Serrablo: Historia y arte de los siglos X y XI

Imagen de Durán Gudiol, Antonio

CONFERENCIA QUE D. ANTONIO DURAN PRONUNCIO EN SABIÑANIGO

Continuación

Otro punto que me parece de interés tratar ahora es el de la mozarabía del Serrablo. También, no sé si lo habré interpretado mal, me parece que hay ciertas dudas al momento de llamar a este territorio, e incluso al Viejo Aragón, regiones mozárabes, como en el momento de calificar al arte propio de este país de mozárabe, que llamo yo altoaragonés.

Veamos. ¿Era realmente mozárabe el Serrablo? Hay que distinguir volviendo a la geografía de los siglos IX y X en la actual provincia de Huesca de zonas completamente delimitadas geográficamente y religiosamente: la zona islamizada, que es la tierra baja, y la zona sometida al waliato de Huesca, que es la montaña. Efectivamente, son las primeras montañas que se encuentran viniendo hacia aquí (Sabiñánigo) las que dividen las dos zonas, una islamizada y otra simplemente sometida. Y es que a raíz de la invasión de los árabes, que era un ejército bastante reducido y que no podía ocupar materialmente el territorio que había conquistado en toda España, se produjo el fenómeno de que los hispano-godos que habitaban la tierra baja del actual Alto Aragón se convirtieron al islamismo dejando la religión cristiana con el fin, probablemente, de conservar los derechos que tenían en sus propiedades o en sus bienes, así se eximían al mismo tiempo de un impuesto especial y no bajo que habrían tenido que tributar de no haber sido de religión islámica. En cambio, de las montañas hasta el Pirineo, no se islamizó la gente, los hispano-godos que habitaban estas regiones, sino que conservaron su religión cristiana, sus autoridades y su legislación también propia. A los hispano-godos convertidos al islamismo se les conoce con el nombre de muladíes y a los que son de zona sometida, en países cristianos que mantienen su religión y su estructura política anterior, se les llama mozárabes. Estos mozárabes podían ser o bien grupos, comunidades, minorías insertas dentro de mayorías musulmanas, como sucedía en las grandes ciudades de Al-andalus, a sea de la España musulmana, a como sucedió en el mismo Huesca, o mozárabes eran también los que habitaban en territorios no islamizados, pero sujetos a un walí, que quiere decir gobernador, el cual aseguraba el dominio y la percepción de los impuestos mediante guarniciones militares estratégicamente distribuidas y establecidas en castillos o bien en fortalezas. Las minorías que habitaban las ciudades y los cristianos mozárabes que habitaban en zonas sometidas al poder musulmán disfrutaban de un estatuto especial de protegidos, e igual sucedía con las minorías judías.

Tenemos, pues, que formularnos esa pregunta. Sabemos que los musulmanes después de la conquista de Huesca, que bien les costó, llegaron hasta el mismo Pirineo, y no sólo hasta el mismo Pirineo, sino que hicieron incursiones más allá del Pirineo, en las Galias. Ahora bien, ¿cómo hay que calificar a estos hispano-godos que habitan en la zona no islamizada pero sí sometida al waliato de Huesca? No cabe ninguna duda, la de mozárabes. No eran independientes, sino que eran simplemente mozárabes sujetos a los walies de Huesca.

Los movimientos da liberación vinieron más tarde, concretamente en las primeras decenas del siglo IX, cuando la política de la corte carolingia se interesó por la frontera hispánica y trató en diversas ocasiones de apoderarse, sobre todo, de las ciudades de Lérida, Huesca y Zaragoza. Fueron múltiples las incursiones que los francos hicieron en esta tierra, pero no cuajaron en una medida estable y eficaz, hasta que consiguieron establecer viniendo de Lérida hacia Huesca, en Sobrarbe, un conde militar que en convivencia con aquella gente del Sobrarbe gobernó el país con miras a tener allí una base, un enclave militar destinado a proveer los ejércitos que vinieran para las conquistas de Huesca y Zaragoza. Por tanto, anterior a las primeras decenas del siglo IX, ni el Viejo Aragón, ni Serrablo, ni Sobrarbe pertenecían a un régimen, a una corte, a un estado independiente, sino que estaban sometidos al waliato de Huesca.

Para subrayar la idea de los castillos y fortalezas en territorio sometido habitados por guarniciones musulmanas, nos constan documentalmente los castillos y fortalezas de Senegüé, conquistada por el conde Galindo II, que fundó el condado da Aragón en 918, y dos castillos más que el mismo conde tomó después de una batalla en el Valle de Acumuer. Otros castillos y guarniciones de este tipo, que aseguraban el dominio y la percepción de impuestos eran el de Ruesta, actualmente en la provincia de Zaragoza, entre las de Huesca y Navarra, que fue conquistado en 911 por el rey Sancho Garcés I de Navarra, precisamente al que lo poseía, que era a1-Tawil, walí de Huesca. Sabemos también que era una de estas guarniciones la da Castiello de Jaca, su mismo nombre lo dice, y por norma general lo eran todos los topónimos actuales que se derivan de la palabra castillo. Pero abundando en la mozarabía serrablesa está el argumento, que diríamos, litúrgico. Y es que Serrablo fue precisamente dentro de los reinos de Aragón-Sobrarbe-Ribagorza y de Navarra el más reacio a aceptar la liturgia romana que introdujeron en Aragón los monjes de Cluny en el 1.071 y los legados de la Santa Sede que respondían a las ideas de la llamada reforma gregoriana. Tanto los cluniacenses que fundaron el monasterio de S. Juan de la Peña en el 1.071, como los canónigos o la vida canónica de la reforma gregoriana que se implantó en la catedral de Jaca en 1.076 y después en Montearagón, en la de Huesca, también en la de Fanlo, como veremos, y en otros sitios, pretendía suplantar la liturgia mozárabe, que venía de aquellos tiempos anteriores a la dominación musulmana, llamada liturgia hispánica, por la liturgia romana. Aquí en S. Andrés de Fanlo, salió un hombre que plantó cara al introductor, al promotor de esta reforma litúrgica, que era nada menos que el propio rey Sancho Ramírez. Fue un célebre abad de Fanlo que se llamó Banzo, un hombre que amplió mucho su influencia sobre todo el Serrablo e incluso sobre el campo de Jaca. No tuvo más remedio el Rey Sancho Ramírez que destituirlo, y el abad Banzo hubo de buscar refugio en S. Juan de la Peña, y logró que el abad pinatense lo acogiera y le diera refugio en el monasterio de S. Martín de Cercito, en el valle de Acumuer, en el Serrablo. Incluso el monasterio del Serrablo, que después pasó a depender de Montearagón, conservaba a finales del siglo XI en su biblioteca muchos libros de liturgia mozárabe. Es decir, creo que históricamente y litúrgicamente no hay duda alguna de la mozarabía del Serrablo. Las gentes de Aragón, del Viejo Aragón, y sobre todo, las gentes del Serrablo eran plenamente mozárabes, en el sentido de que estaban sujetas, pagaban impuestos y eran protegidos del waliato de Huesca.

Justificada la resurrección de la idea geográfica de la región del Serrablo y su mozarabía, que explica también la calificación que damos al arte de aquí, vemos sucintamente el arte de esta región que tiene ramificaciones también en el campo de Jaca, e incluso en el condado de Sobrarbe. Hay que tener en cuenta para enjuiciar el arte del Serrablo, que a principios del siglo IX había en este país, en lo que hoy es el Alto Aragón, tres culturas que coincidían: una, la cultura visigoda, que se había heredado y conservado, anterior a la invasión de los árabes. Había otra cultura totalmente distinta, que era la cultura musulmana, que se respiraba muy cerca de Sabiñánigo, en la ciudad de Huesca, y una cultura que no ha sido tenida en cuenta por los historiadores, ni por los tratadistas de arte, y era la cultura carolingia que había en los Valles de Echo y Ansó. En el Valle de Echo y en el de Ansó se había constituido un enclave carolingio por un conde mandado por la corte francesa, que se llamó Galindo I. Pero con este se introdujo en estos valles la cultura carolingia a través de una liturgia, que en aquellos momentos y un poco antes está siendo promocionada por los reyes francos, en el sentido de unificarla o de acercarla a Roma o de acercar la liturgia romana a ellos, introduciendo reformas tan importantes como lo es la propia himnodia sagrada, y naturalmente junto con la liturgia vino el monacato. Hasta ahora nunca se ha sabido qué regla monástica se profesaba en el monasterio de Siresa. Hoy está claro que la regla que allí se profesaba era producto de esa política eclesiástica de la corte carolingia, la regla llamada de S. Crodegando.

Viniendo la regla francesa o carolingia, para ser más exactos, y viniendo la liturgia carolingia a los valles de Echo y de Ansó, es lógico que los edificios y monasterios que allí se construyeron fueran dentro del arte carolingio. Eso no se ha tenido en cuenta, pero se me puede preguntar: ¿Y cómo sabemos que esto fue así? Pues lo sabemos a través del biógrafo de San Eulogio de Córdoba, mozárabe que en el año 84 vino a hacer un viaje por los monasterios pirenaicos, después fue encarcelado en Córdoba y al final, muerto. La biografía de él la trazó su discípulo que se llamaba Álvaro. Este nos explica que S. Eulogio vino a Siresa y a Ciella, y que en Siresa se encontró con una rica biblioteca que le entusiasmó, y pidió al abad de Siresa, que se llamaba Odoario que le regalara algunos de aquellos libros, y el abad le regaló unos cuantos. Álvaro de Córdoba nos dice que eran libros de autores clásicos latinos y libros de himnos cristianos y de concretas cuestiones sagradas. Ahora bien, esos libros de himnos cristianos y de cuestiones sagradas ¿que libros podrían ser? ¿De la liturgia hispánica, de la liturgia visigoda o mozárabe? No. S. Eulogio los conocía perfectamente y los utilizaba en los cultos de Córdoba. En cambio, sí era una novedad para él, una novedad que debía de entusiasmarle y atraerle, la producción de himnos debida, como hemos apuntado antes, el movimiento litúrgico de la corte carolingia. Me parece que no cabe ninguna duda. Naturalmente no hay ningún .texto de la época que diga: En el año..... existía la cultura carolingia. Pero por todos esos detalles que les acabo de explicar se deduce esto: que el valle de Echo no sólo políticamente, sino culturalmente fue carolingio.

Tenemos pues tres focos culturales que se proyectan en el Viejo Aragón en Serrablo. Los repito: el de la cultura visigoda, que estaba en el país; el de la cultura musulmana, que estaba en Huesca y el de la cultura carolingia, que estaba en Echo y Ansó.

El condado de Echo-Ansó no se expansionó, se quedó encerrado, se aseguró allí mediante la amistad por alianzas familiares con los reyes de Navarra, con los condados al norte de los Pirineos, e incluso casando familiares suyos con los walíes musulmanes de Huesca. Y los condes de Echo-Ansó no se mueven de allí hasta principios del siglo X, en que el conde Galindo Aznárez II sale del valle porque ha muerto, precisamente, en 911 su cuñado, que era el walí de Huesca. Antes el rey de Navarra conquista el castillo de Ruesta, donde funda un monasterio Navarro, S. Juan de Ruesta, que después tuvo mucha importancia.

Galindo Aznárez se lanza fuera de su recinto y conquista el Campo de Jaca, antes había conquistado el valle de Atarés y prosigue hacia el Este, hasta el mismo Valle de Acumuer, conquistando antes el castillo de Senegüé. Y con este motivo funda el monasterio de S. Martín de Cercito, en el valle de Acumuer. Este conde, que entonces es cuando puede intitularse plenamente conde de Aragón, tuvo poca suerte, porque en el año 920 o 921 el rey de Navarra que había adquirido muchas conquistas en la ribera del Ebro, en la val d'Onsera y en Luesia y Biel, entusiasmado y queriendo ampliar más su territorio avasalla al condado de Aragón y con su ejército se presenta en el Valle de Echo y el conde no tuvo más remedio que dejarse avasallar y reconocer el señorío del rey de Navarra. A partir de entonces el condado de Aragón va un tanto de capa caída. Pero después de avasallamiento Sancho Garcés I viene al Serrablo y va mucho más allá, hasta Sobrarbe.

Aquí se entera de que el ejército cordobés ha entrado en Navarra y causa las grandes destrucciones, como la de la ciudad de Pamplona y su catedral. Entonces Sancho I no tiene más remedio que claudicar, dejar la campaña y marcharse a defender sus tierras primeras, que son las del reino de Navarra.

No creo que este paso del ejército navarro por el Serrablo dejara trazo alguno. El de los aragoneses, si: S. Martín de Cercito. Ahora bien, ¿Cómo se pobló este monasterio?, ¿Qué monjes pusieron allí? No lo podemos decir exactamente, pero parece ser que los monjes que vinieron a Cercito, eran monjes de Siresa. Por tanto, monjes formados en una cultura distinta a la del país, la cultura carolingia.

Pasa el tiempo, unos 20, 25 o 30 años quizá y otra vez viene una invasión del ejército navarro, unido esta vez a los aragoneses. Y parece ser, que fue hacia el año 940, cuando tienen éxito y consiguen establecer su dominio, que quizás y posiblemente no duró muchos años, pues después vinieron muchos otros desastres, muchas otras ocupaciones, problemas y quebraderos para la corte Navarra. De esta época ha de ser dos fundaciones típicamente serrablesas: S. Andrés de Fanlo y S Pedro de Castillón o de Rava, en el valle de Cuarnas. Hay documentos de esta época en los que se dice que el rey de Navarra gobernaba hasta la misma vista del valle de Boltaña.

Continuará.