Sabiñánigo y El Puente: Ecos de la Revolución francesa en este lado de los Pirineos

Imagen de Garcés Romeo, José

Hace doscientos años estallaba en Francia una de las revoluciones más transcendentales de la Historia, y más teniendo en cuenta que las consecuencias de la misma saltaron allende de sus fronteras.

En España no tardaron en producirse enseguida las primeras reacciones ante el estallido revolucionario francés. Bien es verdad que había un grupo de ilustrados que no vieron con malos ojos la caída del Antiguo Régimen, pero eran los menos y estaban condicionados por el arraigo y preponderancia del pensamiento teológico tradicional. Entre los adversarios de los ilustrados habría que mencionar a determinados sectores de la alta burguesía y ciertos elementos del bajo clero o de la nobleza cortesana, e incluso el propio aparato estatal del despotismo ilustrado.

Sea como fuere, lo cierto es que España no estaba ni mucho menos en disposición de asimilar las nuevas ideas revolucionarias provenientes de Francia.

No tardaron en ponerse en marcha una serie de medidas para contrarrestar los aires revolucionarios que podían atravesar los Pirineos. De tal suerte que hasta a los lugares más pequeños del Reino llegaban disposiciones al respecto. Como ejemplo de ello nos vamos a centrar en estas líneas en algunas notas entresacadas de los libros del Archivo Parroquial de Sabiñánigo y El Puente, que puede ser representativo de cualquier otro pueblo de nuestra comarca.

En una Visita pastoral de 1790 se hace constar que queda prohibida en España la introducción y lectura del libro "Carta del Caballero consejero en el supremo Consejo de Brabante". Dos años después, en 1792, en otra Visita, se aclara que "prohibe S.M. en sus Reynos la introdcción de dos tomos del Diario de Phisica de París escritos en francés el año 1790 por contener cosas nada conformes a la subordinación y religión católica y sí a la maligna libertad intentada por los franceses". Se establecen unas penas a los posibles introductores de este libro: "la primera vez comiso y 200 ducados, la segunda el doble y la tercera cuatro años de presidio".

En Abril de 1793, el Obispo de Jaca manda a sus parroquias una extensa misiva persuadiendo a sus feligreses de los peligros que conlleva la revolución francesa. Entresacamos algunos párrafos:

"Nos Don Joseph Antonio López Gil, por la gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica Obispo de Jaca. A todos...

Apenas extendimos nuestra vista sobre las reboluciones y funestos acaezimientos de la Francia, se nos presentó un objeto de tanta compasión y lástima que hizo extremecer nuestro corazón, pensábamos penetrados del mayor dolor y pena en la sangre que podría deramarse de aquellos y amados fieles nuestros que sirben de frontera a aquel Reyno desgraciado, temíamos y no sin grande fundamento el peligro de perversión a que se hallavan expuestos si se dejaban seducir de sus perniciosas opiniones y falsas filosofías... que causan una impresión la mas fuerte y dolorosa en el ánimo de un Pastor que tan tiernamente ama a sus obejas..., pero gracias a Dios que nuestro Augusto Soberano Catolico Monarca Don Carlos quarto piensa seriamente en atajar los procesos de nuestros enemigos declarados los franceses, y poner una barrera a su orgullo descomunal y pernicioso.

Para este efecto se ha declarado por S.M. una Guerra tan necesaria como justa y se dispone una Expedición General... (que los párrocos) muevan los ánimos de los feligreses y procuren con exortaciones y palabras las mas vibas y penetrantes inspirar sus corazones aquel espíritu, aquel ardor y aquel generoso atractivo que arrastra a la multitud a concurrir o contribuir a una guerra de cuyo feliz éxito pende la seguridad de la Patria, el honor de la Nación y el bien de la Religión...

Unos derraman su sangre en los combates, otros riegan nuestras campiñas con sus sudores, siendo no menos necesarios los que levantando las manos al cielo piden por nuestra común prosperidad y llorando sobre nuestros pecados...

Y vuestro obispo encarecidamente os encomienda y encarga que salgáis generosa y voluntariamente a una expedición, y que os llameis unos a otros... y peleis seguros de vencimiento.., contra unos enemigos de un odio implacable... que quieren contagiar el universo introduciendo el veneno y sistema pernicioso el mas exacrable e inaudito de la igualdad entre los hombres".

Termina la carta el Obispo recordando a los curas que mientras dure la expedición hagan rogativas públicas en las iglesias.

Que la guerra sostenida contra los franceses resultó gravosa lo demuestra el hecho de que en 1795 se requieren las rentas primiciales para sostener la lucha contra la Convención francesa.

Pero la penuria que van a tener que soportar nuestros pequeños pueblos se verá incrementada con la próxima Guerra de Independencia que dejará maltrecha una economía ya de por sí deficitaria y de subsistencia. Y es que además los vecinos tendrán que seguir haciendo frente a las obligaciones con respecto al Estado y la Yglesia. En una Visita de 1815 se dice: "En la Yglesia del Puente que se halla despojada enteramente de ornamentos y vasos sagrados a causa de dos robos executados sacrílegamente por las tropas enemigas, mandamos se execute el cobro de la cantidad que devan sus vecinos...". Evidentemente, la situación española se distanciaba cada vez más de los nuevos tiempos e iba a seguir sumida en el atraso y oscurantismo del Antiguo Régimen, y más si sabe con la llegada de Fernando VII.