La pastorada de Yebra

La pastorada, o diálogo entre mayoral y rabadán, constituye una de las partes que definen al dance en Aragón según Don Antonio Beltrán Martínez.

El Siglo XVII marcaría el inicio de la convergencia de esta manifestación hacia los otros elementos componentes del dance, en interrelación con la eclosión religiosa de dicha centuria.

Del dance de Yebra solo pervive el baile y la música. Afortunadamente esta investigación ha recuperado del olvido a su pastorada; sin embargo, solo su reinterpretación por los danzantes de Yebra en la romería a Santa Orosia el 25 de Junio colmaría el proceso de rescate.

A mediados de los años cincuenta, paralelamente al inicio del éxodo de la montaña y de la depreciación de la cultura tradicional, dejó de realizarse la pastorada -los dichos- del dance de Yebra. Su estudio ha sido posible gracias a los pliegos, que diseminados entre las casas de dicha localidad  En la tesis de licenciatura sólo se obtuvo una lejana referencia de dicha pastorada. La progresiva familiarización con las gentes de Yebra hizo posible el rescate de estos documentos que estaban en pésimo estado de conservación, además de muy diseminados por el pueblo. En total se recogió alrededor de un centenar de pliegos, muchas veces troceados; estaban comprendidos entre 1814 y 1955. Las casas que mayor documentación aportaron, fueron: Casa Albeita y Casa Allué., contentan desde comienzos del s. XIX los fragmentos que cada danzante, y especialmente el mayoral y el rabadán, debían de recitar.

Se efectuaba el día de la romería junto al santuario, y al día siguiente -o fiesta de los mozos- en la plaza del pueblo; realizándose en ambas ocasiones tras los brindis.

Su temática aunque desenfadada, y en ocasiones atrevida, nunca perdía la referencia del culto a la santa, conjugándose aparatosamente lo laico con lo profano, y constituyendo por si misma un extraordinario índice cultural y sociológico de la mentalidad popular de los siglos XIX y XX.

Desde su constitución -cabe pensar que en el s. XVIII- su estructura permanecía año tras año, viéndose matizada tan sólo con la actualidad del momento: Guerra napoleónica, éxodo del s. XX, etc.

Las influencias de las pastoradas de Tierra Baja son más que evidentes, especialmente las tomadas en localidades del eje trashumante central.

Estructura y descripción de sus partes

Como una manifestación más de la tendencia de la mentalidad montañesa a fosilizar lo establecido, desde comienzos del s. XIX hasta su desaparición a mediados del XX, la pastorada mantuvo una estructura idéntica, que pretendía equilibrar: los diálogos entre el mayoral y el rabadán, con la participación del resto de danzantes; el respeto a las autoridades, público y orden establecido, con lo satírico y el tono carnavalesco; la vida, martirio y virtudes de la santa, con lo profano y las historias jocosas de la vida ordinaria. Dinámica que siempre era mantenida bajo el esquema jerárquico pastoril "amo-sirviente", en el que el resto de los danzantes representaban a las ovejas "Si quieres mudar de oficio,/que aunque pastor no lo mesmo/ ben y ajustate conmigo/ que tengo un ganado bello" (1824)..

Salutación

Realizada por el mayoral, en ella se dirige al público y autoridades rogando atención y silencio, al tiempo que se disculpa ante la santa por sus limitaciones intelectuales para dirigirse hacia ella: "Y ver que mi torpe lengua/no tiene bastante esfuerzo/ para poder dar salida/ a lo que piden mis afeutos" (1844).

En general, el tono con que se dirige el mayoral hacia el público es muy respetuoso, aunque no faltan ocasiones en que comienza su alocución de forma provocativa.

Este apartado también era utilizado para manifestar la verdadera intención de la pastorada -el honrar a la santa-: "Para eso he dispuesto un danze/ donde en la Plaza y el Templo, en todo sea alabada, esta esposa del Dios mío" (1824).

Diálogo entre el rabadán y el mayoral

La pastorada continuaba con un diálogo mordiente entre estos dos personajes en el que el mayoral solía esgrimir la ingratitud de su sirviente, al que sacó de la pobreza esperando una mínima correspondencia: "Yo le quité la miseria! le ficie balons bien buenos/ ropilla de cordellat/ y chipon de terciopelo/ os peducos laboriados/ y sus abarcas de cuero/ Mal empleadas abarqueras/ que me coston cinco suldos." Resulta interesante esta descripción de la vestimenta de un pastor a mediados del siglo XIX. Balons: zaragüelles; cordellat: mezcla de estambre y trama tejida en los telares de la zona; chipón: jubón; peducos: calcetines de lana. (1844). También acostumbraba a lamentarse de la vagancia del resto de danzantes: "No saben fer fornigueros/ ni que cosa es charticar/ en cuestión de labrador/ o que vuena traza le dan/ sera hir ha vender o trigo/ que o suegro baya a criar" Es curioso observar como en 1933 todavía la agricultura de la zona no había abandonado las viejas técnicas: los fornigueros eran montones de hierbas y ramas quemadas en los campos para abono, charticar equivalía a abrir nuevos campos en el monte o bosque. (1933).

A la intervención de su amo el rabadán solía responder con el tópico de que aquél le pagaba y se gastaba el dinero con que le debía de pagar el sueldo; así mismo, advertía al resto de danzantes de lo poco que debían confiar en el: "No tos fiez compañeros/ mirar que sos pesara/ que sos alaba delante/ y detras sen rira" (1844).

Este diálogo era acompañado por el ir y venir continuo de la bota de vino, odre al que en el XIX se llamaba pellillo: "Ea pues señor comienzo/ y comienzo por beber/ tambien los santos bebieron/ luego dejare la bota/ mas la bota no la dejo/ y bailare y danzare/ y dare saltos al cielo/ por que a la dibina Orosia/ es tanto lo que la quiero/ que dare por ella el alma/ mis crabas y mis borregos,/ mis carneros mis obejas,/ y hasta la bota que tengo/ Viva la debina Orosia" (1852).

Tras el diálogo el mayoral solía contar pequeñas historias en las que el rabadán había sido supuestamente protagonista, ocurriendo en alguna ocasión al revés. Estas solían agruparse en tres grupos: El de las que por su temática se refleja la autoría de los textos, entre la que no faltan las plumas de estudiantes y clérigos; es el caso de las pastoradas de comienzos del s. XIX que narran las peripecias de un estudiante en la Universidad de Huesca que deja los libros para servir a una marquesa a la que sisaba gran cantidad de comida y bebida, para ser finalmente sorprendido por el cocinero mayor en una audaz treta, o la de la que describe la consternación acontecida en un corral ante la desaparición del gallo; temática en ambos casos de evidente inspiración en la novela picaresca del siglo XVII.

Otro grupo de estas historias lo constituyen las inspiradas en motivos históricos que habían afectado de pleno a la comunidad: la Guerra de la Independencia, la recaudación de impuestos para el rey, o ya en el siglo XX, el problema de las mujeres que detestaban al mundo rural y a sus hombres. La guerra contra el francés dejó una clara huella en el sentir popular, siendo las pastoradas de la segunda década del s. XIX un buen instrumento donde éste se refleja ambivalentemente: si en una el rabadán realiza, "después de tantas tragedias/ con los gabachos perversos", una burla brutal hacia ellos, cargada de xenofobia, al tiempo que hace una descripción con cierto rigor histórico de lo que fue el desarrollo de la lucha en Aragón y en España; en otra de 1814, la sublimación patriótica es cambiada por el antirromántico pragmatismo del rabadán, que junto a tres o cuatro danzantes aprovecha la contienda para disfrazados de soldados recaudar comida y fondos por Tierra Baja: "sacando exos pobres pueblos/ raciones y sin dinero/ dijendo que eran soldados/ de un grande Regimiento/ Defensores da Patria que era su tripa entiendo", viéndose forzados finalmente a refugiarse en Sobrepuerto, donde hacían de acólitos a un cura al que sisaban todo el vino que podían.

El tercer grupo de historias lo constituyen las basadas en vivencias ordinarias, muchas de ellas amorosas; en una de comienzos del siglo XX se narran los desgraciados amores del rabadán mientras hacia de pastor: "El día 16 de mayo que me hallaba yo baquero/ me junté con una chabala/ y me sentó en un tornillero/ y le saltó un abrispero/ y no quedó ni una abrespa/ sin agarrarsele al cuero/ daba brincos, daba votes/" Abrespa: avispa; abrespero: enjambre de avispas., mientras que en 1840 el rabadán sueña y describe a su novia ideal, haciéndolo de forma bruda y grotesca, tal como sucedía en la pastorada de Panticosa (Valle de Tena) en honor a San Roque.