverosímiles de la alta montaña, subiendo hasta los 2.300 metros, enraizando en las repisas, paredes, grandes bloques de piedra desprendidos… allá donde además de la escasez de suelo también perdura la nieve y donde el viento es capaz de soplar con mucha fuerza.

Igualmente, son de gran interés biológico las poblaciones vegetales que crecen al pie de estos precipicios naturales, en los canchales o “gleras”, en suelos periglaciares originados por el efecto de la gelifracción –cuando el hielo y deshielo continuado fragmenta y deshace las rocas de la sierra que se desprenden ladera abajo–.

Pero es también al mismo pie de estos asombrosos frontones calizos del Mesozoico donde sigue estando desde hace siglos el pequeño ibón de Piedrafita, de hasta 4 metros de profundidad, que aprovecha un frente morrénico. Y no muy lejos de ahí, al sureste, incluso existe un arco de piedra natural, una delicia de la geología para quien desee acercarse caminando.

La base de la sierra de Partacua es el arranque de la mayor pradera alpina de la península Ibérica, Lana Mayor, “el prado mayor”, que llega hasta el ibón embalsado de Tramacastilla, al embalse de Escarra, al Rincón de Balsera y a las turberas de la Paúl de Izarbe, de suelos mullidos gracias a la gran cantidad de materia orgánica que se acumula. Toda esta ondulada superficie ha venido siendo aprovechada como pasto por los grandes rebaños de vacas, ovejas y caballos… favoreciendo que sigan allí plantas gramíneas y flores multicolores como la carlina, el trébol de montaña o la siempreviva. Por cierto, me sorprende que este gran paisaje natural vivo, tan bello y alpino, no esté en la lista de Espacios Naturales Protegidos de Aragón. No lo logro entender.

Flor de nieve, Edelwaiss.

Pastor.

La muralla de Peña Telera.