Ritos funerarios en Serrablo

Cronológicamente, el primer vestigio funerario que aparece en Serrablo es el del megalitismo del Eneolítico.

Hasta la fecha dos son los restos de estos monumentos que hablan en Serrablo con certidumbre de un rito funerario llegado de Oriente a la par que la metalurgia -la utilización de sepulcros megalíticos como enterramientos colectivos: los dos dólmenes de Santa Elena (Biescas) y el de Ibirque.

Los primeros fueron divulgados en 1933 por el entonces médico de Biescas, Roque Herraiz Tierra Roque Herraiz, "Los dólmenes de Biescas", Rev. Aragón, julio 1935. pp 125-127.; durante la Guerra Civil las tropas desmantelaron sus losas para utilizarlas en construcciones; el dolmen mayor fue reconstruido el día 21 de Septiembre de 1975.

Según la tradición, en el lugar donde se ubicaban los megalitos, al pie del Santuario de Sta. Elena y en la margen izquierda del Gállego, existió un poblado borrado por las pestes y del que quedó una sola abuela recogida por los de Biescas. Hasta la Guerra Civil, a una decena de metros de los dólmenes, se erguía una pequeña ermita denominada Santa Engracia, ejemplo evidente del papel sustitutivo que tuvo el cristianismo frente a las creencias paganas

Los dólmenes, que fueron excavados por Herraiz y por Martín Almagro en 1934, ya habían sido saqueados remotamente como es habitual dentro de este tipo de construcciones envueltas por la imaginación popular de leyendas en las que no faltan nunca los tesoros; de cualquier forma, el ajuar aparecido delata la creencia en una vida en el más allá, para cuyo tránsito serian precisas armas, comida y una ostentación del estatus social por medio de los adornos. Así, salieron a la luz: flechas de silex lanceoladas de estilo almeriense, o romboidales del tipo "D" de Pericot fragmentos de un gran cuenco agárico de principios del Bronce y en lo ornamental aparecieron colgantes de dientes de ciervo y lince así como una cuenta de collar de piedra blanca y un trozo de azabache Op. cit. P. 162..

Más reciente, en 1949, es el descubrimiento del dolmen de Ibirque, llamado popularmente Caseta de la Bruja; fue localizado por el ingeniero de montes del Patrimonio Forestal del Estado, don Miguel Navarro García.

Este dolmen, como es frecuente en el caso de numerosas ermitas de la comarca, constituye una señal divisoria en la güega de los términos, en esté caso de Gésera y Secorún.

Saqueado sucesivamente a lo largo de la Historia por montañeses a los que extrañamente no les imponía lo "sobrenatural", dio un ajuar en la misma línea que los de Biescas Antonio Beltrán Martínez. Rev. Cesaraugusta, 1954, pp. 131-132..

Vinculados al hecho funerario megalítico, existen noticias sin verificar adecuadamente sobre la posible presencia de otros monumentos en la comarca:

La primera la proporcionó a la asociación "AMIGOS DE SERRABLO" el mismo Roque Herraiz, hace aproximadamente diez años y desde su retiro de Fuenterrabía. En las inmediaciones del pueblecito serrablés de Latas, en la confluencia de caminos que van a esta aldea y a Satué, observó en sus correrías médicas una serie de túmulos. A pesar del reconocimiento echo por la Asociación y de la comunicación realizada a las autoridades del tema, estos posibles túmulos no han sido explorados rigurosamente.

Algunos cazadores de Biescas, poseedores de cierta cultura, creen haber visto un dolmen en la margen izquierda del Barranco de Oliván, aguas arriba de Berbusa y no lejos de la pista forestal Entre las personas que informan en este sentido, destaca J. M. Bara Ibort, actual alcalde de Biescas..

También en la Tierra de Biescas, cerca de la aldea de Barbenuta, al NE y antes de llegar a la güega (divisoria) con Yésero había un campo aislado, sarticado en tiempos remotos o robado al monte, con un amontonamiento muy amplio a modo de túmulo de piedras y tierra, con una gran losa incrustada en él y un agujero por donde miraban los niños pues habían oído a sus mayores que por allí salía el diablo: al posible túmulo lo denominaban el Fornas del Gaitero En 1985 recogí esta leyenda de boca de Concepción Otal Pardo, nacida en Barbenuta en 1902; otros habitantes insistieron en la versión. No he visitado el lugar, los informantes insisten que es muy difícil llegar a él a causa de la maleza.

Hasta el Bajo Imperio Romano no se encuentra ningún hito destacable en la historia funeraria de Serrablo: en una antigua villa instalada sobre una terraza fluvial de la margen izquierda del Gállego y en las proximidades del Puente de Sardas, apareció un epígrafe funerario estudiado por F. Beltrán y F. Marco. La pieza, que en la actualidad obra en poder del Museo Provincial de Huesca, es de mármol blanco de 17,5 cm. de alto, 46,5 de ancho y 3,2 de grueso; dedicada a un niño de ocho años y realizada por su padre y su abuela, indica: "Aquí yace Porciano de ocho años. Esto lo hicieron Fimilo, su padre, y Maurila, su abuela, estando en vida" F. Beltrán y F. Marco, "Importante hallazgo arqueológico en Sabiñánigo", Serrablo, Nº 42.. La villa, que proporciona abundante material superficial, sigue sin ser estudiada.

Otro monumento peculiar en el recorrido cronológico por lo funerario de la comarca lo constituye la frecuente aparición de enterramientos antropomorfos practicados en roca.

El primer conjunto divulgado en la comarca fue el de la necrópolis de Lasieso, excavado en 1975 por los profesores Alberto del Castillo y Mª Asunción Bielsa; se trata -según Domingo Buesa- de una interesante necrópolis rupestre del primer tercio del siglo X, resultado de un proceso de colonización navarro en dicha centuria, paralelo al expansionismo de Sancho Garcés I D. Buesa Conde, "Lasieso, rutas de colonización en el siglo X". Serrablo Nº 25, pp. 12-14.. Consiste en seis tumbas antropomorfas de persona adulta y trece de niños, excavadas en un afloramiento calizo en el SE del casco urbano.

La misma profesora Mª Asunción Bielsa excavó posteriormente la necrópolis similar del Corral del Santero, en el santuario de San Urbez de Nocito.

También hizo lo mismo en el conjunto de Gésera durante julio de 1983. Se trata de un grupo de tumbas antropomorfas instaladas delante de la iglesia y que ocupan el interior y exterior de Casa Tejedor En esta excavación colaboré personalmente por parte de Amigos de Serrablo.

Otros conjuntos de tumbas antropomorfas, recogidos a través de las encuestas etnológicas practicadas por "Amigos de Serrablo" en la comarca y que hasta la fecha no han sido excavadas, son: el de la Peña de los muertos en Ibirque, cerca de la Pardina de Orlato y el de las proximidades de Alavés.

En resumen: este tipo de estructura funeraria en la que no aparece ningún tipo de ajuar o tejido, aflora reiterativamente en la cuenca del Guarga, o eje transversal E-W, lo cual está en concordia con la hipótesis apuntada por Buesa.

En la Edad media se generaliza el enterramiento de losa, es decir, de lajas alargadas en los laterales con cubierta muchas veces de una sola pieza y reposando el muerto directamente sobre el suelo.

Este tipo de sepultura no tenía ningún problema para ser practicado en el Serrablo más septentrional, donde la estructura geológica flysch proporcionaba multitud de estratos para cuartear la losa. Esta forma tan arcaica de sepultar perduró hasta bien entrado en siglo XVIII, centuria en la que se produce el lanzamiento demográfico y económico en la montaña; el cese de las desgracias naturales, de las epidemias como consecuencia de la mejor alimentación al introducir variedades más productivas y resistentes: trigo teseta, patatas, maíz, calabaza, broquil, pella, etc., y el incremento de la higiene, serán las causas primordiales de dicha evolución expansiva que reflejan las gráficas demográficas E. Satué, "Aspectos de Serrablo entre las edades moderna y contemporánea", Miscelánea de estudios en honor de don Antonio Durán Gudiol, Sabiñánigo 1981, pp. 239-254., o incluso la misma renovación de la arquitectura de la zona. La generalización de unas normas básicas de higiene y la mejora económica generalizada el uso del ataúd de madera.

En general, un topónimo delatador de restos arqueológicos y por lo tanto de restos funerarios, es el que hace alusión a los moros; término vago y genérico, que en la montaña encarna a todo lo antiguo y misterioso y por supuesto sin relación necesaria con el tema islámico. Como ejemplo sin prospectar, cabe citar el Cuarto d'os moros en el Tozal de la Peña, junto al camino que une Escartín y Bergua y en el que aparecían cerámica y restos humanos.