El arna aragonesa

UNA APICULTURA MULTIMILENARIA EN ESPAÑA.

Traducción de Merche López y José Manuel Ara

La práctica de la colmena horizontal necesita de algunas disposiciones particulares, pero en conjunto el utillaje difiere poco del de un apicultor que opera verticalmente.

Por el contrario, la longitud del tubo y la incertidumbre del avance del trabajo de las abejas reduce al arnero prudente a no practicar más que una recogida al año, en otoño.

Accesorios.

En casi todos los arnales, sean rupestres o construidos, se encuentra en el volumen situado detrás de las colmenas un pasillo de circulación que sirve, como ya se ha dicho, para la extracción de la miel por el piello de atrás. Los apicultores lo utilizan también para guardar el pequeño material que les es necesario habitualmente en el ejercicio de su tarea.

Más que un inventario exhaustivo de todos los objetos heteróclitos que se encuentran allí, señalamos tipos de accesorios que se repiten más o menos sistemáticamente en todas partes:

  •  El ahumador.
  •  El cortador.
  •  El cubo de mortero.
  •  La escobilla de untar.
  •  Las vasijas.
  •  Los piellos de reserva.

El ahumador está siempre constituido por una pequeña sartén de hierro que presenta una cola particularmente larga: 36/38 cm. con relación a un diámetro medio del recipiente que varía de 16 a 20 cm.

El ahumador está guardado en una viga elevada o en una cavidad de la roca.

Se utiliza para hacer arder una mezcla de revestimiento de excremento de vaca. El pequeño diámetro de la sartén permite introducirle en el interior del arna.

El cortador es una herramienta cortante, curvada o no que es utilizada por el apicultor para recoger los paneles, despegándolos de la pared interior del cilindro.

La reserva de revestimiento.

Que nosotros sepamos, la mayoría de las colmenas eran y son preparadas todavía en el pueblo, incluida la capa de revestimiento.

No son transportadas a los lugares de explotación más que debidamente cubiertas y secadas.

A pesar de todo, para la mayoría de las colmenas rupestres situadas lejos del entorno, podía ser más fácil llevar los materiales al lugar, sobre todo el revestimiento.

El arnero que explotaba la fajana salvaje de Barfaluy acudía allí con un borriquillo cargado a la ida con la reserva de excremento de vaca, y a la vuelta con la recolección, miel y cera.

En todos los casos, la extracción del piello trasero necesita en el momento de volverlo a poner en su sitio, de la reparación del cierre que se hace con el mismo revestimiento.

El mantenimiento corriente del arna, sobre todo antes del periodo de invierno, exige igualmente retoques de estanqueidad que se hacen con la misma materia prima.

No hay nada extraño en que se encuentre prácticamente por todas partes pequeños cubos metálicos, viejos bidones recuperados, y que contienen la reserva de excremento preparado para ser diluido antes de uso.

La escobilla de untar.

De manera menos sistemática que el ahumador o el cubo de excremento, se encuentra bastante a menudo una pequeña escobilla o sus vestigios.

Por haber visto operar a un apicultor en Santa María de Lanuez, sabemos que este instrumento sirve para extender regularmente el revestimiento.

En el exterior, el mango se ha dejado de longitud normal, más bien corta. En el interior, esta ligado a una alargadera que permite uniformizar la capa interna.

Las vasijas.

Evidentemente, se necesita agua en el arnal.

Hace falta para apagar la sed del arnero, y la temperatura que reina en los lugares abrigados en los que se encuentran la mayor parte de las colmenas justifica un suministro de bebida.

Hace falta sobre todo para diluir el revestimiento.

Con algunas raras excepciones, no hay agua corriente en la proximidad de las colmenas. Las filtraciones que nutren los puntos de agua, suficientes para las abejas, no permiten sacar bastante líquido para llenar un gran recipiente.

La costumbre era llevar el agua en un cántaro. Hemos encontrado fragmentos de arcilla en varios arnales (Barfaluy, Tito, Lecina 9). Cada vez son trozos de un tipo de botijo de barro cocido que sigue usándose en la región pero que revela una tradición muy antigua en el Norte de Aragón.

El único sitio en el que hayamos visto vasijas utilizadas para contener la reserva de revestimiento, es una cueva de la fajana de Barfaluy. Este abrigo, abandonado hace mucho tiempo, había debido contener dos o tres arnas de las que no quedaban más que las piedras de apoyo.

Los Piellos en reserva.

El paso trasero de cada arnal es utilizado como un cuarto trastero para el apicultor. Encontramos allí algunas colmenas en reserva y sobre todo piellos, los opérculos cambiados de destino que provienen de colmenas antiguas, destruidas o abandonadas.

En algunos sitios, estos piellos están amontonados en pilas de diez a veinte. Algunos llevan rayas que podrían ser marcas de identificación voluntarias.

En la medida en que estos discos de piedra son recuperados en colmenas cilíndricas concebidas según un diámetro casi standard, es interesante estudiarlos de cerca, pues su origen y su tamaño puede ser mucho más antiguo que las colmenas en sí, que son de un material evidentemente perecedero. Por esta razón, los piellos deben ser objeto de un examen minucioso.

El ciclo de explotación.

En los colmenares de pueblos, como en los colmenares rupestres, los paneles hibernan bajo la protección del revestimiento universal, así como al abrigo de las capas de ramajes echadas por encima de las filas de colmenas por el apicultor precavido. Siempre orientado al Sur, el colmenar, el arnal, almacena el calor del sol durante el día y permite a las abejas resistir a las mayores bajadas de las temperaturas. Según opinión unánime de los arneros, que experimentan colmenas antiguas y modernas, el arna ofrece a las abejas una mejor protección térmica.

A partir del mes de Marzo, la colmena se despierta, las abejas liban las flores de los primeros arbustos en floración, particularmente de los almendros y romeros que abundan en la región.

A partir de finales de Abril y primeros días de Mayo, el arnero constata la habitual agitación que anuncia la enjambrazón.

Vigila los primeros preparativos y coloca cerca las colmenas que ha preparado previamente y ha untado cuidadosamente con una pomada o un licor atractivo.

En cuanto el nuevo enjambre ha tomado posesión de su nueva morada, atraído por la trampa olorosa, el arnero lo deja generalmente en el mismo sitio durante la estación, y lo protege con hojas. Lo volverá a poner en el arnal para la hibernación.

En la zona estudiada, nos han informado que de manera corriente cada colmena antigua con buena salud era capaz de producir 3 ó 4 enjambres nuevos, pero la regla general sigue siendo 1 ó 2 enjambres.

En la colmena vacía, el joven enjambre empieza la construcción de los panales como en cualquier colmena vacía. Las obreras suspenden de la bóveda el inicio del primer panal de cera, exactamente como lo explica Masterlink: "la mayor parte de las abejas, como un ejército que obedecería a una orden precisa, se pone a trepar en columnas espesas... Llegadas a la cúpula, las primeras que la alcanzan se agarran con las uñas de sus patas anteriores... Poco a poco estas cadenas, multiplicándose, reforzándose y enlazándose hasta el infinito, se convierten en guirnaldas que, bajo la ascensión innumerable e ininterrumpida, se transforman a su vez en una cortina espesa y triangular, o más bien en una especie de cono compacto e invertido cuya punta se agarra a la cima de la cúpula y cuya base desciende ensanchándose hacia la mitad o los dos tercios de la colmena".

En realidad, Maeterlink escribía pensando en colmenas verticales y su descripción peca un poco bajo este punto de vista. Hace 2.000 años, Plinio el Viejo precisaba "Struunt orsae a concameratione alvei", (empiezan sus construcciones por la bóveda de la colmena), lo que es más exacto.

Los primeros panales construidos se edifican cerca del piello delantero. Allí todavía el esquema está conforme con las descripciones de los antiguos: Aristóteles escribe en La Historia de los Animales: "Los alvéolos que ocupan las dos o tres primeras filas son poco profundos y no contienen miel" (Libro IX, 4 a 10). Plinio es más preciso: "Dejan vacías las tres primeras filas más o menos para no exponerlas a la vista, lo que podría tentar a los ladrones".

Las últimas filas son las más llenas de miel.

Es exactamente lo que observamos en las arnas, poco más o menos, que los primeros panales, los que están situados cerca del piello, están destinados a los huevos puestos por la joven reina; son los panales de incubación.

Muy a menudo están edificados en el sentido longitudinal del cilindro, o al menos de forma bastante anárquica.

Los panales destinados al stockage de la miel están edificados más atrás en la colmena. Están edificados generalmente en discos perpendiculares al eje de la colmena. Son verdaderas tortas de cera y miel.

A partir del mes de Abril y sobre todo de Mayo, la riqueza de la flora, tomillo, romero, enebros, proporciona a las libadoras una abundancia de trabajo. Los panales de miel se llenan muy deprisa.

Se encuentra siempre cerca del arnal una pequeña cubeta de agua que se renueva naturalmente, bien por el correo de la roca, bien por infiltración. El arnero precavido dispone, cada vez que lo necesita, de algunos ramajes que permiten a la abeja acercarse al agua sin caer en ella. Al mismo tiempo, estas ramas sirven a menudo de abrigo para que el agua no sea expuesta a muy fuertes temperaturas.

Los buenos arneros no practican más que una recogida al año.

Se hace generalmente en el transcurso del mes de Octubre (cuando las abejas se vuelven menos agresivas). La razón de esta recogida tardía está motivada por el hecho de que siendo irregular el reparto de la incubación, cualquier extracción prematura traía consigo una pérdida perjudicial de los efectivos de la colonia.

El arnero ahuma la colmena haciendo quemar excremento de vaca seco en una pequeña sartén metálica de largo mango, el ahumador, en la que sopla para hacer dispersar el humo.

Evidentemente, la operación de extracción se practica por el orificio trasero, después de que el apicultor haya despegado y quitado el piello. Cuando las abejas están convenientemente ahumadas, recorta los panales circulares parándose aproximadamente, según las prácticas, en la mitad de la longitud del arna para dejar a la colonia bastante reserva para pasar el invierno.

Hay que considerar que el arnero trabaja generalmente solo, sobre todo en el arnal rupestre. Está rodeado de humo, activa su brasa incandescente y al mismo tiempo bucea con su cuchillo enmangado para recortar un disco que él no ve prácticamente, y que se encuentra, para los mas lejanos, a 60 u 80 cms. del orificio por el cual trabaja.

Terminada la operación, el piello se vuelve a poner en su sitio y se pega de nuevo.

FOTO 1: A principios de Mayo, Antonio prepara sus colmenas nuevas, recubriéndolas de una capa de "revestimiento universal".

FOTO 2: En un arnal abandonado, queda la estufa de ahumar y el pozal de revestimiento.

FOTO 3: Cortadores: utilizados por el apicultor para la recolecta de los surcos. La escala es dada por el tape de la cámara que mide 10 cm.

FOTO 4: Las abejas construyen de una manera algo anárquica los surcos más cercanos a la entrada. Los surcos con miel están generalmente en la parte trasera, construidos en discos colgados de la bóveda circular.