El voto de Layés

Imagen de Amigos de Serrablo

Dicen los vecinos de aquel lugar, que antiguamente había al Mediodía y sobre dos kilómetros distante, una ermita consagrada a la Santísima Virgen del Solano. Sucedió que un cristiano de aquella reducida feligresía, marchando a la pequeña fuente intermitente que nace en el próximo barranco, halló un día la Imagen misma a que rendían culto y adoración en la ermita, que estaba en el camino y muy próxima al vecindario. Apercibido del hecho milagroso el señor del Castillo llamado de Lerés de Guarga, pretendió, valiéndose de los derechos de señoría que convertía en tributarios a los vecinos del lugar donde la Virgen se halló, trasladarla a la capilla pública de su castillo. La Sagrada Imagen que es vaciada en yeso y de unos tres palmos de altura fue colocada en antes para transportarla; más resultaba de un peso tan enorme, que, aún aumentados los portadores hasta el número de ocho, les fue imposible moverla. El empeño fue mayor en vista de la resistencia y preparadas nuevas andas donde pudieran colocarse hasta veinte hombres nervudos. Acometieron con empeño la empresa de trasladarla, pero todo esfuerzo se estrelló contra la enormidad del peso de la Sagrada Imagen. Nadie podía dudar ya que la Santísima Virgen no quería salir de Layés y resolvieron colocarla en sitio preferente de su Iglesia. Nuevo milagro resultó en el hecho de que probando un jovencito a coger en sus brazos a la que veinte hombres no habían podido levantar, la llevó al templo, depositándola sobre el altar sagrado. Este hecho debió ocurrir antes del voto que hicieron algunos pueblos comarcanos en el año 1689 y del que hablaré después. Si en aquella fecha hubiera estado la Imagen en la ermita, los cristianos hubieran fijado allí la fiesta en acción de gracias y no en el lugar de Layés, en la iglesia parroquial, como lo hicieron.

Vamos a ocuparnos ahora del hecho milagroso que despertó una general y ferviente devoción a toda la comarca de Javarrella, a la Santísima Virgen del Solamo. En el año 1685, una asoladora plaga de langosta invadía los términos de las parroquias de Javarrella, Ipiés y Lasieso. Aquel terrible azote asoló sus campos dejando a los moradores en la más absoluta miseria y por espacio de cuatro años seguidos no pudieron verse libres de tan terrible huésped. Reunidos los cristianos de los tres pueblos, en el año 1689, acordaron, como último refugio en sus incesantes plegarias al Cielo, hacer una romería y procesión con la Imagen de la Virgen del Solano y celebrar solemne Misa sobre su sagrado altar. Cumplido el común acuerdo, vieron con singular regocijo y extraordinaria admiración, que terminado el Santo Sacrificio comenzó a levantarse en alto toda la langosta que invadía sus campos y desapareció después sin saber que camino había tomado. Reunidos de nuevo hicieron voto, que vienen cumpliendo hasta la fecha con religiosa puntualidad, de celebrar todos los años solemne procesión y decir una Misa cantada en la Iglesia de Layés, en honra y alabanza de la Natividad de la Virgen Santísima. Esta fiesta se celebra, solemnizada con sermón, el lunes siguiente a la dominica de la Santísima Trinidad y por la tarde se cantan vísperas, se dice el Santo Rosario y muchas Salves que encargan los devotos.

Los pueblos y vecinos que hicieron el voto eran entonces; cinco de Layés, uno de Larés, seis de Javarrella incluso la abadía, ocho de Lasieso, tres de Lanave, dos de Atós, dos de Arasilla, uno de Lerés de Fanlo y once de Ipiés; total 39. A la fiesta acuden, por estar así expresado en las cláusulas del voto, las cruces parroquiales de Javarrella, Ipiés y de la Vicaría de Lasieso y por lo menos una persona de las de comunión, de cada casa de las comprendidas en el voto. Los párrocos de aquellas localidades acompañan la cruz hasta la salida de los pueblos y el de Javarrella, con la suya, les recibe a un cuarto de hora de la Iglesia de Layés. Después de las fiestas se lleva la Imagen en solemne procesión por el pueblo y los portadores van descalzos, en memoria de la rogativa contra la plaga de la langosta que recuerdan en aquel día. Uno de los vecinos de Layés por riguroso turno anual reparte a los asistentes a la fiesta, la limosna de pan y vino, cuya caridad se sufraga con un cuartal de trigo anual, que dan para el objeto cada una de las casas comprendidas en el voto.

Merecen especial mención algunas cláusulas del voto y especialmente la que comprende el capítulo doce, por la que se obligaron aquellos cristianos a costear el aceite de la lámpara de la Santísima Virgen, que se encendía en todas las vísperas de las festividades de la Señora y en la tarde de los sábados de todas las semanas del año; y en la que, se impusieron voluntariamente la multa de cinco sueldos por las maldiciones o blasfemias, que por desgracias, llegaran a proferir, desde que salen las cruces para asistir a la fiesta, hasta que regresan a las respectivas parroquias. Para ligar más el exacto cumplimiento de esta pena, se imponían otra multa igual, para todo el que de alguna manera medie o intervenga con el fin de que no se haga efectiva la primera.

También tomaron en diferentes ocasiones acuerdos conducentes al mejor modo de cumplir el voto y entre ellos merece especial mención el de 9 de Junio de 1751, por el que determinaron, que si alguno de los vecinos comprendidos en dicho voto, trabajara, o hiciese trabajar a sus criados, en el día de la fiesta, o en las romerías, como rogativa, por calamidades públicas pague como multa, una libra de cera, que será destinada para el alumbramiento del altar de la Santísima Virgen del Solano. Dicho acuerdo confirma la práctica constante de acudir en rogativa toda aquella comarca.

En la actualidad y ante el abandono de algunos pueblos, casos de Layés y Javarrella y el descenso del número de habitantes en el resto de los pueblos, hacía peligrar la continuidad de esta romería. Afortunadamente y con muy buen criterio se trasladó esta festividad al día festivo anterior, lo cual ha permitido una mayor afluencia de feligreses y por lo tanto darle nuevo vigor para su mantenimiento.

DEL LIBRO "CULTO DE MARIA EN LA DIOCESIS DE JACA".