Serrablo meridional

Imagen de Garcés Romeo, José
Esta zona, la más extensa de la comarca serrablesa, podemos subdividirla en dos partes: el Gállego aguas abajo de Sabiñánigo, por una parte, y La Guarguera, por otra. Aquí los paisajes se hacen más mediterráneos, el ocre gana terreno al verde y los matorrales y plantas aromáticas abundan más que el arbolado. Sin embargo, es una zona con un encanto especial. Tras dejar Sabiñánigo, por la carretera general en dirección a Huesca, enseguida encontramos un desvío a la derecha que nos conduce a Rapún, pueblo adosado a un gran estrato rocoso vertical (ralla en el habla de la zona), que tiene una bonita iglesia románica. Retomada de nuevo la carretera pronto observamos a nuestra derecha la antigua pardina de Puente Fanlo, en estado ruinoso, con su puente medieval restaurado. Llegamos a Hostal de Ipiés, lugar desde el que puede accederse a Ipiés y Arto; en las inmediaciones del primero quedan restos de la pardina de Fanlo, lugar probable des asentamiento del viejo monasterio medieval de San Andrés de Fanlo, y en el segundo podemos visitar su iglesia. Siguiendo el curso del Gállego pasamos por Orna, con notable iglesia románico-lombarda, Latrás, Latre, también con iglesia románica, hasta llegar a Javierrelatre. En esta población merece la pena detenerse sin prisas para recorrer su caserío y visitar su sobresaliente iglesia, parte románica y parte barroca, el museo de arte sacro y el dedicado al pintor Leoncio Mairal. En las proximidades, ya en dirección hacia La Peña, quedan las ruinas de la iglesia románica de Medianeta. Unos kilómetros adelante concluye nuestra ruta por el Gállego en Anzánigo en que destaca su magnífico puente medieval; antes hemos dejado a nuestra izquierda la ermita de la Virgen de Izarbe. Regresando hacia Caldearenas, una vez dejado atrás Javierrelatre, queda el pueblo de Sieso, en estado ruinoso. Es Caldearenas donde reside el Ayuntamiento de toda esta zona que estamos recorriendo. Aquí merece una visita su harinera “La Dolores” y si se tiene ánimos de dar un agradable paseo podemos adentrarnos por un sendero convenientemente marcado. Después, nos quedan por recorrer los pequeños pueblos del valle del río Matriz, un valle asentado al amparo de la sierra de Monrepós. Perderse por Aquilué, San Vicente y Serué es todo un gozo para nuestros sentidos. Por supuesto, visita obligada en el entorno es la ermita de la Virgen de los Ríos. De vuelta al Hostal de Ipiés y enseguida de dejar Lanave a nuestra izquierda, nos dirigimos al valle del Guarga tomando el desvío que indica dirección Boltaña, justo antes de comenzar el ascenso al puerto de Monrepós. Es esta una zona prácticamente deshabitada salvo los casos concretos de pueblos como Ordovés, Cerésola, Aineto, Molino Villobas,... o los habitados parcialmente como Belarra, Gésera, Molino Escartín, Laguarta,... De cualquier forma adentrarse por este valle es recomendable para aquellos amantes de lugares tranquilos y silenciosos, donde los únicos sonidos que se perciben son los provocados por el piar de los pájaros y el transcurrir de sus arroyos. No está de más acercarse a ver la pequeña y coqueta iglesia mozárabe de Ordovés, así como las románicas de Arruaba y Cerésola. En Gésera es notorio el conjunto formado por su iglesia y casa Tejedor. En Laguarta, cabecera del valle, nos sorprenderá la magnífica casa-palacio de los Villacampa. Por último, y para los que no quieran perderse ningún rincón de la comarca sin recorrer nos queda por señalar el territorio más meridional, La Sierra. Para llegar hasta estas latitudes es conveniente disponer de todoterreno. El camino parte desde la carretera de La Guarguera a la altura del desvío hacia el pueblo de Lasaosa. Tras unos cinco o seis kilómetros llegamos a un valle encantador al abrigo de la cara norte de la Sierra de Guara. El dolmen de Ibirque, el monasterio de San Úrbez de Serrablo y los pueblos de Nocito y Bara son lugares de visita obligada.