Los oficios en el Serrablo

Continuación.

B).- A lo largo de la Historia tuvo que haber más o menos permeabilidad entre, la Montaña y Tierra Baja, los comerciantes subirían con alguna escolta armada ofreciendo las pulimentadas hachas, la cerámica de influencias griegas o romanas, los tempranos cereales; y se llevarían las hermosas pieles o los sabrosos quesos. Este intercambio de productos no ha variado mucho a lo largo de los tiempos, a comienzos de este siglo eran famosos tres simpáticos y dicharacheros personajes que procedían de Naval y Alquezar: "Perús, Mamón y Cardelina", que alguna vez llegaron blancos a los pueblos porque se les había hecho de noche en el monte y habían escuchado el "otilar" de los lobos o el impresionante canto de los "cabreros" (lechuzas). Sus predecesores tenían que tener mucho cuidado en algunos pasos claves de la Tierra Baja, como el del Guatizalema en Nocito, que parte de la mole de Guara; aquí dice la tradición que se establecían asaltadores, por eso a ese paso se le llama "La Pillera". Por los numerosos caminos que recorrían más de una vez arrancarían un "bucho" y lo dejarían junto a otros asegurado con una piedra, mientras marchaba rezando un Padre Nuestro, como hacían los del país donde había muerto alguien en el camino. Subían dos o tres veces al año, en la primavera traían aceite y siempre "tiestos" de Naval: macetas, "caseroletas", hoyas de barro para la conserva, "charretas" para subir el vino de la bodega, recipiente que según cuentan fue testigo en el monólogo de una abuela serrablesa amante del "rancio": "aquella solía prepararse para merendar unas rebanadas de pan con vino y azúcar, un día reprendió al pan diciéndole: - ¡Si tú t'en as bebido una charreta, yo m'en beberé otra!; con lo que fueron dos las jarras que tomó". En pago recibían con mucha frecuencia los famosos quesos en aceite, tan cotizados en el Llano y también las pieles de fuinas, rabosas o taxons.

Unos personajes ambulantes muy famosos en esta zona eran un matrimonio francés, que venía dos veces al año, en la primavera y otoño, que arreglaban relojes, pues para él, Jean, no tendrían secretos ya que la mayoría procedían de su país. No llevaban caballerías todo lo transportaban al hombro.

C).- Algunas casas se veían en la necesidad de tener que explotar una destreza o maña para poder obtener la subsistencia para su familia, que aquellos reducidos rincones de tierra no les otorgaban.

La necesidad del serrablés a conocer al máximo las posibilidades encerradas en la Naturaleza se traduce por ejemplo en saber las propiedades de cada madera del monte: "senera" para brecas y dientes de rasquils, "betelaina" para palos de pastor, "fau" para rasquils y jubos, "caxico" para mangos de herramientas, boj para cucharas, "triamol" para fabricar el esteban del aladro, pino para cañablas y vigas, "xalcera" también para cañablas, avellano para bastones y ruecas, fresno para fusos, "cardonera" para bastones y un largo etcétera. Propiedades que perfectamente sabían aplicar los carpinteros de la zona, un instrumento que fabricaban: "el rasquil, retabillo o rastrillo" venía a ser el reflejo de su mentalidad, la obsesión por el montañés al máximo todo sin desperdiciar nada.

En Basarán, Casa Marco hacía para la "redolada" "fusos y ruecas", "retabillos", piezas de "aladros": "puntal, esteban, cama y timón"; tornos para hilar lana, lino o cáñamo. Las mujeres de la casa atravesaban las penosas sendas para vender estos trabajos, llegando hasta la zona de Fiscal, Valle de Basa, todo Sobrepuerto, Galleguera, Yésero etc.; para que en las frías noches en el "fogaril" la mujeres hilasen de la misma forma que lo hacían, como se ve, en un capitel de San Juan de la Peña durante la Edad Media. En este lugar sólo una casa tenía huerto por lo que solían cobrar en judías, lentejas, garbanzos, etc.

La nieve cortaba la intensa actividad, sólo el dar pienso al ganado en las "bordas" o "tiñas" ocupaba a la gente, el resto de tiempo era propicio para dedicarse a faenas que se pudiesen hacer en casa. Una de ellas era la construcción de botas, y boticas de vino para trasladarlo en caballerías. Casa Buisán de Escartín era famosa en este menester por todo Serrablo; a esta incomunicada aldea de 1.360 metros de altura traían en caballerías los clientes pieles de cabra desde Val1e Solana, Valle Vio, Valle Broto, Sobrepuerto, Valle Basa, Campo Jaca, etc., que luego volverían a recogerlas ya transformadas en estupendos boticos que servirían para buscar el vino, que una vez encubado con la "madre" del año anterior y en madera de cerezo daría reconfortantes vinos rancios.

El sastre ha constituido un tópico en las jocosas leyendas que se difundían en las fiestas, romerías, etc.; así he oído en algunos pueblos la historia del sastre que oscureciendo el día transitaba por medio del bosque un camino algo "cerrado" para llegar al pueblo donde le habían encargado trabajo; el respeto que el bosque le causaba fue tal que cuando se le enganchó por detrás una "barza", sugestionado comenzó a hacer súplicas al hipotético lobo durante toda la noche, rogándole que le soltase; sólo al amanecer osó mirar al "enemigo". Es cierto que entre las gentes serrablesas los sastres no gozaban de demasiada buena prensa, quizás por ser una actividad completamente distinta: "Entre veinticinco sastres y un zapatero hacen un hombre entero". Como en los otros oficios, los sastres salían de casas con poca hacienda; solían llegar a los pueblos quince días antes de la fiesta mayor y otra vez antes de marchar a Tierra Baja. Cada casa estaba ya adscrito a uno, que cortaba las piezas de tejido que cada familia había encargado a los tejedores. Sería tal el número de éstos que a finales del siglo pasado para la fiesta de Escartín se juntaron catorce sastres, que vinieron muy bien para subir al campanario una campana recién hecha.

Los músicos, hay que aclarar, que no surgían de una necesidad de trabajo, sino de un "veneno" que llevaban dentro. Vivarachos y alegres, recorrían todas las fiestas de los pueblos; normalmente se agrupaban por parejas, sus instrumentos: la guitarra, el violín y el acordeón; Isún, Bergua, Fiscal y Sasal, entre otros, fueron cantera de éstos. Se les iba a buscar desde el pueblo festero en caballerías, acordando un contrato; si se portaban bien les daban roscos, longanizas, etc.; estrenas que según cuenta una leyenda en Sobrepuerto, tuvieron que ir tirando por el camino unos que volvían de la fiesta de Fanlo, en los llanos de Plandubiar, ante el incesante acoso de los lobos; como último remedio tuvieron que ponerse a "escarraminchas" en las vigas de una borda, pero los lobos seguían saltando y las "estrenas" se acababan...; por fin el más ingenuo se comenzó a hacer estridencias con su violín e impresionaron tanto a los lobos que éstos salieron "escopeteados". Eran los músicos, los que difundían coplas que subían de Tierra Baja en el caso de las jotas, pero que sólo arraigaban las que correspondían al humor rápido e ingenioso del Serrablés ("Cuando tu en vas yo en viengo".):

-".. Cuando yo era mozo y mi padre era zagal, bauticemos a l'agüelo y yo llevaba la sal...".

-".. Lo cogí con a moceta y yo como era chicote, no sabian lo que feba...".

-".. Por la calle van vendiendo husos y devanaderas, ya tendrían más despacho si fuesen chocolateras".

Continuará.