La tejería de Larrés

Imagen de Garcés Romeo, José

En nuestra comarca no han abundado las tejerías, ya que para las cubiertas de los tejados se ha utilizado de siempre la clásica losa de piedra obtenida de los buenos filones del "flysh" pirenaico que afloran por estas latitudes. No obstante, complementando a la losa, se ha utilizado en algunas apocas la típica teja árabe y de tal suerte se tiene constancia de la existencia de las tejerías de Gavín, Biescas y Larrés, e incluso es probable que existiera otra en Caldearenas.

En la zona de Gavín-Yésero, concretamente frente a San Bartolomé de Gavín en la partida denominada "Mongastel", hubo una tejería que estuvo en funcionamiento hasta 1915. Funcionaba de forma intermitente y no siempre bajo manos del país; en los últimos años la explotaron una familia de gallegos, que a cambio de no pagar nada al Ayuntamiento tenían que limpiar y quemar en el horno la maleza del bosque. Para hacer las tejas aprovechaban una veta de arcilla de mediana calidad, disponiendo de un horno simple y una pequeña borda para almacenar la teja y poder vivir.

En Biescas, donde los tejados de teja son todavía visibles, la tejería estuvo situada al sur del parque de Arratiecho, en la zona conocida como "Las Fuevas". Esta tejería es antigua, ya que por lo menos arranca de mediados del siglo XVIII. La teja antigua se distingue por su grosor pronunciado, irregularidad, marca de digitaciones y longitud acusada. Estas peculiaridades la distinguen de la teja impersonal y seriada de la producción moderna de Jaca. La tejería de Biescas debió dejar de producir a mediados del siglo XIX. En Casa Josito de Biescas conservan cuatro tejas curiosas con estas leyendas: "A la mano y pluma de Lorenzo Gavín. 1740 ano", "Quatro mozos ay en Biescas que no valen cuatro cuartos que son Zapatero Nico y Altimaño y Negrín. Lo firma Coño", "Juan es un pícaro", otra lleva fecha de 1840.

En las líneas que siguen nos vamos a centrar en la tejería de Larrés.

En la Semana Santa de 1988, en una de las tantas "idas y venidas" a Larrés con Julio Gavín, entablamos conversación con Don Mariano Bara, de 81 años y de Casa Sanvicente. El nos habló de que en su casa tuvieron una tejería, y que él mismo la llego a conocer de muy crío. A tal punto llego la amabilidad que nos acompañó hasta el lugar exacto donde se encontraba la tejería en cuestión, e incluso entregó a Julio Gavín dos moldes de madera para hacer las tejas que todavía conservaba, además de varias tejas, que actualmente se exponen en la Sección de Arquitectura popular del Museo de Larrés.

La tejería de Casa Sanvicente estaba situada a unos dos kilómetros al oeste del pueblo, muy cerca de la actual planta reguladora del gas. La edificación esta en ruinas pero todavía se aprecia con cierta nitidez en la parte sur la entrada abovedada y la embocadura del horno, así como innumerables cascotes de tejas diseminados por los alrededores.

Don Mariano Bara recuerda que la tejería la trabajaban dos o tres familias alicantinas que venían todos los años en mayo y permanecían hasta que llegaba el mal tiempo (Noviembre normalmente), viviendo, o malviviendo, en una caseta adjunta a la propia tejería. Lo que no recuerda es cual era su remuneración, aunque asevera que venían exclusivamente a ganar dinero, pero reconociendo sus penurias. El periodo de tiempo en el que faltaban estas familias, la tejería permanecía cerrada. Esta tejería dejó de funcionar hacia 1912.

La arcilla o buro la obtenían de un campo próximo llamado Santa María; la primera capa de tierra, un aproximadamente, no se aprovechaba, y a partir de ahí, con picos se sacaba la tierra necesaria.

La primera operación consistía en amasar bien la arcilla, luego se ponía en los moldes a secar al sol. Posteriormente, las piezas se introducían en el horno, permaneciendo en cocción cuatro o cinco días. En cada hornada se ponían de cuatro a cinco mil tejas y la leña utilizada era mayormente boj y aliaga, es decir, leña menuda para hacer llama; esta leña la proporcionaba la propia Casa Sanvicente que previamente ya había tenido a gente de los pueblos de alrededor o de Larrés haciendo leña por poco dinero.

Aparte de tejas, también hacían ladrillos y matracos (ladrillo más grueso). Se hacían dos clases de tejas, cuya diferencia estribaba en el grosor. Las diferencias de color de unas a otras es el resultado de una mayor o menor cocción.

Las herramientas que se utilizaban en este trabajo son pocas y de gran simpleza. Para la extracción de la arcilla las picas, jadas, palas, etc. Para darle forma a la teja y moldearla se utilizaban un marco de teja, un radedor y un galápago, asnillo o corveta (Vid, dibujo adjunto). Esta última pieza solía ser de madera de chopo, haya o castaño. Aparte de estos utensilios, las propias manos ayudaban a moldear la forma de las tejas como lo demuestra las digitaciones que han quedado marcadas en las mismas. Las tejas de Larrés tienen una medida de 54 cm. de largo y unos 2 cm. de grosor.

La producción se dirigía a los pueblos del contorno, incluso llegando a Biescas y hasta el Balneario de Panticosa. Un solterón de Casa Sanvicente, Ramón Bara, tío de nuestro informante, y que había estado en América probando fortuna, era el que transportaba las tejas a los lugares de destino con un carro y caballerías de la propia casa.