Un proceso de inquisición en Biescas

Álvaro López Asensio

(Historiador, teólogo y profesor del IES San Alberto Magno e IES Biello Aragón de Sabiñánigo)

Ermita de Santa Elena.

En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza se conservan gran parte de los procesos de inquisición que el Santo Oficio instruyó en Aragón desde su instauración (año 1484) hasta su abolición (año 1837).
En dicho fondo se encuentra un proceso abierto a tres vecinos de la villa de Biescas: Pedro Abadía (de profesión, herrero), Juan Escartín (de profesión, tejedor de paños) y Miguel de la Casa (de profesión, labrador) por haber robado, de un arca de madera, documentos y el libro de infanzones de dicha villa. El tomo tiene 30 folios y su signatura es (AHPZ, 125-1, 114/4).

En el protocolo se encuentra la declaración de dos testigos que cuentan su particular versión de los hechos. A través de ellas podemos recomponer lo que realmente sucedió y, sobre todo, conocer la existencia de una cofradía de infanzones en Biescas que contaba con legajos y un libro propio, el protagonista de esta curiosa historia.

El 4 de mayo de 1649, el vecino de Biescas, Pedro Betrián (labrador y con 49 años de edad), declara ante el fiscal y oficiales de la Inquisición que el niño de cinco años (no se cita su nombre), hijo de Pedro Pérez, mayordomo de la cofradía de San Jorge de los infanzones de la villa, vio entrar a media noche en su casa alos tres acusados, los cuales fueron directamente al arca de madera donde su padre guarda bajo llave el archivo de la cofradía. Tras forzar sus dos cerraduras robaron el libro de infanzones y varios papeles y privilegios que este importante colectivo allí guardaba.

Tras el robo, el niño contó lo sucedido a su padre, al propio Pedro Betrián y a otros infanzones del lugar, entre los que se encontraban Andrés y Juan Fayanás, Gabriel Layan y Pedro de la Laguna. El muchacho también identificó y declaró lo sucedido delante de los acusados.

Pedro Betrián también cuenta a la Inquisición que dicho libro y documentación los vio en casa del vicario de la iglesia parroquial de San Pedro de Biescas, mosén Juan de la Laguna, quien delante de él los entregó al justicia (alcalde) de la villa, Pedro Lalaguna, quien a su vez devolvió muy dañado y deteriorado todo el material al mayordomo de la cofradía.

En su declaración, Pedro Betrián hace una descripción minuciosa del libro y del estado en que se encontraba tras su recuperación: el libro de infanzones es grande al folio enquadernado en una enquadernacion colorada y adorada en el qual habiendose conocido se hallo al principio del una estanpa de sant Jorge iluminada y otras dos ojas escritas pantedellas. La primera que comiença ‘caballeros hijos d’algo’ y acaba ofreçido; y en la otra esta pintada una torre con una escalera y una figura como de hombre con unas letras que dice “este se ha por el consejero que voostros tenis”. Y otras ojas estan rotas y abujereadas como con daga o cuchillo y la dicha estanpa de sant Jorge esta abujerada....

La segunda declaración del proceso corresponde a mosén Juan de la Laguna, vicario de la iglesia de San Pedro. El anterior testigo, Pedro Betrián, le había acusado de tener el material robado y devolverlo al justicia de Biescas.

En efecto, el 10 de mayo de ese mismo año, mosén Juan testifica ante la Inquisición que el acusado, Pedro Abadía, fue a su casa al día siguiente de perpetrarse el robo, le sacó un fajo de papeles y un libro dorado con cubiertas de madera. Le dijo que la noche anterior cuatro hombres se los habían encomendado en secreto para que los devolviera. Él reconoció de inmediato que el libro, dos privilegios reales y otros papeles mojados y chamuscados, pertenecían al archivo de infanzones de la cofradía San Jorge.

El proceso finaliza con una carta del mayordomo de la cofradía de infanzones, Pedro Pérez, pidiendo a los oficiales del Santo Oficio que no solo juzguen y castiguen a los tres inculpados de robar dicha documentación, sino que también castiguen a mosén Juan de la Laguna por ser cómplice y primo hermano del principal procesado, Pedro Abadía.

El expediente carece de sentencia y condena, por lo que todo queda en una rutinaria investigación de los hechos y una mera declaración de intenciones. La exposición de los testigos es tan clara y convincente, que intentar ahora resumir e interpretar los hechos sería contraproducente. Que cada lector saque sus propias conclusiones.

Por último señalar las causas por las que la Inquisición intervino en este suceso –y no la justicia civil– fue porque la estampa o grabado de San Jorge, que se encontraba al principio del libro de infanzones, había sido seriamente dañado, hecho que fue considerado un agravio contra un símbolo o emblema religioso.