Semblanzas de mi lugar: Escartín

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A lo largo del año había una distribución racional de los pastos, acordada verbalmente por los vecinos a lo largo de los tiempos, según la estación: en el invierno pastaban en los "cerrados" del S. del pueblo con abundantes "cagicares" (robledales). En primavera se alternaban entre los "cerrados" y el monte comunal, incluida la Sierra hasta el 3 de mayo (Sta. Cruz) en que se vedaba para el lanar hasta el 24 de junio (S. Juan) y para el vacuno hasta el 13 del mismo mes (S. Antonio). Al pie de la Sierra había señalizada una línea de mojones ("pilones"), que no se podía sobrepasar hasta los días indicados. Para el verano se aprovechaban al máximo los prados alpinos ("tasca") de la Sierra, siguiendo una distribución zonal, determinando unas fechas fijas para cambiar de zona, yendo el vacuno siempre por delante, pues exige mejores pastos y era menos numeroso: así del 24 de junio al 25 de julio sólo se permitía "correr" los Cubilás y Matils, a los extremos de la Sierra, alternándose diariamente los dos rebaños. A partir del 25 de julio se iban ampliando ambas zonas hasta el 30 de agosto (S. Ramón en que se "soltaba" toda la Sierra y las vacas se trasladaban a los campos, previamente cosechados o segados (Isuala, Lacuna, Coronialla, etc.). El día 12 de octubre (El Pilar) se iba el ganado "logado", quedando sólo el del pueblo, que seguía aprovechando los pastos de altura mientras el tiempo lo permitía. Descendiendo paulatinamente, pasando por la zona arbustiva intermedia, los campos y los "cerrados". Como vemos esta distribución tenía muy en cuenta la climatología y su incidencia sobre la regeneración de los pastos. Todos los vecinos cumplían y respetaban estas normas desde tiempos inmemorables, conservadas por tradición oral, sin ninguna constancia escrita. Gracias a esta fiel observancia por todos los vecinos era posible mantener el máximo de ganado sin agotar los pastos.

La ganadería era la actividad más importante para la economía del pueblo, era la única que proporcionaba beneficios mediante la venta de sus crías (terneros, corderos, cabritos) o reses viejas. Con el dinero obtenido se cubrían los gastos familiares: ropas o vestidos, alimentos que no podían obtenerse en la localidad (aceite, vino, carburo), útiles de trabajo (arados, guadañas...), pagar la contribución, medicinas, seguros, etc.

La gente era consciente de su importancia como base de su precaria economía y le prestaba las máximas atenciones y cuidados, siendo el centro de sus preocupaciones cotidianas.

El ganado vacuno permanecía estabulado durante el invierno alimentado de plantas forrajeras ("tefla", "pinpirigallo", "alfalz", "aveza" o hierba segada en los prados naturales, almacenados en yerberos y pajares.

LOS BOSQUES

Otro modo de vida consistía en la explotación de los bosques. Los pinares eran escasos, sólo unas 350 HA., de propiedad comunal, situados en laderas orientadas al NO., alternando a veces con hayas robles, trémoles y sotobosque de aliagas, bojes, etc. El Distrito Forestal de entonces autorizaba a talar de 80 a 100 m. cúbicos de pinos, cada dos años, cuya explotación no era rentable por la enorme distancia a la carretera, a través de largas y peligrosas "tiraderas" utilizando mulos. Se vendían en combinación con otros pueblos limítrofes, como Otal, Oto y Bergua, era la única forma de interesar a los contratistas. Los beneficios obtenidos se destinaban a pagar jornales en los trabajos en común o vecinales.

El pinar proporcionaba leña, obtenida de los despojos de las subastas, repartida equitativamente entre los vecinos y que era muy apreciada para amasar. De las 'tozas" (tocones) y raíces de las antiguas talas se obtenían las "tiedas" (teas) que se empleaban para alumbrar, colocadas en el hogar sobre un "tedero".

En invierno se cortaban unas cuantas cargas de ramas de pino ("pinarra"), que se les daba como complemento alimenticio a las cabras. También proporcionaba la madera necesaria para edificar y para hacer "cañablas" (collares para esquilas o cencerros) para el ganado.

Abundan más los "cagicares" (robledales) que cubren las solanas hasta los 1.350 m. Eran, en su mayor parte, privados, por lo que había una mayor libertad de acción y se regeneraban con facilidad. Carta año se "marcaban" unos "cagicos" en el comunal ("leñeros"), repartidos para todos los vecinos, con lo que cubrían parte de sus necesidades de leña. El resto la obtenían en sus propiedades. A finales de otoño se "hacía hoja" (cortar ruinas de robles), antes de que cayesen las hojas y se ataban en fajos, guardándolos en las "buerdas" para el invierno, sirviendo como complemento a la alimentación del ganado lanar y cabrío. Por estas mismas fechas se cogían los glanes o frutos de los "cagicos", haciéndolos caer mediante vareo con palos largos, utilizados para alimentar a los cerdos. Todos los años no había glan. A principios del invierno se recogían también las hojas secas bajo los "cagicos", que se empleaban para "cama" de cerdos y vacas. Y en otoño las de "fraxin" (fresno), que se les daba a los conjotos. Además se utilizaban algunos arbustos: los "buxos" (bojes) se cortaban y ataban a fajos y se dejaban secar, más tarde servían para encender el fuego, como "encendallo" todos los días del año.

Podemos decir que de los bosques no se obtenía una rentabilidad económica de cara a unos ingresos, pero sí una serie de productos complementarios para la casa y los ganados. Una muestra más del sistema económico de autoabastecimiento o autoconsumo que un medio geográfico difícil obligaba a practicar a sus habitantes.

Continuará.