Celebraciones religiosas en el Sabiñánigo del siglo XIX

A lo largo de pequeños testimonios documentales podemos llegar a reconstruir las devociones religiosas del lugar de Sabiñánigo en los sesenta primeros años del siglo pasado.

El 9 de junio de 1852, siendo Bruno Latas el regidor primero y alcalde Ramón Campo, se escribía una resolución del lugar de Sabiñánigo en la que se señalaba que "como verdaderos cristianos" los sabiñaniguenses acuerdan cumplir los días de fiesta y no trabajar en ellos. Tampoco trabajarán los días de Santa María Magdalena y San Feliciano, como fiestas votivas de dichos pueblos. Igualmente prometen guardar la fiesta en los días de rogativa o veneración a Nuestra Señora Santa Orosia. Todo el que contravenga esta disposición tendrá una multa de una libra de cera que se entregará "a la iglesia de donde fuera el multado".

Pero volvamos atrás, dejando ese Sabiñánigo de los años 1850 que tenía 32 familias y 208 almas. Sabemos que ya en 1821 se celebraba el día de san Hipólito con una corrida y que, en 1822, se pagaba por el sermón de esta festividad dos fanegas de trigo. Diremos también que, en 1830, el día de san Hipólito -con "corrida" incluida- le costó al concejo una libra, quince sueldos y tres dineros.

También se festejó San Feliciano que, en 1822, se acompañaba dando la típica "caridad" que pagaba el concejo y en 1830 se gastaban dos cántaros de vino en esa festividad. Otros días de precepto eran los de la romería para san Juan, a cuyos romeros les daba el concejo serrablés queso, santa María Magdalena, la Veneración de Yebra el 24 de mayo -según el documento-, los romeros a Jaca... y la misa de san Sebastián en cuya fiesta, de 1822, se le dio curiosamente a los chicos medio cántaro de vino.