El arna aragonesa

UNA APICULTURA MULTIMILENARIA EN ESPAÑA.

Traducción de Merche López y José Manuel Ara.

Un revestimiento completo interior y exterior.

La última operación de preparación del arna es el enlucido del revestimiento. Idealmente, este revestimiento es una "leche obtenida diluyendo excremento de vaca con orina de asno que le confiere la elasticidad ideal. Algunos le añaden arcilla, otros lo utilizan natural. Lo esencial es disponer de excremento de vaca, pues el estiércol ovino no conviene y el arnero hace kilómetros para abastecerse del "material" conveniente. En efecto, los rebaños de bovinos son cada vez más escasos en esta región.

El revestimiento debe tener una untuosidad determinada para ser pasado por la colmena. La operación se practica con ayuda de una escobilla largamente enmangada. El armazón del arna debe desaparecer por completo, tanto interior como exteriormente. Este revestimiento se aplica a casa colmena de forma definitiva, no sufre más que retoques parciales. No se hace nunca reparaciones totales.

El arna bien untada se pone a secar al sol.

Después, los piellos se ponen en su sitio y se cierran con ungüento más consistente pero de la misma composición.

El arna está lista para funcionar.

El arnero va a colocarla en los sitios conocidos, en las proximidades del paso de los jóvenes enjambres. Para atraer a las abejas, cada uno guarda la receta de un licor oloroso: una cocción sabia de agua con miel, en la que están en adobo flores de romero, de tomillo y de corteza de limón, se verterá alrededor del orificio de entrada. Más prosaicamente, hemos visto también arnas con cabos de pomada de corteza de limón.

Estos materiales, utilizados en todos los procesos de construcción, se encuentran al alcance de la mano de todos los habitantes de la zona estudiada.

La caña crece en abundancia, no sólo en el fondo de los barrancos, secos o no, pero también a más altitud, en manojos tupidos sobre placas de arcilla insólitamente húmedas dentro de un paisaje árido.

El mimbre o salcera se encuentra abundantemente cerca de los ríos. Recién cortado es flexible y se adapta muy bien a las pasadas de las primeras filas de trenzado. Sólo el excremento de vaca aporta problemas, su abastecimiento.

En cuanto al piello, su materia prima es abundante, cada pueblo tiene su pequeña cantera de losas en la que la caliza se corta fácilmente en láminas delgadas. Sin embargo, en algunas regiones, la caliza es demasiado desmenuzable para prestarse fácilmente al corte circular y se encuentra piellos de madera o de excremento de vaca compactado. Actualmente, los últimos arneros vuelven a utilizar losas caídas de los tejados hundidos o rehechos de teja. Pero tienen que afinarlas, ya que el espesor medio de las losas sería demasiado pesado para las colmenas.

Un conjunto robusto y ligero.

Un arna, untada y seca, pesa más o menos, 8 kilogramos.

Cada piello pesa entre 1,5 y 2 kilogramos.

El conjunto vacío es pues a la vez robusto y ligero, y uno se imagina fácilmente que podría convenir a una práctica regular de migración. De hecho, ningún apicultor de los encontrados lo menciona y no parece que en la zona referida las colmenas hayan sido nunca transportadas.

Dos razones plausibles: la facilidad de multiplicarlas allí donde la necesidad ocasional las reclama, y la floración de las plantas melíferas más extendidas, especialmente el romero.

Es quizás la razón por la cual se encuentran tantos parajes abandonados. Han sido utilizados puntualmente o temporalmente y el arnero ha dejado en el lugar un equipo que no tiene costumbre de transportar, y que no tiene valor después de una o varias temporadas de uso.

Otra constatación concurre igualmente a esta explicación: el arna se construye a menudo en el mismo lugar (in situ).

Para el arnal de pueblo, que está construido en las proximidades del pueblo, el arnero opera en el marco de su hábitat (de su entorno), pero para el arnal rupestre, se contenta con llevar al lugar el material necesario, la brazada de mimbres que va a servir para construir muy rápidamente una nueva colmena, y el pequeño cubo de mortero de excremento que será diluido y untado en el mismo lugar.

El examen descriptivo confirma que las muestras de colmena evaluadas en diversos puntos de la zona difieren muy poco del modelo-tipo del arna. Este modelo-tipo es muy característico, puesto que lo encontramos igual en todos los puntos de esta descripción, no solamente en las obras de "Plinio el Viejo", de Varron y de Columelle, sino también en las colmenas tradicionales de varios países mediterráneos, en Marruecos, en Túnez, en Anatolia.

A su lado, pero solamente en los arnales de pueblo, se encuentran colmenas ataúdes (o nicho). Colmenas horizontales de madera, de sección cuadrada, de unos 20 cm., de lado; tienen la misma longitud que las arnas del colmenar y están echadas al lado de las colmenas cilíndricas. Los cierres delantero y trasero están hechos de una pequeña plancha cuadrada, agujereada en el medio del lado inferior de un orificio para el paso de las abejas.

La juntura entre la plancha que cierra y las cuatro planchas, que forman el cuerpo de la colmena, está asegurada por un mortero de excremento de vaca. La de las pequeñas placas colocadas delante está ligeramente hacia atrás en el cuerpo de la colmena, como el piello.

La plancha inferior se prolonga por un redondeo que sirve de plataforma de vuelo.

EL grabado de Julio Gavín ilustra bien esta coexistencia los dos tipos de material.

Otra alteración de la técnica estándar; la variedad de los piellos. Si en su mayor parte son de piedra, se encuentra de vez en cuando opérculos de madera, otros de chapa (tapadera de bidón metálico), e incluso de excremento compacto (Canitecho y Radiquero), de esparto o de arcilla.

Cada vez más, en los arnales construidos todavía en servicio, el plástico sustituye la brazada de boj para la protección de las filas de colmenas y los viejos sacos de estiércol recubren las colmenas.


Continuará.