Las iglesias de Acumuer

Imagen de Montuenga, Jesús

Hace algún tiempo, ya había publicado mi libro Acumuer (1556-1965) en 2008, un buen amigo mío y “chirigüelo” (mote con el que se conoce a los nacidos en Acumuer) ejerciente, Enrique Abós, puso a mi disposición dos planos de la iglesia de Acumuer. Le manifesté mi intención de escribir un artículo sobre los mismos y cumpliendo mi palabra, aunque con algún retraso, paso a hacerlo.

Creo entender que los citados planos se dibujaron con ocasión de efectuar la reforma de la iglesia para darle el aspecto que muestra hoy. Así pues, el de la iglesia anterior a la reforma muestra la orientación propia de las iglesias serrablesas: ábside mirando al este, puerta al mediodía y muros cerrados al norte y al oeste. En la iglesia reformada, la puerta se sitúa al este y el ábside es girado 180º pasando al oeste, se cierra la pared sur y queda la del norte igual que en la iglesia primitiva.

Pero cabe preguntarse si no existió una iglesia anterior a las de los planos, en cuyo caso serían tres los templos que a lo largo de su existencia tuvo Acumuer. Una cosa es cierta, el templo siempre estuvo dedicado a la Asunción de la Virgen.

El río Aurín ha servido de eje a dos comarcas históricas: la val de Acumuer, iniciada en las faldas del Marañón (2.237 m) y del pico del Águila (2.697 m), con final al sur de Larrés, y la val de Ahornes, que se prolonga hasta la desembocadura en el río Gállego. En época medieval el valle de Acumuer pertenecía al arciprestazgo de Sobremonte, mientras que el de Ahornes era un arciprestazgo independiente.

La entrada al valle de Acumuer estaba guardada por dos castillos musulmanes pertenecientes al waliato de Huesca: uno, en la actual partida de Santa Cruz, al sur de Borrés, y otro en la confluencia del tozal del Muro y Castillo Pellicán. En la gran campaña expansionista realizada en el año 920 por el conde de Aragón Galindo Aznárez II, este consiguió apoderarse de este valle tras una batalla con los hombres de las guarniciones de ambos castillos. Una pequeña crónica lo explica así: Salieron de las dos fortalezas los hombres que las guardaban y entablaron dura batalla, en el curso de la cual se ocasionó tal mortandad que la sangre corrió como el agua.

Esto nos viene a decir que los musulmanes consideraban el valle de un valor estratégico y que lo tenían bien vigilado. Nos muestra asimismo la existencia de una población, la de Acumuer, posiblemente de religión cristiana y que de alguna manera dispondría de algún recinto para la celebración del culto. Formaban también parte del valle los núcleos desaparecidos de Cercito y de Eresún, aunque cabe la posibilidad de que este último fuera poblado tras la conquista por parte de las tropas aragonesas.

De conformidad con su táctica de dotar de un monasterio cada valle o comarca incorporada a su condado, el conde Galindo Aznárez II procedió a la fundación del cenobio de San Martín de Cercito, junto al río Aurín, y le dotó con las villas de Acumuer y Cercito. En 1071 la abadía de Cercito fue puesta bajo la jurisdicción del recién fundado monasterio de San Juan de la Peña y convertida en priorato. Todas las parroquias del arciprestazgo de Sobremonte eran rectorías, menos la de Acumuer, que era vicaría bajo el dominio de San Juan de la Peña, de cuyo patrimonio pasó a formar parte como dependencia que era del monasterio de Cercito. Los diezmos y primicias percibidos por la iglesia de Acumuer eran aplicados a la mensa abacial pinatense.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. La falta de documentación nos impide datar la fecha de la construcción de la iglesia, de cuya existencia solo quedan dos vestigios: la esbelta torre, simulando un minarete de mezquita, que responde al tipo serrablés, aunque fue modificada para albergar campanas, y en la parte meridional una puerta tapiada enmarcada por un doble arco de medio punto y otro más amplio del cual solo se conservan los arranques del mismo, junto con un lienzo de pared en cuya parte media superior se abre una ventana estrecha y abocinada como si se tratara de una aspillera y que se corresponde con una antigua capilla, según se puede observar en el plano de la llamada iglesia original. El color oscuro de la piedra de la primitiva construcción destaca sobre el color más claro de la moderna. En el interior de la iglesia actual todavía pueden observarse dónde estaba situado el acceso a la torre y el arco de lo que era una capilla, que se manifiesta en la cara norte del actual edificio. En el lugar donde se situaba la sacristía está el acceso por el lado izquierdo a la torre-campanario, al frente a la capilla de la Concepción, antigua ermita, y por la derecha al coro.

Se ha citado anteriormente la orientación del ábside al este y en él se colocó el retablo de “La Dormición de la Virgen María”, que a finales del siglo xvi realizó en madera dorada, estofada y policromada el pintor Nicolás Xalón de Jaca, junto con el mazonero Domingo Pérez. Sus medidas son de 6,12 x 4,15 m y fue tasado, una vez realizado, en diciembre de 1592, en 1.057 libras y 7 sueldos jaqueses. Se acabó de pagar en 1608. En el relato de la visita que el 3 de noviembre de 1609 efectúa el abad de San Juan de la Peña Dr. D. Hieronimus Murero, se dice que este fue recibido por la cruz parroquial a las puertas del cementerio, estando presentes Miguel Melero, fraile del cenobio pinatense, prior de Acumuer; el Dr. Martín de Aras, juez que acompaña al abad al objeto de impartir justicia; mosén Fabricio Aragüés, vicario perpetuo del lugar; Matías de Aragüés, justicia, los jurados y todo el pueblo, mujeres y hombres. Van en solemne procesión, pasan por la ermitilla de la Concepción y entran al templo por la puerta situada en el muro meridional. En el mismo relato se dice que la iglesia posee tres altares: el mayor dedicado a la Asunción de la Virgen, donde se encuentra el retablo de la Dormición, y los otros dos a la Virgen del Rosario y a San Hipólito, patrono del pueblo. De la imagen de la Virgen del Rosario se dice que está muy galantemente pintada y dorada con su peana muy buena.

Si se observa el plano de la que se llama iglesia original, el de antes de la reforma del siglo XVIII, se ve que el ábside orientado al este tiene forma trapezoidal y que mirándolo de frente en su lado izquierdo se encuentra el acceso a la sacristía. En ese mismo lado y antes de acceder al presbiterio se encontraba el acceso a la torre, que como ya se indicó antes, puede intuirse en la iglesia actual. El tejado tiene vertiente a cuatro lados y estaría sostenido por las necesarias tijeras de madera.

Plano de la iglesia original, antes de la reforma del siglo XVIII.

Sería de losa, con el consiguiente trabajo de su conservación, dadas las goteras que se producirían por el deterioro de la cubierta.

Por lo tanto, tenemos una iglesia que el plano llama “original”, que no sabemos cuándo se construyó, que posee una torre de reminiscencias del mozárabe serrablés, una entrada situada al mediodía con arcos de medio punto, un ábside trapezoidal orientado al este y los muros norte y oeste cerrados. Se puede añadir que en el año 1596, el 12 de enero, fiesta de S. Viturián, se trajo una pila bautismal que todavía se conserva en la actualidad.

No cabe ningún género de duda que la reforma de esta primitiva iglesia tuvo lugar en el siglo XVIII y que como consecuencia de la misma se da un giro de 180º pasando ábside y sacristía al lado oeste, se tapia la entrada meridional y se crea el acceso al templo por el este. Otro hecho a considerar es que la ermitilla de la Concepción, en un principio aislada del templo, queda unida a este con doble acceso: uno a través de una puerta de medio punto en cuya dovela central figura la fecha de 1747 y otro entrando a mano derecha, donde un vestíbulo permite al frente acceder a la ermita, a la derecha a las escaleras del coro y a la izquierda a la torre. Existe así mismo una pila de agua bendita, en piedra arenisca, que lleva la fecha de 1749.

En los planos no figura ninguna fecha, pero en el de la iglesia actual en la parte central de la planta hay un nombre: Joseph Catalinete, citado por Jesús Martínez Verón en el Volumen II de su obra Arquitectos en Aragón. Diccionario histórico, editado por la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza en 2001. Está documentado como maestro de obras en Jaca durante la segunda mitad del siglo xviii y como obra suya se nombra el colegio y la iglesia de las Escuelas Pías de Jaca. No dice nada de la iglesia de Acumuer.

Si miramos el plano de la reforma del siglo XVIII, tenemos una iglesia de planta rectangular con un ábside (D) que prolonga la nave (C) del templo y se estrecha en forma de trapecio, con su hueco (E) para el retablo mayor y ajustado al tamaño del mismo. A su lado izquierdo la sacristía (F), que tiene un armario (G) para las jocalías. Ocho huecos, dispuestos cuatro a cada lado. El primero a la derecha (I) para acceso al coro y la torre y su correspondiente a la izquierda (I) para la pila bautismal, la que se trajo en 1596. Sobre estos dos se encuentra el coro (B), que prolonga el techo de la nave. Los seis restantes (H) sirven para alojar las capillas. Al templo se accede por una puerta (A) situada mirando al este. Aunque en un principio se habla de bóvedas, por lo que se deduce de los relatos de las visitas pastorales, estas debieron de construirse más tarde. El tejado, al igual que el de la iglesia anterior, lo es a cuatro aguas y cubierto de losa. En el edificio actual el acceso a la iglesia dispone de un porche con tres aberturas de arco de medio punto y de gruesas paredes con un tejado de losa con vertiente a cada abertura. La puerta de madera con remaches metálicos, no se sabe si es la original, está enmarcada con un arco de medio punto y sobre el mismo el escudo policromado en piedra arenisca del monasterio de San Juan de la Peña, a saber, el “Agnus Dei” (el Cordero de Dios) con su banderín y encima una corona y en la parte inferior del mismo se lee DE S. JUAN DE LA PEÑA.

Pasemos revista a las visitas pastorales y fijémonos en aquellas que hacen referencia a la fábrica del templo:

  • 13/07/1602: D. Malaquías de Asso, obispo de Jaca, manda alargar el ara del altar de San Hipólito.
  • 26/11/1619: Ordena el obispo D. Luis Díez de Aux copiar en el libro de la parroquia un decreto por el que las obras en las iglesias, salvo retejar o regotar, no se hagan sin la debida licencia del obispado, a no ser que se hayan mandado en una de sus visitas. La pena será de 50 ducados y otras penas que se destinarán a otras iglesias y obras pías.
  • 15/10/1621: D. Juan de Sarasa, canónigo de Jaca y visitador general, ordena que se reparen las puertas y cobertizos del cementerio, ya anteriormente mandado, en el plazo de 6 meses. (A este respecto cabe apuntar que se enterraba en el entorno de la iglesia hasta que una orden de Carlos III mandó que los mismos se alejaran de los núcleos habitados, cosa que sí se hizo en Acumuer).
  • 18/08/1752: D. Esteban Vilanova Colomer, obispo de Jaca, ordena arreglar el altar de San Hipólito y pavimentar a llano la iglesia, dando permiso para trabajar en día de fiesta; por cada día de trabajo, 10 días de indulgencia, con tal de que se haga en el término de un año. (Cabe pensar en un trabajo “a vecinal” y que dada la urgencia se pudiera hacer en día festivo).
  • 11/08/1753: El Dr. D. Jayme Bruichfeus, visitador general y provisor de la diócesis de Jaca, ordena que si dentro de 6 meses no han compuesto el altar de San Hipólito, mande el vicario sacarlo de la iglesia, bajo pena de 10 escudos para obras pías.
  • 23/08/1754: El obispo de Jaca D. Esteban Vilanova Colomer ordena que habiéndose quitado el altar de San Hipólito, con brevedad se haga otro altar nuevo ya que es el patrono del lugar. Además, que con bienes de la primicia se blanquee la iglesia y se compre damasco verde y morado para un frontal.
  • 20/06/1758: D. Pascual López y Estaún, obispo de Jaca, ordena hacer un dosel para el altar mayor. El 21/06/1759 manda hacer un dosel para exponer al Señor y 6 candelabros modernos plateados; retocar las imágenes del altar mayor y proveer en el mismo un nicho para reliquias. El 16/09/1769 ordena hacer una arquilla para el monumento y que se componga a la mayor brevedad posible la pila bautismal. (A este particular cabe comentar que en la actualidad dicha pila está provista de un zuncho metálico que la rodea en su totalidad debido a que quizá con el transcurso del tiempo se rajara y de esta forma se mantuviera su integridad). El 15/10/1768 manda hacer la iglesia de bóveda, pues hay bienes para ello, y se reserve el dinero destinado a los frontales ordenados en su visita del 04/06/1766 si no se cumple sin dilación la ejecución de los mismos. El 06/09/1771 vuelve a insistir en la construcción de la bóveda. (Han pasado casi tres años y la iglesia todavía no tiene bóveda).
  • 21/08/1782: D. fray Julián de Gascueña, obispo de Jaca, ordena que en los altares en los que no hay un crucifijo se ponga uno y no se celebre misa hasta que lo haya. También arreglar e iluminar la escala de la torre de la mejor manera posible.
  • 24/08/1788: D. fray José Antonio López Gil, obispo de Jaca, ordena que en lo relativo al abovedado, blanqueado de la iglesia y escalera de la torre, pague el monasterio de San Juan de la Peña y se haga en el plazo de un año. También manda acabar y adecentar en el plazo de 6 meses la ermita de la Virgen del Pueyo. (No tengo constancia de cuándo se abovedó la iglesia, pero en lo referente a la ermita citada, en la parte superior de su puerta hay una piedra rectangular que lleva grabado AÑO 1778, esto es 10 años antes de que el obispo mande acabar la obra).

Plano de la iglesia reformada en el siglo XVIII.

Cabe añadir que a lo largo de los años la iglesia del siglo xviii fue sufriendo variaciones hasta llegar a lo que hoy es. El suelo de piedra fue sustituido por otro de tarima, se fabricaron bancos de madera, el cementerio se trasladó al lugar que ocupa hoy y con la desamortización de Mendizábal dejó de pertenecer al monasterio de San Juan de la Peña y sus vicarios pasaron a ser párrocos o rectores al igual que en las iglesias circundantes.

Por último decir que su torre alberga tres campanas: “Santa Bárbara (1807)” y que en la actualidad está rajada, “Santa Águeda (1876)”, que lleva inscrito el nombre de su fundidor Ballesteros me hizo, y la más pequeña, “Santa Orosia (1855)”. Junto al nombre y año de fundición figura en todas ellas la inscripción Ora pro nobis (Ruega por nosotros).

Este epílogo se va a referir única y exclusivamente a los trabajos que a partir del año 1989 se han realizado al objeto de conservar y restaurar el templo parroquial de Acumuer, aunque no haya podido recobrar su antiguo esplendor, por lo que todos los vecinos y antiguos habitantes de Acumuer saben acerca de los acontecimientos que tuvieron lugar a partir de principios de los años 70.

D. Ángel Hidalgo, obispo de Jaca, ante los informes que le presentaron D. Jesús Auricinea, responsable del patrimonio artístico de la diócesis, y D. Jesús Burguete, cura responsable de la parroquia de Acumuer, decide que sea trasladado a Jaca el retablo mayor y se recoja todo aquello que tuviera algún valor artístico, así como todo lo relativo al culto, es decir, utensilios y ornamentos. La excusa: que el pueblo había quedado deshabitado y que se corría el riesgo de que la iglesia fuera objeto de robo o saqueo por parte de personas dedicadas al comercio del arte sin ningún tipo de escrúpulos. El pueblo no había quedado deshabitado en su totalidad, pues aún seguían viviendo algunas personas y otras familias pasaban en él largas temporadas. Los sacerdotes antes citados cumplieron la orden de su obispo según su propio criterio y se efectuó no solo un vaciado del templo, sino que se arrancaron los recubrimientos de las mesas-altar dejando al descubierto las piedras que las formaban y que no eran un dechado de obra de arte. El retablo del altar mayor luce en la actualidad todo su esplendor en la iglesia de Santiago de Jaca y ha sido restaurado recientemente. Los retablos de los altares laterales no se sabe dónde paran así como otros elementos de culto. Los bancos se sabe que fueron a parar a Larrés, de donde en fechas posteriores fueron recuperados. Las cruces procesionales fueron a Jaca y en la actualidad una de menor calidad está en Acumuer.

Corría el año 1988 cuando el entonces obispo de Jaca, D. Rosendo Álvarez, acompañado del que había sido párroco, D. Alfredo Giménez, efectúa una visita e insta a los propietarios de Acumuer a que emprendan al menos la reparación del tejado de losa, al objeto de evitar las numerosas goteras que podían conducir al derrumbe del mismo. De inmediato se constituye una junta parroquial pro restauración de la iglesia presidida por D. Ángel Aranda, sacerdote responsable de Acumuer, y de la que forman parte el alcalde pedáneo y otros vecinos. Ponen manos a la obra y se dirigen cartas solicitando ayuda económica no solo a los propietarios sino también a aquellas personas descendientes de Acumuer y que pudieran colaborar en la empresa que se iba a emprender. La respuesta fue buena y se consiguió en el año 1989 renovar la cubierta del templo. Colaboraron el Obispado de Jaca y el Ayuntamiento de Sabiñánigo. Posteriormente a principios de los noventa se volvió a solicitar nuevas ayudas para cambiar el tejado de la capilla de la Concepción adosada al templo parroquial.

Pero el interior del templo seguía con sus paredes desconchadas y el techo con los efectos de las goteras. A costa de un vecino se restauró la pared de piedra caravista que había quedado al descubierto tras la retirada del retablo y otro construyó a su costa una nueva mesa de altar al objeto de poder celebrar la santa misa cara al público.

A instancias de Amigos de Serrablo se lleva a cabo, por parte de una escuela taller de albañilería residente en Sabiñánigo, una reparación y consolidación de la torre donde se asientan las campanas. En 1995 se coloca una iluminación con dinero procedente de las limosnas de las misas del mes de agosto y que efectúa un vecino de oficio electricista. En el 2003 un carpintero de Sabiñánigo efectúa la donación de una gran cruz de madera que se instala definitivamente al año siguiente en la pared del ábside y que se ilumina por su parte posterior.

Torre actual de la iglesia de Acumuer.

Un acontecimiento iba a poner de manifiesto la necesidad de restaurar el interior del templo. Una joven, cuya bisabuela había nacido en Acumuer, manifestó su deseo de celebrar su enlace matrimonial en la iglesia de sus antepasados. El trabajo a realizar no arredró a los amigos de los contrayentes, que durante la primavera y primeros días del verano de 2005 unieron sus esfuerzos los fines de semana para llevar a cabo un trabajo de limpieza del revoque de las paredes y eliminación de escombros, contando en algún momento con la colaboración de algunos vecinos de Acumuer. Al quedar las paredes de los altares libres de su revestimiento se descubrieron una pequeña ventana que al quitarle el relleno dio entrada a la luz procedente de la fachada sur, junto a la antigua puerta de entrada; el marco relleno de una antigua puerta, que correspondía igualmente al lado sur, y otro relleno en el primer hueco entrando a mano derecha, que debía corresponder con la primitiva puerta que daba acceso a la torre campanario y una silueta de un arco que comparte los dos primeros huecos que se hallan entrando a mano derecha y que debió de ser un primitivo altar. En cuanto al exterior del templo, se eliminó el revoque del porche de entrada a la iglesia, dejando los pilares de piedra caravista, y al limpiar los escombros del suelo que estaba lindando con el templo se encontró una calzada de losas de piedra, cuya anchura corresponde con la del porche. En tres largos escalones este camino de piedra conduce de la puerta que da acceso al antiguo cementerio hasta el porche o atrio. Justo junto a este último y en la parte central de la citada calzada hay una losa en la que se puede leer en su primera línea “AÑO 1782”, en la segunda “M ....GVEL” y en la tercera “OLIBAN”. En el año 1782, concretamente el 31 de julio, muere el vicario Miguel Oliván y la segunda fila podría muy bien ser “M. MIGVEL”, es decir “Mosén Miguel”. ¿Estuvo esta losa en la sepultura del vicario o se puso en su honor por haber promovido la obra de la calzada?

Volviendo al interior se procede a dejar las paredes del ábside y las frontales de los altares de piedra caravista. Se elimina la mesa altar del primer hueco entrando a mano derecha y de esta manera se consigue un hueco donde acomodar uno de los confesionarios que queda de esta forma situado de forma idéntica al otro que ocupa el primer hueco a la izquierda. Se realiza el rejuntado de las piedras que han quedado al descubierto y se recompone el revoque deteriorado de los pilares y otros elementos del templo. Las mesas altares se revisten de tarima y se coloca un tablero en la parte superior de las mismas y por último los pintores hacen su trabajo y dan un toque de esplendor y de brillo que hacía años que no se veía.

Se construye una puerta para el acceso a la sacristía, se restauran las imágenes de escayola que adornan los altares y se les coloca sobre unas peanas de madera. En la capilla del Santo Cristo se elimina el fondo de tela y se sustituye por otro nuevo. Se cierran las ventanas con metacrilato y cristal al objeto de evitar la entrada de pájaros y se da lustre a la puerta de acceso a la iglesia. Los bancos, algunos de los cuales tienen que ser reparados, se limpian y barnizan, al igual que se hace con confesionarios y barandilla del coro. El púlpito se quita de su primitivo emplazamiento y se sitúa en el lado izquierdo del presbiterio a modo de ambón.

Todo nuestro agradecimiento a un vecino del pueblo que realizó los trabajos de restauración de imágenes, puerta de la sacristía, limpieza de la puerta de entrada, cerramiento de las ventanas, arreglo de bancos y confesionarios, recolocación del púlpito y emplazamiento de las imágenes sobre su peana y al que ayudaron otros de forma igualmente desinteresada.

Todo trabajo lleva consigo unos gastos que fueron sufragados por los donativos que los vecinos de Acumuer han entregado y a los que se les solicitó su ayuda al comienzo de las obras, por la colaboración de otras personas descendientes del pueblo, del obispado de Jaca, de Ibercaja y de Bieffe Medital. A todos los que de alguna manera han colaborado, no solo la gratitud más profunda, sino que sientan la satisfacción de haber contribuido a que una iglesia haya recobrado parte de su antiguo esplendor.

BIBLIOGRAFÍA

  • ANTONIO DURÁN GUDIOL Y DOMINGO J. BUESA CONDE: Guía monumental de Serrablo (Madrid, 1978).
  • JESÚS MONTUENGA RUIZ: Acumuer (1556- 1965) (Huesa, 2008).
  • Libros parroquiales de Acumuer (1556-1965).